Hay muchas formas de definir la sostenibilidad. La definición más simple es: Una sociedad sostenible es aquella que puede persistir a través de generaciones, que es capaz de mirar hacia el futuro con la suficiente flexibilidad y sabiduría como para no minar su sistema físico o social de apoyo.
La Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo concretó esa definición con palabras memorables: una sociedad sostenible es aquella que “atiende las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para hacerse cargo de sus propias necesidades”.
Desde un punto de vista de sistemas, una sociedad sostenible es aquella que tiene en marcha mecanismos de información, sociales e institucionales, para mantener bajo control los bucles de retroalimentación positivos que generan el crecimiento exponencial de la población y el capital.
Eso quiere decir que las tasas de natalidad igualen a grandes rasgos las de mortandad, que las inversiones de capital reemplacen con equidad su desgaste, a menos o hasta que los cambios técnicos y las decisiones sociales justifiquen un cambio debatido y controlado en los niveles de población o capital.
Para que sea socialmente sostenible, la combinación de población, capital y tecnología en la sociedad debe ser configurada de forma tal que el nivel material de vida sea adecuado y seguro para cada uno. Para que sea físicamente sostenible, los insumos globales materiales y energéticos de una sociedad deben cumplir con las tres condiciones puestas por el economista Herman Daly:
.- Que sus tasas de utilización de recursos no excedan sus tasas de regeneración.
.- Que sus tasas de utilización de recursos renovables no excedan la tasa a la cual los sustitutos renovables se desarrollen.
.- Que sus tasas de emisión de agentes contaminantes no excedan la capacidad de asimilación del medio ambiente.
Cualquiera que sea la fisonomía detallada de dicha sociedad, difícilmente podría ser demasiado diferente de aquella en la que vivimos actualmente. La imaginación colectiva de la humanidad está fuertemente impresionada por su reciente experiencia de pobreza de un lado o de rápido crecimiento material del otro, y de los esfuerzos obstinados en mantener ese crecimiento a cualquier coste.
Por lo tanto, muchos modelos mentales están demasiado imbuídos de la noción de crecimiento como para permitir imaginar una sociedad sostenible. Antes de proceder a desarrollar qué podría ser la sostenibilidad, podemos definir aquello que no debe ser.
La sostenibilidad no supone ausencia de crecimiento. Una sociedad fijada al crecimiento perpetuo tiende a escuchar cualquier crítica al crecimiento como una negación total. Pero tal como señaló Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, esa reacción simplemente sustituye una simplificación extrema por otra:
Todos aquellos que han colaborado en hacer tambalear el mito del crecimiento…. fueron ridiculizados y ajusticiados en la horca, metafóricamente hablando, arrastrados y descuartizados por los leales defensores de la vaca sagrada del crecimiento.
Algunos de ellos….acusan al informe (Los límites del crecimiento)…de defender el CRECIMIENTO CERO. Claramente, dicha gente no ha comprendido nada, ni sobre el Club de Roma ni sobre el crecimiento.
La noción del crecimiento cero es tan primitiva -como, a tal efecto, lo es la del crecimiento infinito- y tan imprecisa, que es un sinsentido conceptual hablar de ella dentro de una sociedad viva, dinámica.
Una sociedad sostenible estaría interesada en el desarrollo cualitativo, no en la expansión física. Utilizaría el crecimiento material como una herramienta considerada, y no como un mandato perpetuo. No estaría ni a favor ni en contra del crecimiento, más bien comenzaría a discriminar entre distintos tipos de crecimiento y objetivos de crecimiento.
Antes de que esta sociedad optara por cualquier propuesta específica de crecimiento, se preguntaría para qué es ese crecimiento, quién se beneficiaría con él, cuánto costaría, cuánto duraría, si podría ser encajado por las fuentes y sumideros del planeta.
Una sociedad sostenible aplicaría sus adquisiciones y su mejor conocimiento de los límites de la tierra para elegir solamente el tipo de crecimiento que sirviera en realidad a los objetivos sociales, reforzando la sostenibilidad. Y cuando cualquier crecimiento físico hubiera cumplido con sus objetivos, sería detenido.
Una sociedad sostenible no congelaría eternamente las actuales fórmulas de desigualdad en la distribución. Con certeza, no permitiría la perduración de la pobreza. Mantenerla no sería sostenible por dos razones.
