LOS PROBLEMAS DE LA MORAL: DETERMINISMO, AMORALISMO Y RELATIVISMO


 

A primera vista parece que el determinismo elimina el problema moral. Sin embargo, no es así. Por de pronto el determinismo, aunque fuesecierto, es una explicación de nuestra conducta, una especie de “psicoanálisis” en el sentido del desenmascaramiento de una ilusión, perfectamente compatible con nuestra conciencia y vivencia de libertad. Por tanto, aunque ser buenos o malos resultase, vistas las cosas desde una omnisciencia extrínseca, algo totalmente independiente de nuestra voluntad, la moralidad subsistiría como la lucha -inútil- por hacer lo que nos dicta nuestra conciencia. El punto de vista de Kant -causalidad psicológica y libertad moral- podría ser tenido en cuenta aquí.

El determinismo

Mas, por otra parte, el determinismo, aun aceptado, ¿es incompatible con la moral? ¿Qué afirma, en realidad, el determinismo? El determinismo, que (lo mismo que el indeterminismo) es una hipótesis psicológico-metafísica y, por tanto, problemática, no afirma de ningún modo que nuestros actos, nuestra conducta sean determinados por causas extrínsecas, totalmente ajenas a nuestra voluntad (eso sería fatalismo, concepción completamente desprovista de fundamento científico). Al contrario, lo que los deterministas sostienen es que (con las restricciones comunes al indeterminismo: circunstancias o situación, voluntad de los otros, etc.) yo mismo me determino, es decir, hago lo que quiero.

El problema y la divergencia comienzan justamente aquí. Porque, en efecto, ¿podría querer hacer otra cosa de la que en realidad quiero? Por pura veleidad y aisladamente, sí. El alcohólico puede dar a su amigo (darse a sí mismo) la engañosa satisfacción de rechazar un vaso de alcohol que aquél le ofrezca. Pero ¿qué hará tan pronto como el amigo se marche? ¿Seguirá privándose de beber?

El alcoholismo es un problema individual y social

Como antes decíamos, lo que decide sobre la moralidad no son actos aislados, gratuitos, irrelevantes, sino el comportamiento a la larga, la conducta total. ¿Puede el alcoholizado liberarse de su alcoholismo? Puede, aunque, no fácilmente, por ejemplo, tomando la decisión (aislada pero extraordinaria) de ponerse en manos de un médico especialista e incluso, rara vez, por autodisciplina, como consecuencia de un fuerte shock psíquico que libere en él energías en reserva. E incluso, si no puede ya, pudo a su tiempo, al principio, y como el comportamiento forma una secuencia unitaria, es, por tanto, responsable o corresponsable (con la sociedad en que vive) de su vicio.

El carácter mismo puede modificarse, al menos parcialmente. Y, por supuesto, el way of life o modo de vida, también. Pero trabajosamente y nunca, por decirlo así, como apretando un botón. Por otra parte, la tesis del indeterminismo, entendido como indeterminación pura, desemboca en la arbitrariedad, el obrar sin motivo y la incoherencia de la conducta.

Indeterminismo

En realidad, el determinismo razonable y el indeterminismo razonable, tomando el problema cada cual por su lado, vienen a decir lo mismo. Pero incluso el más rígido determinismo deja espacio para la moralidad. Sólo que ésta, si no podemos hacer más que lo que hacemos, consistiría en el vano deseo, condenado al fracaso, pero reiterado, mantenido, de poder querer otra cosa. Es decir, y para remedar el lenguaje luterano, la justificación (moral) por el solo, pero auténtico, deseo.

Respecto delamoralismo hay que distinguir su presentación como teoría filosófica y la existencia de casos particulares de amoralidad. En realidad, ninguna teoría filosófica es amoralista. Cuando Nietzsche preconizaba situarse Más allá del Bien y del Mal, lo que rechazaba es el bien y el mal entendidos -justa o injustamente- a la manera cristiana. Pero predicaba, en cambio, a través de la subversión de la escala recibida de valores, otro bien y otro mal.

Kant, en la primera fundamentación verdaderamente moderna de la ética, partió del hecho de la moral, de la conciencia y sentido de lo que debe hacerse. Y la antropología cultural ha confirmado que ninguna comunidad vive sin un sistema de normas, válidas para todos los que la constituyen. ¿Significa esto que no puedan darse casos aislados, aberrantes, de privación del sentido del bien y del mal? No necesariamente. Pero el problema pertenece a la psicopatología, no a la ética.

LLegamos, en fin, a la cuestión del relativismo. La Antropología cultural, es decir, el estudio de las “culturas” de los diferentes pueblos, en especial de los primitivos, nos muestra que los sistemas de normas morales, vigentes en ellos, suelen ser muy diferentes. Pero prescindiendo de esas normas, con frecuencia, no difieren en el principio fundamental inspirador -por ejemplo, el vínculo de amor y fidelidad conyugal-, sino en la interferencia, al nivel de su concreta aplicación, de creencias religiosas que de ninguna manera compartimos (como el escéptico en materia religiosa podría considerar al mártir como un insensato suicida), ¿es lógicamente lícito el “salto” del plano del relativismo antropológico-cultural al del relativismo ético? En el peor de los casos el relativismo ético no eliminaría la moral: el comportamiento moral consistiría en la aceptación de las normas de la comunidad a que se pertenece.

