TRABAJO Y OCIO: LAS DOS CARAS DE UNA CULTURA ALIENANTE


El ser humano dedica gran parte de su vida a la estructuración de su vida laboral: durante la infancia se prepara a través de una serie de aprendizajes que básicamente son adquiridos por el niño con la intención de alcanzar alguna utilidad en el desarrollo de la actividad profesional futura; la adolescencia se plantea como el camino a través del cual se adquieren los conocimientos que permitirán ocupar un lugar en la sociedad en función de la aportación laboral.

Formación Profesional

El trabajo constituye para el individuo uno de los ejes sobre el que se apoya toda su existencia y, con ello, una serie de realidades psicológicas, como pueden ser la autoestima, la seguridad personal o la capacidad de conseguir el respeto de la sociedad. A pesar de ello, el trabajo resulta cada vez más un factor menos transcendental en la vida.
Desde los tiempos en que el trabajo era la única actividad posible y el ser humano tenía que trabajar permanentemente para sobrevivir, se ha producido un proceso de especialización y de mecanización.

La mecanización del trabajo

Han aparecido -y continúan haciéndolo- multitud de nuevas profesiones relacionadas con la manipulación de las máquinas y aparatos que llevan a cabo el trabajo que antiguamente realizaba el hombre de forma habitual.

Este proceso lleva a una notoria ampliación del llamado “tiempo de ocio” y de la libertad para optar entre muchas más posibilidades de trabajo. La especialización ha abierto un amplio abanico de profesiones.

Nuevas Profesiones

Desde la revolución industrial hasta nuestros días, el hombre ha logrado unos avances sociales espectaculares que le han permitido conseguir jornadas laborales cada vez más reducidas y menos agotadoras, pero, a pesar de ello, el desarrollo de una actividad adecuada constituye todavía un punto de apoyo imprescindible para la realidad psicológica del ser humano.

La obtención de un trabajo adecuado es un punto de partida indispensable para alcanzar la felicidad, puesto que el concepto de realización personal a través de la actividad laboral resulta cada vez más valorado en nuestra sociedad.

Revolución Industrial

Muchos han afirmado que un primer paso imprescindible para alcanzar un cierto nivel de felicidad y satisfacción lo constituye el hecho de que la actividad profesional que se esté desarrollando sea gratificante.

Éste y muchos otros ejemplos pueden explicar y justificar la desaparición de una cierta cualidad satisfactoria del trabajo, lo que nos sitúa ante una realidad concreta: el trabajo ha perdido ciertos aspectos de su dimensión gratificante para ser concebido como algo más útil.

Plataforma petrolífera

La voloración del trabajo, lógicamente más que de cualquier otra actividad, está en función del rendimiento que de él se obtiene, y ello puede, en muchas ocasiones, eclipsar las correspondientes gratificaciones de tipo psicológico. Ésta puede ser una primera aproximación al fenómeno del comentado descontento respecto de la actividad laboral.

Trabajar en una plataforma petrolífera es peligroso para la propia vida, pero rentable si sólo se piensa en el sueldo.

Por otra parte, el ser humano se ha vuelto más exigente y ha aumentado considerablemente el número de sus necesidades. Se dedican menos horas diarias al trabajo, se disfruta de los fines de semana, de varios períodos de vacaciones durante todo el año, y a pesar de ello, el hombre sigue quejándose de fatiga y lamentándose de la necesidad de tener que trabajar.

La disminución del tiempo dedicado al trabajo ha conllevado un espacio nuevo que ofrece al individuo la posibilidad de dedicarse al ocio. Podríamos definir el ocio simplemente como el descanso que produce no trabajar, pero el ser humano no se ha quedado aquí y ha producido toda una cultura del ocio que se ha convertido en una forma de consumismo.

Parque Acuático

Las aficiones o pasatiempos, la cultura, los espectáculos y el deporte llenan, a veces de forma apasionada, el tiempo libre del ser humano.