En primer lugar, los pobres no lo soportarían, ni tendrían por qué soportarlo. En segundo lugar, mantener a parte de la población en la pobreza no podría, a menos que fuera bajo coerción, permitir que se estabilice la población.
Tanto por razones morales como prácticas, cualquier sociedad sostenible debe aportar seguridad y suficiencia material para todos. Para alcanzar la sostenibilidad desde este punto, el restante posible crecimiento material -cualquiera que sea la amplitud disponible para una mayor utilización de recursos y emisiones contaminantes, además de cualquier nuevo margen que sea añadido por mayor eficacia y moderación en el estilo de vida de los ricos -será lógicamente asignado a aquellos que más lo necesitan.
Un estado sostenible no sería la sociedad de desaliento y estancamiento, alto desempleo, crisis y bancarrota que sufren los actuales sistemas de mercado cuando su crecimiento se interrumpe.
La diferencia entre una sociedad sostenible y la recesión económica tal cual la conocemos actualmente es como la diferencia entre detener el automóvil adrede con los frenos a parar chocando contra una pared de ladrillos.
Voy a completar el artículo con la Introducción del libro que ha dado el artículo que acabo de ofreceros, (MÁS ALLÁ DEL LÍMITE DEL CRECIMIENTO), que en 1991 nos hacía una clara advertencia. Han pasado diecisiete años desde entonces y parece que ya no queda tiempo para la duda.
UN ORDENADOR MIRA AL FUTURO Y TIEMBLA
UN ESTUDIO VISLUMBRA EL DESASTRE PARA EL AÑO 2100
LOS CIENTÍFICOS ADVIERTEN SOBRE LA CATÁSTROFE GLOBAL.
Nuestro libro fue debatido por los parlamentos y sociedades científicas. UNA IMPORTANTE compañía petrolera auspició una serie de anuncios publicitarios en los que se nos criticaba; otra estableció un premio anual para los mejores estudios que ampliaban su horizonte.
LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO despertó opiniones altamente favorables, y una lluvia de ataques desde la izquierda, la derecha y el sector medio de las grandes corrientes económicas.
El trabajo fue interpretado por muchos como la predicción del juicio final, pero no era una predicción en ninguno de los sentidos. No trataba acerca de un futuro prefigurado. Versaba sobre una elección. Contenía una advertencia, sin duda, pero también un mensaje promisorio.

¿Explotará?¿Se agotará?
Aquí están las tres conclusiones resumidas que escribimos en 1972. La segunda de ellas es la promesa, una muy optimista, pero nuestros análisis la justificaban entonces y la siguen justificando ahora. Quizá debimos haberla puesto en primer lugar.
1.- Si las actuales tendencias de crecimiento en la población mundial, industrialización, contaminación, producción de alimentos, y explotación de recursos continúa sin modificaciones, los límites del crecimiento en nuestro planeta se alcanzarán en algún momento dentro de los próximos cien años. El resultado más probable será una declinación súbita e incontrolable tanto de la población como de la capacidad industrial.
2.- Es posible alterar estas tendencias de crecimiento y establecer unas condiciones de estabilidad econòmica y ecológica capaces de ser sostenidas en el futuro. El estado del equilibrio global puede ser diseñado de tal forma que las necesidades materiales básicas de cada persona sobre la tierra sean satisfechas y que cada persona, mujer u hombre, tenga igualdad de oportunidades para realizar su potencial humano individual.
3.- Si la población del mundo decidiera encaminarse en este segundo sentido y no en el primero, cuanto antes inicie esfuerzos para lograrlo, mayores serán sus posibilidades de éxito.
Para nosotros esas conclusiones no suponían el advenimiento de la catástrofe, sino que constituían un reto: cómo lograr hacer una sociedad materialmente suficiente, socialmente equitativa y ecológicamente perdurable, más satisfactoria en términos humanos que la sociedad de nuestros días obsesionada por el crecimiento.
En 1971 llegamos a la conclulsión de que los límites físicos al uso humano de materiales y energías distaban aún varias décadas. En 1991, cuando revisamos los datos, el modelo de ordenador y nuestra propia experiencia del mundo, nos dimos cuenta de que, a pesar de las mejoras tecnológicas mundiales, una mayor consciencia y políticas medioambientales más firmes, muchos flujos de recursos y de contaminación habían traspasado los límites sostenibles.