Relativismo

Pero ¿es tan sencilla la respuesta? Cuando, más adelante, consideremos el contraste entre las “sociedades cerradas” y las “sociedades abiertas”, la problemática en torno a lo que tradicionalmente se ha llamado la “ley natural” y el carácter fundamentalmente dinámico, histórico y funcional de la moral, veremos que el problema es harto más complejo de como lo ven el absolutismo y el relativismo.

Y puesto que estamos hablando de relativismo e historicismo, quisiera hacer referencia a un punto que he desarrollado con mayor extensión al comienzo de mi libro Ética y Política. La afirmación que acabamos de hacer, de que es imposible vivir sin normas o principios morales, no implica de ningún modo que éstos tengan que estar explicitados en cuanto tales: al contrario, el desgajamiento de la moral de la religión y el derecho en que, históricamente, ha aparecido tantas veces subsumida, es un hecho relativamente tardío. Y todavía lo es más el desarrollo de sistemas morales individualistas.

El individualismo moral ha sido, bien un refugio frente a una situación brusca y radicalmente cambiante (estoicismo, epicurísmo), bien un lujo propio de la época moderna, que ya no nos podemos permitir. A su modo, el utilitarismo de Bentham (en rotundo contraste con la moral de Kant, de la misma época) inició el retorno al sentido social de la moral. Hegel y, contra su voluntad expresa, Marx formularon una moral de carácter completamente social. Y de un modo u otro, con mayor o menor radicalidad, nuestra época, en todos los países, está volviendo a la concepción social. El individualismo fue una suntuaria solución provisional.

Individualismo

Hoy casi todos nos damos cuenta de que la “buena voluntad” personal, aunque necesaria e imprescindible, es insuficiente, y que los grandes problemas morales que tiene hoy planteada la humanidad no pueden resolverse, evidentemente, más que a escala social, mediante soluciones comunitarias. Una vez más vemos que tras el rótulo, fácilmente condenatorio, de relativismo, no hace sino ocultarse o soslayarse un grave problema.

FUENTE: DE ÉTICA Y DE MORAL, lo que sabemos de moral, Moral de la vida cotidiana, personal y religiosa (JOSÉ LUIS L. ARANGUREN).

 

6 thoughts on “LOS PROBLEMAS DE LA MORAL: DETERMINISMO, AMORALISMO Y RELATIVISMO

  1. Naturalmente, subsisten los más nobles empleos del tiempo. Pero el género literario o, cuando menos, preliterario, epistolar, que antes practicábamos, se ve reemplazado por el teléfono, por la televisión, y los juegos clásicos lo son por los videojuegos o juegos electrónicos.
    Paralelamente a como, en algunos, se produce el horror vacui, quien más quien menos, sentimos horror al tiempo “vacío”, que a toda costa y como sea es menester llenar, para tapar el “agujero negro” de lo que comienza siendo aburrimiento y se hunde en hastío, en tedio, y de él en taedium vitae, que es antecámara de la angustia. Heidegger ha hablado de ello y Pascal nos ha mostrado, en el divertissement, lo que tiene de huida hacia adelante, puesto que la vida de todos los humanos, si del relativo ralenti con que transcurre, se proyectara a un ritmo muy acelerado, sería como la noche, ya en capilla, del condenado a muerte, que se la pasara haciendo planes para el futuro… por no pensar en lo que, de verdad, le espera.
    Pero cabe tener otra concepción más serena de la vida que la de Pascal y los existencialistas. La función de la vida personal es la liberación de la vida cotidiana. Trotsky, hablando de la Revolución con mayúscula, sostuvo que ésta no puede hacerse de una vez, sino que es Revolución permanente. Análogamente cabe decir que la liberación interna, personal, de las constricciones de la vida de cada día, tiene que ser na revolución permanente de la vida cotidiana.
    (DE ÉTICA Y DE MORAL).

  2. Una vida personal no es compatible con el “matar el tiempo”, pero tampoco con intentar convertirlo en oro. El tiempo ni se gana ni se pierde, se vive. El tiempo es vida puesto que, recíprocamente, la vida es tiempo. ¿En qué empleamos ese tiempo que, sin dejar de pertenecer a la vida cotidiana, es personalizado y hecho, por tanto, nuestro? No hay que creer que todo él, en todos sus momentos, ha de ser trascendentalizado. La vida, por supuesto, no es sólo intrascendencia, pasar el tiempo -pasatiempo- y juego, pero es también intrascendencia, pastiempo y juego. Así, la conversación, antes bajo la forma de visitas y tertulias, ahora, cada vez más, bajo la de conversaciones telefónicas.
    Conducir un coche es, en sí mismo, un esparcimiento, y así como los intelectuales de ahora analizamos la relación del hombre con el ordenador y la transformación que en el primero se producirá, a la larga, la despersonalizada comunicación con la inteligencia artificial, los intelectuales de hace medio siglo -García Morente, por ejemplo- discurrían sobre la “prisa” por llegar adonde no hay nada que hacer, y sobre el “vértigo de la velocidad”. Es también una característica de nuestro tiempo la de la conversación en pasatiempo o hobby de cualquier quehacer, y el bricolage o la jardinería son trabajos que se asumen ahora, de vuelta, como libres.
    (DE ÉTICA Y DE MORAL).

