EL PARAISO PERDIDO (Satanismo)


La insurrección del Diablo (Lucifer) contra Dios, que tiene lugar en el cielo, sirve para indicar a la humanidad la conducta a seguir en la historia contra toda clase de tiranos y opresores que no harían otra cosa que imitar la autocracia yahvista.

Estatua del Angel Caido en el Parque del Retiro, Madrid (España)

El satanismo del siglo XIX tiene signo político democráctico y adhiere al racionalismo cientifista. Su expresión ideológica más corriente será la propaganda anticlerical, de manera que el Diablo se convierte en compañero de ruta de todos los militantes agnósticos y ateos, enfrentados con las iglesias monoteístas.

Esta imagen del Diablo es la que se adecua mejor a la ideología de la Iglesia Americana de Satanás (American Church of Satan), que en 1966 fundó Anton Szandor La Vey (1930-1977) en San Francisco.

Los medios de comunicación hablaron mucho de la Iglesia de Satán, que tuvo como espaldarazo publicitario el ingreso de la actriz y sex symbol Jane Mansfield en su feligresía.
La doctrina de La Vey niega la existencia de todo ser o entidad trascendente; niega a Dios pero también al Diablo. Este último en la teoría de la Iglesia de Satán no es más que un símbolo, algo que significa, que representa, que simboliza, pero en modo alguno un ente personal.

Jane Mansfield

A pesar de ello, en las misas negras de la congregación el oficiante se dirige a Jesucristo, a quien injuria con frenesí verbal como si estuviera presente, y la asamblea se dedica a “mancillar y atormentar hostias” de acuerdo con las costumbres rituales del satanismo decimonónico.

En 1975, nueve años después de su fundación, La Iglesia de Satán experimentó su primer cisma. Uno de sus “pastores”, Michael Aquino, fundó el Templo de Set (The Temple of Set). Numerosos satanistas de alta graduación abandonaron a La Vey para seguir al nuevo profeta satánico.

Para Michael Aquino, un teniente coronel del ejército de los Estados Unidos y agente del servicio secreto durante casi toda su vida activa, Satán o Satanás es un ente real y objetivo, mientras que La Vey lo consideraba sólo una imagen o símbolo.

Aquino y La Vey con el actor Sammy D. Junior

Pero sobre todo Michael Aquino, como buen militar del servicio secreto, quería estructurar una iglesia de rígida jerarquización, de acuerdo con su ideología de corte neofascista, con tintes racistas.

Mientras Aquino permaneció en la iglesia de La Vey, la condición metafísica de Satanás ni siquiera se discutió. Pero luego de la fractura o de la fundación del Templo de Set, la “ontología satánica” se convirtió en el punto polémico fundamental.

La Vey fue el único satanista de la historia que negó la existencia de todo ser trascendente, incluido Satanás, y en consecuencia rechazó de manera radical toda tentación mística o profética. Al igual que todo ejercicio ascético.

Y para que no quedase la menor duda acerca de su desprecio de toda doctrina mística, en uno de sus libros reconoce haber copiado la liturgia de su iglesia de la literatura.

A pesar de la indigencia filosófica de su discurso, en las ideas de La Vey hay una filiación nietzscheana inocultable. Después de todo, la “iglesia” de Satán no es más que la parodia atea e individualista de una militancia irreligiosa pansexualista. En consecuencia, se trata de una lucha ideológica, o cultural, como prefirió llamarla La Vey.

Anton Szandor La Vey reprodujo el ritual de la misa negra que J.K. Huysmans desarrolla brillantemente en la novela Là-Bas. Y a partir de la Chuch of Satan, todas las confesiones satánicas de América y de Europa que la imitan, y que proliferaron como setas en otoño, estableciéndose en España, Italia, Francia, Alemania, Países Bajos, comenzaron a reproducir en sus oficios blasfemos, sacrílegos y orgiásticos las acciones del padre Docre, sacerdote satanista creado por Huysmans.

“¿Cuál es el indicio más firme de la actividad litúrgica de las sectas satánicas? La compraventa, en el mercado negro, de hostias consagradas cuyos precios oscilan entre 80 y 500 euros por unidad, y que las sectas usan en sus misas negras”, se asegura en un artículo publicado en una web católica, que denuncia la proliferación del satanismo.

El precio que alcanzan en el mercado negro, según la citada web, depende del tamaño de las hostias, de la importancia de la iglesia o basílica de la cual proceden y del sacerdote u obispo que las haya consagrado.

El tamaño de la oblea es importante a causa del empleo que se hace de ella en el oficio satánico: cuando llega la hora del sacrilegio diabólico -después de la “consagración” blasfematoria- el satanista, antes de entregarse a la fornicación con una hermana o hermano de devoción, perfora la placa de manera que su pene pueda pasar por el orificio y la oblea aplastarse contra la pelvis o las nalgas de su pareja, según sea el caso.

La hostia de mayor valor sacrílego sería la consagrada por el Papa en la basílica de San Pedro de Roma.

Basílica de San Pedro

Luego, las consagradas en dicha basílica por otros prelados. En España, las más cotizadas son las que proceden de la catedral de Santiago de Compostela, Madrid, Sevilla, Zaragoza…, sobre todo si han sido consagradas por arzobispos y obispos.

El fervor religioso de Juan Pablo II, que sostuvo con vehemente elocuencia que el demonio existe “en carne y hueso” y que además practicó algunos exorcismos durante su pontificado, habría estimulado el brote rebelde de los jóvenes satanistas.

Juan Pablo II y Augusto Pinochet

Los servicios de información estiman que en España existen unas cien sectas satánicas que en total no reúnen a más de dos mil personas. Y sin duda están bien informados, porque en las organizaciones satanistas españolas también abundan los agentes secretos y los policías.

También hay una sucursal española del Templo de Set, la confesión norteamericana con mayor número de agentes y miembros de los servicios de información y seguridad, y de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, lo cual no deja de resultar preocupante, porque hace imaginar cosas como la existencia de unidades militares secretas coordinadas con el Diablo y sus demonios en una complicada astronomía de satélites artillados de la Guerra de las Galaxias produciendo un Armagedón demonológico.

¿Sería por eso que el ayatollah Jomeini llamaba a los Estados Unidos Gran Satán?

La iglesia de Satán en España tiene como presidente a un funcionario del ministerio de Justicia, J.M.C., licenciado en criminología, de familia muy católica, como es natural.

Fuente: DIABOLUS (Simon Pieters).