Parecería que hemos dado con un ser humano mucho más lúdico, más preparado para divertirse que para trabajar, y que, en definitiva, hemos cambiado el signo de la ocupación del tiempo, sustituyendo el trabajo por la diversión, pero lo cierto es que esto no es así.

Nos encontramos ante cierta paradoja: en esta eterna huida hacia adelante a la que parece estar condenado el hombre, éste no hace un esfuerzo por no detener su atención en el goce del presente; sino que sueña durante toda la semana con la llegada del sábado y el domingo para luego, muchas veces, vivirlos con tensión, con disgusto y con la inquietud de la llegada del lunes.

Muchas encuestas revelan el domingo como un día especialmente ingrato, sobre todo por la tarde. Esto sucede cuando se tiene la sensación de fracaso por lo decepcionante que ha resultado el fin de semana que acaba de transcurrir y por la perspectiva inmediata del lunes, día que inicia de nuevo el aversivo ciclo semanal. POR LO TANTO, PARECE QUE NO SE ESTÁ ENCONTRANDO SATISFACCIÓN EN EL TRABAJO NI EN EL OCIO.

El “síndrome” del domingo por la tarde

La razón de que el trabajo sea menos gratificante se explica en función de la evolución, de la especialización, y de las carencias que vienen dadas por la propia idiosincrasia del tipo de trabajo que hay que desarrollar.

Algunos empleos se valoran por unos parámetros aparentemente atractivos, pero suelen tener una estructura poco gratificante como los trabajos de oficina o los burocráticos. Quien los efectúa difícilmente podrá encontrar en ellos otra satisfacción que la de “ganarse bien la vida” de una forma más o menos cómoda. Pero no sufrir no significa necesariamente gozar.

Trabajo administrativo

Si el ser humano necesita aprender a disfrutar de un tipo de trabajo en el que las gratificaciones inmediatas son menos perceptibles, por otra parte también está aprendiendo a enfrentarse con un fenómeno nuevo, el tiempo libre, para el cual la generación adulta actual no ha sido preparada.

Se ha escrito muchas veces que la libertad provoca un cierto miedo y temor, incluso ansiedad. El problema fundamental del tiempo libre estriba en tener que decidir qué hacer con cierto grado de libertad.

Dormir bien

Con frecuencia, las semanas se consumen pensando y discutiendo con la familia cuál sería el mejor plan para pasarlo bien durante el fin de semana, pero el tiempo transcurre a menudo en disquisiciones y pasa sin que se haya realizado ningún plan atractivo.

El tiempo libre deja de ser libre si no se utiliza la libertad más que para pensar en qué se podría ocupar. Algunas personas, dominadas por la necesidad de convertir en útil todo lo que hacen, tienen la sensación de que el tiempo libre es un tiempo inútil, y por ese motivo se esfuerzan por darle un sentido contrario, como por ejemplo intentar aprender nuevas técnicas, mejorar profesionalmente, etc.

Formación continua

En definitiva, se dedican a buscar una disculpa a la “pérdida de tiempo” que puede representar el ejercicio de la libertad. Se trata de individuos que no han asumido el ocio como una realidad enriquecedora e importante para el propio yo, y que, a la vez, son incapaces de considerar que pueda haber otra cosa más importante en la vida que el trabajo.

Son personas para las cuales la profesión constituye el centro de su vida y, en consecuencia, viven condenadas a padecer, tarde o temprano, síntomas de estrés.

Amar y ser capaz de entusiasmarse con el trabajo deberían ser objetivos importantes en la educación de los jóvenes y en la vida de los adultos.

Muchos padres plantean el problema de la indolencia o la actitud de rechazo hacia la vida adulta que se da entre algunos jóvenes, pero a menudo esto es el fruto, casi inevitable, de haber observado en sus padres una actitud de queja permanente respecto de su trabajo y del tipo de sociedad en la que viven.

Indolencia Juvenil

Con frecuencia se transmite a los hijos una especie de frenesí respecto a la espera del día festivo, en el que no se ha de trabajar, y no se les comunica un entusiasmo suficiente con relación a la actividad laboral.

Cuando un individuo es capaz de emocionarse y apasionarse con todos los aspecos de su vida, está en el camino de poder encontrarse a sí mismo. No es posible pensar en entusiasmarse con el trabajo y el ocio sin una decidida actitud de aprovechamiento integral de la vida.

Jacques Cousteau, un apasionado por la vida

Desde un planteamiento de queja sistemática o una posición crítica que incluya la búsqueda obsesiva de aquellas circunstancias negativas del acontecer cotidiano, es absolutamente imposible encontar una satisfacción en el trabajo y en cualquier otra actividad, aunque aparentemente sea gratificante.

FUENTE: LA MENTE Y SUS REDES (Joan Corbella, Sergi Corbella, María C. Sánchez).

9 comentarios en “TRABAJO Y OCIO: LAS DOS CARAS DE UNA CULTURA ALIENANTE

  1. El trabajo y el Ocio son dos factores importantes para un crecimiento personal y una satisfaccion de las propias necesidas de cualquier ser humana , el trabajo genera rentabilidad y satisface cada una de las necesidades de cualquier ser humano , el ocio ocupa un tiempo de tu vida lo cual genera una parte de satisfaccion ya que lo puedo ocupar para desocuparte de los distintos estreses que se pueden generar a diario en la vida , el ocio tiene una distincion de manera de verlas .

  2. Cuando un individuo afronta sus propios deseos e impulsos y asume sus aficiones, va detectando las características de sus reacciones, de sus capacidad de sentir y pensar, y por lo tanto, se concoce mejor. Ésta es una posibilidad fundamental del tiempo libre y, sobre todo, una oportunidad de desmontar determinados planteamientos formados en base a este tipo de análisis: “Tengo un trabajo que es insorportable, pero gracias a que practico diariamente algo de deporte, me evado de las tensiones del mismo”, o bien: “Tengo una familia a la que quiero mucho, pero me cansa horrores la vida familiar; por suerte encuentro cierta compensación a través de los amigos”. En estos esquemas, el individuo vive inmerso en una permanente necesidad de compensar la desdicha inevitable en la que parece vivir.
    Por el contrario, existe también la posibilidad de encontrar ciertos estímulos vitales que resulten suficientemente amplios, atractivos, crativos y motivadores como para que no sea necesario huir de nada, y todo se haga en la medida que se desee.
    El trabajo es una realidad por la que es necesario apasionarse para encontrar cierta satisfación en el conjunto de la vida, puesto que ocupa una parte importante de la misma. Sin embargo, el trabajo no puede ni debe llenar toda una vida. El tiempo libre servirá para completar la necesidad de satisfacer la curiosidad respecto a la respuesta que cada uno puede dar a su libertad. (LA MENTE Y SUS REDES).

  3. Existe una teórica libertad de elección de la vida afectiva y de utilización del tiempo libre, por lo tanto, una vez acabada la jornada laboral, un adulto con pareja e hijos tendrá en teoría una libertad plena para hacer aquello que quiera y estar con las personas con quienes ha escogido libremente convivir. Por ello es precisamente en el transcurso del tiempo libre cuando se pone de manifiesto la calidad de la vida afectiva. Resulta frecuente que los miembros de una pareja se den cuenta de que la relación no es compatible, o que se están alzando muros entre uno y otro cuando pasan un fin de semana juntos y no encuentran nada que decirse, o cuando, durante unas vacaciones, descubren que la persona con la que viven carece de interés.
    El equilibrio en la vida afectiva es, pues, un punto de apoyo importante para el goce del tiempo libre. No cabe la menor duda de que quien tenga una vida afectiva posisitiva dispondrá de alicientes muy superiores a la hora de organizar sus espacios de libertad. (LA MENTE Y SUS REDES).