  3. No todos nos encontramos, sin embargo, en la misma situación. Algunos podemos todavía defender y preservar nuestro propio”territorio” (A room of my own, de Virginia Woolf) y mi entorno, pues que yo soy también mi circunstancia o entorno, mi personal jemeinigkeit. Pero los más viven sin refugio propio, en territorio ocupado por la Aministración y/o por la Gente en su hacinamiento, frente a lo que solamente les queda ejercitar la táctica del repliegue, de la continua movilidad, de la vida nómada, sin cotidianidad. La Modernidad erigió la laboriosidad en virtud fundamental, canonizó laicamente la profesión, toda profesión, y ha venido educando a “los más”, a “los muchos” para el trabajo (vivir para trabajar, el trabajo y la profesión como el sentido de la vida), paralelamente a como la Antigüedad educaba a “los menos”, a “los pocos”, para el ocio. El ocio ha aparecido a las gentes modernas, negativamente, como el “estar ocioso”, como “el no tener quehacer”; el ocio se degradó en ociosidad, que es, cmo se decía, “la madre de todos los vicios”. El activismo se ha convertido en el rasgo fundamental de la Edad Moderna (y su prolongación, la que en los libros de textos de Historia se denomina Edad Contemporánea).
    Recientemente, por el impulso de la necesidad económica y aun economicista de desarrollar el consumo, el acento de la vida cotidiana se ha desplazado desde el tiempo del trabajo al tiempo libre. Pero ese tiempo libre, apenas ofrecido, nos es arrebatado por la regimentación consumista y la entrega de esa supuesta libertad a los consumos socialmente prescritos. (Se da hoy una alienación del tiempo libre, paralela a la alienación del trabajo denunciada por Marx.)
    (DE ÉTICA Y DE MORAL).

  4. La vida cotidiana, exaltada hasta su comunitaria ruptura en la Fiesta, era siempre, antaño, colectiva y pública, en tanto que social. Poco a poco, a esta vigencia social de la Fiesta, a esa “publicación” antigua del pueblo, el barrio, los vecinos, se fueron superponiendo -y sobreponiendo-,por una parte, la publicidad laboral -la vida en el taller, en la fábrica, en la oficina- y, por otra, la publicidad administrativa y burocrática. Ha sido invento de la Modernidad la compensación de la pérdida de vigencia social de la Fiesta pública, y de la creciente intromisión del Estado y la Administración en la vida de las gentes, por el desarrollo de la vida del hogar, la creación de la intimidad, la afirmación de la pequeña fiesta íntima de cada cual, en suma, la constitución de lo que se llama en inglés privacy y aquí suele llamarse vida privada, expresión que, a causa de su aspecto privativo (privada-de) y, en definitiva, individualista, prefiero denominar vida propia o vida personal. (Los hippies oponían la “comuna” a la privacy.) Antes se vivía en un “fuera” que era el de la gran familia o familia patriarcal, y de la cuasifamilia aún mayor que era la vecindad. Ahora la familia nuclear, la pareja, los individuos, se encuentran solos, “muchedumbre solitaria” dice Riesman, en medio de la gran ciudad; y, lo que aún es peor, su soledad se ve asediada, vigilada y regimentada, en primer lugar, por el policial despotismo duro del Sistema Panóptico (Benthan, Foucault) -cárcel, cuartel, concentraciones, manicomio, hospital, escuela, ficha de identidad y antecedentes-; también por el despotismo blando de la presión social, de lo que hace la Gente (Ortega), de lo que se hace y, consiguientemente, en una sociedad ayer llamada de masas, hoy de Imagen, hay que hacer; y, en fin, de la tiranía cotidiana, que procede de nuestra autosumisión al Calendario, es decir, a la Agenda, y a la puntualidad, es decir, al Reloj.
    La idea generalizada de “vida cotidiana” consiste en monotonía, rutina, “todos los días lo mismo”, vida sin alicientes, regimentación y reiteración convertidas en cuasiautomatismos. Mas cuando nos preguntamos el porqué de esta rutinización, nuestra respuesta, la que todos nos damos, es la de una sumisión inexplicada a “lo que se hace”, a lo establecido, al comportamiento general de “la gente”. En suma, alienación en lo social colectivo. (DE ÉTICA Y DE MORAL)

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