La conclusión fue una sorpresa para nosotros, y sin embargo no exactamente una sorpresa. En cierto sentido lo habíamos sabido durante todo el tiempo. Habíamos visto con nuestros propios ojos la desforestación, las torrenteras en las tierras de cultivo, los ríos marrones por los vertidos.
Conocíamos la química de la capa de ozono y el efecto invernadero. Los medios habían hecho la crónica estadística de las reservas pesqueras. Descubrimos, cuando comenzamos a conversar con nuestros colegas acerca de que el mundo había “sobrepasado los límites”, que no cuestionaban dicha conclusión
Encontramos muchas referencias en la literatura de los últimos veinte años en las que los autores sugerían que los flujos de recursos y de contaminación habían ido ya demasiado lejos.
Pero hasta que no comenzamos a actualizar Los límites del crecimiento, no dejamos que nuestras mentes se empaparan plenamente del mensaje. El mundo humano ha sobrepasado sus límites.
La forma actual de hacer las cosas es insostenible. El futuro, para tener algún viso de viabilidad, debe empeñarse en retroceder, desacelerar, sanar. No se puede poner fin a la pobreza por el desarrollo material indefinido; debe hacérsele frente mientras la economía material humana se contrae.
Como en el caso de cualquier otra persona, no deseábamos llegar a estas conclusiones. Pero cuantos más datos compilábamos, más nítido y fuerte era el mensaje en ese sentido.
Hasta donde podemos alcanzar de los datos globales, y de todo lo que hemos aprendido en los últimos veinte años, (1971-1991), las tres conclusiones que delineamos en Los límites del crecimiento siguen siendo válidas, pero se deben reforzar. Ahora las hemos dejado establecidas como sigue:
1.- La utilización humana de muchos recursos esenciales y la generación de muchos tipos de contaminantes han sobrepasado ya las tasas que son físicamente sostenibles.
Sin reducciones significativas en los flujos materiales y energía, habrá en las décadas venideras una incontrolada disminución per cápita de la producción de alimentos, el uso energético y la producción industrial.

Producción de alimentos
2.- Esta disminución no es inevitable. Para evitarla son necesarios dos cambios. El primero es una revisión global de las políticas y prácticas que perpetúan el crecimiento del consumo material y de la población.
El segundo es un incremento rápido y drástico de la eficiencia con la cual se utilizan los materiales y las energías.
3.- Una sociedad sostenible es aún técnica y económicamente posible. Podría ser mucho más deseable que una sociedad que intenta resolver sus problemas por la constante expansión. La transición hacia una sociedad sostenible requiere un cuidadoso equilibrio entre objetivos a largo y corto plazo, y un énfasis mayor en la suficiencia, equidad y calidad de vida, que en la cantidad de la producción.
Exige más que la productividad y más que la tecnología; requiere también madurez, compasión y sabiduría.

FUENTE: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO.














Pido disculpas a los lectores por la “desaparición” de algunas de las fotos que acompañaban al texto, ya que, pese a las revisiones periódicas para corregir esto, no logro mantener el contenido íntegro de los artículos. Unas veces son las fotos y otras los vídeos. La cuestión es que mantener intactos más de cuatrocientos artículos es una tarea que, pese a mis esfuerzos, me sobrepasa.
excelente razonamiento social, me sumo a ese pensamiento por la sociedad sostenible.
Y una última metáfora:
Nos hallamos en un barco que, a 25 nudos por hora, se dirige hacia un acantilado. ¿Es una respuesta adecuada la que preconiza reducir la velocidad en una décima parte sin modificar en modo alguno el rumbo? ¿Nos servirá de algo, sin asumir ningún cambio en ese rumbo, chocar un poco más tarde con el acantilado? (Michel Serres). El mismo razonamiento lo expresa Latouche cuando señala que, si hemos tomado un tren equivocado, no basta con pedirle al conductor que reduzca la velocidad; habrá que bajar del tren y montar en otro diferente. O, por decirlo de una última manera: si estamos encerrados en una habitación en la que por fuerza el aire acabará por faltar, ¿nos salvaremos reduciendo el ritmo de nuestra respiración, en vez de procurar directamente una salida?
