ANIMALES SEXUALES


El sexo constituye un mundo complejo, profundo y misterioso capaz de colmar el cuerpo y la mente de gozo o de amargura. La fuerza sexual es un motor de la vida, la turbina que ha llenado el mundo de gente.
La naturaleza ha hecho que muchas conductas resulten placenteras, pero a dos de ellas -la sexual y la alimentaria- las ha dotado inequívocamente de una atracción superior a todas las demás para garantizar la supervivencia de la especie. Si la comida y el sexo no resultaran deseables, la humanidad se habría extinguido.

En la mayoría de los animales el coito constituye una actividad circunscrita a los periodos de celo que se ejecuta con gran rapidez (apenas segundos en muchos casos), mientras que la vida de gran parte de las especies de mamíferos se acaba cuando finaliza la etapa de fertilidad. En el caso de los humanos, nuestra conducta sexual puede poseer una función afectiva y amorosa profunda o puede ser también un simple modo de diversión deseado por los implicados en el juego. Por otra parte, los objetos sexuales en el ámbito humano son mucho más variados que los de nuestros hermanos irracionales. Las personas son heterosexuales, homosexuales, bisexuales, y hay una pequeña parte que se siente atraída por lo que no es tan saludable (las parafilias).

El sexo animal carece de reglas; el humano está regulado por la cultura y las costumbres, que determinan qué es apropiado, qué inapropiado y para quién lo es. Las actitudes ante el sexo en las distintas sociedades incluyen casi todas las posibilidades: sexo tardío o prematuro, monogamia o poligamia, adulterio u oferta de la propia esposa a otro varón como símbolo de amistad….
No acaban aquí las diferencias: el lado oscuro y cruel que caracteriza al género humano frente a los otros animales también incide y hace que para ciertos individuos el sexo no sea hermoso ni deseable, sino un instrumento de subordinación, dominio y crueldad.

Casi todo el mundo considera que el sexo es un termómetro del amor. Probablemente esto no sea del todo indiscutible, pero sí es verdad que la satisfacción sexual constituye una metáfora del bienestar de una pareja y la insatisfacción un síntoma de que las cosas quizá no vayan del todo bien. En la práctica sexual pueden concurrir elementos tan deseables como el cariño, el erotismo, la evidencia de ser necesitado, o tan desoladores como el rechazo, la humillación, la sensación de ser utilizado…

Aunque no en todos los casos, lo común en una relación de pareja es que se asocien el sexo y el cariño. Sin embargo, se concitan muchas contradicciones, pues el sexo entre dos no siempre funciona en sintonía y, lo que para uno es grato, para otro tal vez no lo sea tanto. La frecuencia, el tipo de prácticas, el modo de expresarse durante el acto, etc. pueden concitar desacuerdos capaces de arruinar la vida en pareja.

Los desacuerdos en la vida sexual (frecuencia, práctica sexual, monotonía sexual, etc) pueden arruinar una relación de pareja.

En los mamíferos son las hormonas sexuales (estrógenos en hembras y testosterona en los machos) las responsables del desarrollo de las características sexuales y la activación de la conducta sexual. En los humanos sucede lo mismo, aunque con mucha menos nitidez. Las variaciones cíclicas hormonales a corto plazo (las correspondientes a la ovulación) apenas influyen en el interés y la práctica sexual, mientras que los grandes cambios hormonales (pubertad, menopausia) sí determinan con fuerza el ciclo de la vida sexual. En cualquier caso, el órgano sexual más poderoso en las personas es el cerebro; es decir, la psicología de hombres y mujeres dirige el interés sexual.

Conocido o desconocido, desnudo o vestido, real o virtual, el cuerpo es el más potente disparador de la atracción sexual. Pero las personas pueden excitarse también con algo que oyen. Como elemento añadido, las palabras o los sonidos previos al acto sexual o durante el mismo aumentan la tensión sexual y es frecuente que los amantes expresen sus apetencias y sensaciones o sentimientos con libertad extrema, sin cortapisas.

El cuerpo es el más potente disparador del deseo sexual

El olfato, que en los otros animales resulta definitivo, interviene también en el escenario erótico humano y no es casual que las zonas cerebrales que se ocupan de la percepción olfativa estén radicadas en el cerebro interno, junto a las áreas emocionales. Los olores agradables de perfumes, desodorantes, jabones… crean un halo de sensación limpia y seductora que incrementan el deseo. Pero incluso los olores orgánicos naturales, en especial el sudor, pueden ser un elemento atractivo, ya que en la relación sexual intensa se saltan ciertas barreras del asco.

Finalmente, el estímulo de mayor impacto, el único no aprendido según los expertos, es el tacto. Todo tipo de caricias, y más especialmente sobre zonas erógenas, provoca una excitación inmediata, siendo tan grato acariciar como recibir caricias.
Las personas pueden despertar su deseo sexual también por efecto de su imaginación. Un individuo puede excitarse imaginando situaciones para llegar al orgasmo a través de la autoestimulación o de fantasías que trae a su mente (fantasías sexuales), siendo éstas de una temática muy variada y pudiendo coincidir o no con la vida real.

 

La práctica sexual puede verse rodeada de muchas otras circunstancias poco confortables, como por ejemplo las que se dan en las relaciones clandestinas. Frecuentemente este inconveniente se compensa con el fragor de la batalla sexual, aunque algunas circunstancias (verse sorprendido, por ejemplo) pueden causar en alguno de sus protagonistas un impacto negativo que permanezca mucho tiempo en la memoria.

Aunque todas las opciones imaginadas pueden ser fascinantes y el placer no se mide en cantidades exactas, sí que está constatado que la no limitación de tiempo favorece las primeras fases -excitación y meseta-, así como un desenlace sosegado. Junto a factor tiempo, interesa controlar tanto el lugar (un espacio que garantice la intimidad) como el momento (sin interrupciones ni sobresaltos)…..Y tener muy en cuenta que el sexo no siempre es como lo describen las películas…

Fuente:   AMOR puro y duro, de PILAR VARELA.