  4. También es cierto que cualquier situación laboral puede convertirse en estresante y denigrante si se adopta una actitud de sumisión respecto del trabajo y de renuncia a su propio yo en lo que a su situación laboral se refiere. Cuando un individuo se somete a su profesión, sea cual sea el nivel en el que esté efectuando el trabajo, está renunciando a su propia existencia. La responsabilidad es directamente proporcional a la capacidad que tenga cada uno de gozar y a la posibilidad de ser libre. El hecho de que unos tengan una situación más fácil que otros no debe suponer una excusa para no buscar elementos de satisfacción, gratificación y entusiasmo a través del desarrollo de la actividad laboral.
    El trabajo aporta al individuo riqueza y es un punto de referencia de su utilidad social. Por ello se ha de tener muy en cuenta la conflictividad psicológica de aquellas personas que han vivido o viven la dramática experiencia de carecer de trabajo. Solamente quien se ha sentido o se siente en esta situación sabe la intensidad de la desazón que produce la carencia económica, así como la sensación de pobreza personal que se desprende del vacío de un día tras otro sin ninguna obligación que cumplir.
    El desempleo, que atenta contra un derecho fundamental del ser humano, ocasiona, desde el punto de vista psicológico, traumas, sinsabores y, en ocasiones, trastornos graves. El individuo que al amanecer carece de actividades para realizar, que ve su agenda cotidiana en blanco, que tiene la estúpida libertad que proporciona la falta de ocupación, no puede comprender el ferviente deseo de mucha gente de poder levantarse un día sin tener nada que hacer.
    A menudo, el espacio de tiempo libre está ocupado por sentimientos de obligación, de forma que el individuo no tiene la sensación de estar haciendo aquello que libremente ha escogido, sino lo que le viene impuesto por una serie de obligaciones contraídas a lo largo de su vida. En concreto, una buena parte de la vida familiar no es vivida de forma gratificante; en muchos hogares el atardecer se convierte en una situación de tortura para sus componentes. hay una tensión que se palpa en el ambiente; nadie parece encontrar su lugar y todos preferirían optar por una alternativa distinta.
    El problema radica en la falta de aceptación de la realidad que en su momento se escogió libremente. La atención de los hijos podría ser un elemento relajante para aquellas personas que trabajan, pues se trata de una actividad diferente que les puede ayudar a “desconectar” de los problemas del trabajo, sin embargo, en muchos casos, es vivida como una pesada tarea. Algunas personas dedican el ocio a sus aficiones, a practicar deportes, a atender a su vida afectiva, etc. Otros optan por buscar sentido útil a sus tiempo libre, dedicándose, por ejemplo a ampliar sus estudios. Ninguna de estas actividades es positiva o negativa por sí misma, sino que depende de la actitud que adopte el individuo al realizarla. (LA MENTE Y SUS REDES).

  5. Se trata de ser capaces de descubrir que cada puesto de trabajo puede ser motivo de un contacto gozoso o de una aportación de algún tipo de riqueza. Por ello, cabe adoptar una actitud positiva frente a cualquier evento de la vida cotidiana, en lugar de una crítica sistemática, a menudo sólo alimentada por ciertos resentimientos. No hay duda de que a quien tenga la posibilidad de ejecutar un trabajo satisfactorio, tener un buen empleo, efectuar un trabajo cómodo, incluso bien remunerado, le será más fácil encontrar estos elementos positivos, a diferencia de aquella otra persona que no tiene la suerte de contar con tales circunstancias.
    Resulta mucho más difícil animar al minero o al obrero de una cadena de montaje para que se entusiasme con su trabajo, que a un ejecutivo o a un profesional liberal. Pero no es menos cierto que, desde el punto de vista del análisis psicológico, resulta tan factible encontrar trabajadores felices y satisfechos con lo que están haciendo, entre estas profesiones en las que, aparentemente es difícil encontrar satisfacciones, como gente desdichada y aburrida de su trabajo entre quienes, al menos en teoría, reúnen las mejores condiciones para que su labor diaria sea satisfactoria. (LA MENTE Y SUS REDES)

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