(EN DEFENSA DEL DECRECIMIENTO Sobre Capitalismo, Crisis y Barbarie, CARLOS TAIBO)
Metáforas para retratar un problema que está en el núcleo del proyecto que reclama un activo decrecimiento:
Parece evidente que si un individuo o una colectividad extraen de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplean, ello conducirá inevitablemente a la quiebra. Por eso resulta sorprendente que no se eche mano del mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales del planeta, acumulados en el transcurso de millones de años y dilapidados en unos pocos decenios.
Si llegamos a casa y comprobamos que el cuarto del baño está inundado, lo primero que haremos, por lògica, es cerrar el grifo. No parecería razonable, en cambio, que -como nos lo recuerda Miklos Persanyi, otrora ministro húngaro del Medio Ambiente- nuestra respuesta consistiese en colocar toallas en el suelo. Y, sin embargo, de nuevo, lo que estamos haciendo con la naturaleza se ajusta mucho más a un estéril despliegue de toallas, toda vez que, hablando en propiedad, no nos hemos tomado la molestia de cerrar ningún grifo.
(EN DEFENSA DEL DECRECIMIENTO Sobre Capitalismo, Crisis y Barbarie, CARLOS TAIBO)
How are you ?, I am grateful for the guide, I will certainly come back soon after to check out out your other posts.
Me alegra que mi novia me haya recomendado esta pagina. Esta bastante buena. No se equivoco! que sigas bien!
La crítica más común al modelo World3 hace veinte años era que subestimaba el poder de la tecnología y que no representaba adecuadamente la elasticidad de adaptación del libre mercado:
“Mediante la sucesiva sustitución de tecnologías…la producción real puede seguir creciendo en forma ilimitada, sin que el consumo acumulativo de cualquier fuente de un recurso particular exceda sus límites dados.
Confiamos en que la naturaleza del mundo físico permita mejoras continuadas en los procesos económicos de la humanidad…indefinidamente. Desde luego, siempre hay nuevos problemas de origen local, escasez y contaminación… Pero la naturaleza de las condiciones físicas del mundo y la elasticidad de un sistema económico y social que funciona en forma óptima, nos permite sobreponernos a esos problemas, y las soluciones suelen dejarnos en mejores condiciones que si el problema jamás se hubiera planteado; ésa es la gran lección que debemos aprender de la historia humana”.
Sabíamos acerca de la tecnología y los mercados, desde luego. Dimos por supuesto en el World3 que los mercados funcionan para reasignar la inversión con perfección. Incorporamos al modelo mejoras tecnológicas, tales como el control de la natalidad, la sustitución de recursos, la Revolución Verde en la agricultura.
Probamos en los ensayos del modelo posibles saltos tecnológicos. ¿Qué ocurriría si los materiales son reciclados en su casi totalidad? ¿Qué ocurriría si el rendimiento de la tierra se duplica, y se vuelve a duplicar? ¿Qué pasaría si los controles de contaminación se hacen 4 o 10 veces más eficaces?
Pero incluso asumiendo estos extremos, el modelo del mundo sobrepasa sus límites. Aun con las tecnologías más eficientes y la mayor elasticidad económica que podamos imaginar, si ésos son los únicos cambios, el modelo genera escenarios de colapso.
(MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO)
La especie del Homo sapiens ha estado sobre la tierra durante 100.000 años. Los seres humanos se han organizado en civilizaciones durante los últimos 10.000 años. Han experimentado un rápido crecimiento de la población durante al menos 300 años. Durante esos pocos cientos de años, las espectaculares innovaciones técnicas e institucionales -desde la máquina de vapor hasta la democracia, desde los ordenadores hasta las sociedades anónimas- han permitido a la economía humana transcender aparentes límites físicos y de gestión y sostener el crecimiento.
Especialmente en las últimas décadas, la avanzada industria cultural ha implantado dentro de la mente humana las expectativas del crecimiento incesante.
En consecuencia, la idea de que puede haber límites al crecimiento es para mucha gente imposible de imaginar. Los límites son políticamente inmencionables y económicamente impensables. La sociedad tiende a dejar a un lado la posibilidad de los límites, depositando una profunda fe en el poder de la tecnología y en la operatividad del libre mercado.
(MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO).
A gran altura en la estratosfera, al doble de altitud del monte Everest, o a la altura a la que vuelan los aviones a reacción, hay un velo delicado que cumple una función crucial. Está hecho de un gas llamado ozono: tres átomos de oxígeno unidos por oposición al oxígeno habitual de la atmósfera, que consta de dos átomos de oxígeno unidos.
