El utilitarismo, sistema ético inventado en Inglaterra a fines del siglo XVIII, considera también el placer como el único bien intrínseco. Pero ahora no se trata del egoísta placer individual, sino que el objetivo moral consiste en la promoción del mayor placer posible para el mayor número posible de seres humanos.

El Jardín de las delicias
El obstáculo psíquico que sigue dificultando su aceptación procede, principalmente, de la tradicional devaluación del término “placer”. Ahora bien, si sustituimos, como hoy todos hacemos en el lenguaje ordinario, “placer” y “felicidad” por bienestar, ingresamos en el ámbito de la ética realmente practicada y vivida en nuestro tiempo, que, al menos en el mundo occidental, no es otra sino la de la “sociedad del bienestar”. Sigue leyendo