El ozono es inestable; es tan reactivo que ataca y oxida casi cualquier cosa con la que entra en contacto. Por lo tanto, en la atmósfera baja, que está recargada de materiales con los que puede reaccionar, incluidos los tejidos de las plantas y pulmones humanos, el ozono es un elemento contaminante destructivo pero de ciclo de existencia muy corto.
Sin embargo, en la estratosfera, hay escasos productos con los cuales el ozono puede combinarse. El ozono se crea constantemente en esa capa por la acción de la energía solar sobre las moléculas de oxígeno, y dura un tiempo relativamente prolongado. Éste es el motivo por el cual se acumula una “capa de ozono”.
Dicha capa es rica en ozono sólo por comparación con la escasez de ese gas en cualquier otra parte de la atmósfera. Sólo una molécula de cada 100.000 es ozono en dicha capa. Pero hay suficiente ozono en la estratosfera como para absorber de la luz solar que entra en la atmósfera virtualmente todos los rayos ultravioletas especialmente nocivos cuya frecuencia de onda fue denominada UV-B.
Los rayos UV-B son un flujo de pequeños paquetes de energía que tienen la frecuencia adecuada para desprender moléculas orgánicas -el tipo de moléculas que conforman a todos los seres vivientes, incluidas las moléculas de DNA que contienen el código de la reproducción genética.
Cuando los organismos vivos reciben el impacto de los rayos UV-B, uno de los resultados posibles es el cáncer. Hace tiempo que se sabe que la emisión de rayos UV-B es concerígena para la piel por experiencias en animales de laboratorio. Casi todos los cánceres de piel humanos se producen en partes de la piel expuestas a la radiación solar.
La radiación UV-B coloca a la piel humana bajo una doble amenaza. Puede inducir el desarrollo del cáncer y puede suprimir la capacidad del sistema inmunológico para combatir el cáncer. Esta supresión del sistema inmonológico hace a la gente más susceptible a los herpes y otras enfermedades infecciosas.
Además de la piel, la otra parte del cuerpo más expuesta a las radiaciones UV-B es la vista. La luz ultravioleta puede quemar la córnea, causando una afección conocida como “ceguera de la nieve”, porque a menudo afecta a los esquiadores y montañistas a grandes altitudes.
La ceguera ocasional de la nieve es muy dolorosa; la repetición de la ceguera de la nieved puede reducir la visión en forma permanente. Las emisiones de UV-B pueden ocasionar daños en la retina y generar cataratas en el cristalino.
(MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO).
La humanidad ha sobrepasado recientemente un claro límite del medio ambiente, lo ha descubierto y se ha retirado de él: la destrucción de la capa de ozono de la estratosfera.
La historia del ozono es esperanzadora, al menos hasta el momento. Muestra a los pueblos y las naciones del mundo en su mejor aspecto colectivo, aunque también pone de relieve algunos fallos humanos comunes.
Los científicos detectaron las primeras advertencias sobre la desaparición de la capa de ozono y superaron las barreras políticas para construir una impresionante fuerza para la recolección de saber. Pero sólo fueron capaces de encarar esa labor cuando lograron ver más allá de sus propias antiparras perceptivas.
Los gobiernos y las corporaciones actuaron al principio de forma dubitativa y renqueante, pero finalmente, algunos de entre ellos se presentaron como verdaderos líderes. Los expertos en medio ambiente fueron calificados de alarmistas, cuando lo cierto es que subestimaron el problema.
Naciones Unidas mostró en esta historia su potencial para hacer circular alrededor del mundo información crucial, y para proveer un territorio neutral y medios sofisticados mientras los gobiernos se hacían cargo de un problema que es innegablemente internacional.
Las naciones del Tercer Mundo encontraron en la crisis del ozono un nuevo poder para actuar en su propio beneficio, negándose a cooperar hasta que no se les garantizase apoyo técnico y financiero para esa cooperación.
Al final, las naciones del mundo reconocieron que habían transgredido un límite serio. Con sobriedad y reticencia, acordaron abandonar un producto industrial útil y rentable.
Lo hicieron antes de que hubiera cualquier daño económico, ecológico o humano mensurable y antes de que hubiera plena certidumbre científica. Puede que lo hayan hecho a tiempo.
(MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO).