LA FAMILIA, ¿refugio o infierno?


fuente: LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA (Luis Rojas Marcos).

La reacción normal ante las atrocidades es exiliarlas de nuestra conciencia. Hay violaciones del contrato social que son demasiado horripilantes como para mencionarlas en alto. Este es precisamente el significado de la palabra inconfesable… Las atrocidades, sin embargo, no se dejan enterrar. (Judith Lewis Herman, Trauma y recuperación. 1992).

La familia constituye el compromiso social más firme de confianza, el pacto más resistente de protección y de apoyo mutuo, el acuerdo más singular de convivencia y de amor que existe entre un grupo de personas. Sin embargo, el hogar familiar es también un ambiente pródigo en contrastes y contradicciones. Nos ofrece refugio donde cobijarnos y socorrernos de las agresiones del mundo circundante y, simultáneamente, nos confronta con las más intensas y violentas pasiones humanas. La casa es el terreno de cultivo donde se desarrollan las relaciones más generosas, seguras y duraderas, y, al mismo tiempo, el escenario donde más vivamente se manifiestan las hostilidades, las rivalidades y los más amargos conflictos entre hombres y mujeres, y entre adultos y pequeños. Sigue leyendo

ESPECTRO DE PROBABILIDADES (de la existencia de Dios)


Aunque Richard Dawkins afirma que no cree en Dios, a mí, que no estoy seguro, sólo me queda pedirle que….

fuente: EL ESPEJISMO DE DIOS (Richard Dawkins).

Desordenaré un poco el escrito de Dawkins y comenzaré por La parábola de la tetera de Bertrand Russell:

Muchas personas ortodoxas hablan como si pensaran que es asunto de los escépticos refutar los dogmas recibidos en vez de que sean los dogmáticos quienes los prueben. Por supuesto, esto es un error. Si yo fuera a sugerir que entre la TIERRA y MARTE hay una tetera china girando alrededor del SOL en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desmentir mi aserción, dado que yo he tenido el cuidado de añadir que la tetera es demasiado pequeña para ser descubierta incluso por uno de nuestros más poderosos telescopios. Pero si luego yo digo que, como mi aserción no puede refutarse, es una presunción intolerable por parte de la razón humana dudar de ello, pensarán de mí, con toda la razón del mundo, que estoy diciendo sinsentidos. Sin embargo, si en los libros antiguos se afirmara la existencia de esa tetera, enseñada como la sacra verdad cada domingo, e instilada en las mentes de los niños en la escuela, la duda a la hora de creer en su existencia se convertiría en una seña de excentricidad y harían que un psiquiatra reconociera al dubitativo en una era ilustrada, o un inquisidor en una era anterior.

No gastaríamos nuestro tiempo afirmando eso porque nadie, hasta donde yo sé, adora las teteras; pero si nos presionan, no vacilaríamos en declarar nuestra firme creencia de que, positivamente, no hay ninguna tetera orbitando. Sigue leyendo

CURIOSO EJERCICIO DE “ESPIRITISMO” DE FERNANDO SAVATER


Hace unos meses cierta cadena privada de televisión europea especializada en programar espectáculos especialmente provocativos o chocantes ofreció a sus espectadores lo que con toda propiedad podemos denominar “un plato fuerte”. Se trataba de un sedicente artista de nacionalidad china cuya perfomance consistía en comerse el cadáver de un niño pequeño ante las cámaras. hubo protestas y escándalo entre la, ay, numerosa audiencia.

El esteta caníbal repuso a sus críticos que no conocía ninguna ley que prohibiese específicamente televisar este tipo de banquetes, que él consideraba expresión de un íntimo impulso y a la vez denuncia de la sociedad de consumo en que vivimos. Algunos de los más indignados solicitaron a las autoridades que, si era cierto tal vacío legal, se dictase de inmediato una norma que vetase tales espectáculos…

Me pregunto en nombre de qué debería promulgarse esa ley: ¿quizá de la humanidad? Pero ¿tiene hoy todavía el concepto de humanidad -o, como se decía antaño “la naturaleza humana”- alguna capacidad normativa legítima? ¿No se trata más bien de un confuso residuo del pasado, de inspiración teológica, que sólo funciona de vez en cuando a efectos retóricos pero al que no puede recurrirse ya para orientar las legislaciones de nuestros estados laicos?

Si un ciudadano que paga sus impuestos le apetece devorar cuerpos de niños fallecidos por causas naturales con el debido permiso de sus familiares y una empresa comercial le financia el capricho para que se convierta en espectáculo para adultos… ¿no está en su derecho de hacerlo? ¿No equivaldría prohibírselo a limitar su sacrosanta libertad individual en nombre de un prejuicio “humanista” que él no comparte?

¿Prohibir el trabajo infantil es un prejuicio "humanista"? Después de todo, los niños comen y tienen unas necesidades ¿no? ¿El derecho a tener "infancia" es un prejuicio "humanista"?

Sin duda a lo largo del pasado siglo se apeló reiteradamente a la humanidad como principio para dictar normas legales. Se proclamó solemnemente desde las más altas instancias internacionales la existencia de derechos “humanos” -que fueron reconocidos como los más fundamentales entre todos- y se incluyeron en los codigos gravísimas penas para sancionar los llamados “crímenes contra la humanidad”, los únicos que nunca prescriben.

Y sin embargo… Tales medidas se tomaron a raíz de atentados masivos especialmente graves contra esa misma humanidad: campos de exterminio, bombardeos sobre población civil a escala nunca vista, ideologías totalitarias de alcance letal que aplicaron métodos industriales a la liquidación de personas, etc., los cuales prosiguieron comentiéndose en el lejano oriente o en dictaduras latinoamericanas durante la segunda mitad de la centuria.

Guernika fue arrasada por la aviación alemana al servicio de Franco en la Guerra Civil Española. No es considerado un crimen contra la humanidad porque los criminales ganaron la guerra.

Desde finales del pasado siglo, sin embargo, parece que la propia noción de humanidad entra en cierto tipo, al principio mitigado y luego abierto, de crisis. Ya mucho antes fueron las máquinas las que comenzaron a desplazar y sustituir ventajosamente a los humanos, que tienen toda la dignidad que se quiera (y por tanto la fastidiosa tendencia a reivindicar derechos) pero menos capacidad laboral, menos prestaciones y menos aguante que ciertos aparatos diseñados para producir más en menos tiempo y con menor costo.

A partir del siglo XIX, los capitalistas se han mostrado más interesados en las ventajas del maquinismo que en los problemas del humanismo. Pero a lo largo del proceso de producción, el instrumento ha ido desplazando al sujeto productivo: en la antigüedad hubo herramientas que necesitaban la fuerza muscular humana (o animal) y la dirección racional de los hombres para ser eficaces; luego vinieron las máquinas, que ya no necesitaron ningún aporte muscular pero aún tenían que ser guiadas por el pilotaje humano; después, más y más, hemos ido entrando en la era de los autómatas, que no precisan de nuestros músculos ni apenas de nuestra inteligencia (¿no la hay ya artificial?), se programan unos a otros y nos ofrecen algo así como un modelo computacional no tanto imitado de nuestras neuronas sino al que nuestras neuronas quisieran imitar…

El humano resulta exótico en una moderna factoría robotizada

Por supuesto los humanistas militantes insisten en que sólo los hombres son capaces de ir “más allá” y de trascender nuestros programas culturales o educativos tradicionales, mientras que el ordenador siempre estará confinado en los límites de su sofware humanamente programado. Los cibernéticos les miran con una sonrisilla de conmiseración: “¡Espera y verás!”

Frente a las máquinas, el antropocentrismo humanista puede resultar obsoleto o patético; pero frente al resto de la naturaleza es arrogante, injusto y depredador. ¿Con qué derecho la Humanidad reivindica para sí misma una dignidad superior a las de la Vegetalidad o la Animalidad? En opinión de los ecologistas más radicales, el hombre no sólo no es el Rey de la Creación sino que constituye la mayor amenaza que ésta sufre contra la conservación de su equilibrio.

El Homo Depredador

Según una sana doctrina ecológica, somos seres naturales como los demás, mamíferos con ínfulas disparatadas que esclavizamos al resto de las criaturas, nos reproducimos de una manera escandalosa y polucionamos cualquier paisaje a nuestro alrededor. No ya nuestra especificidad genética sino ni siquiera nuestros logros culturales -cuyas facetas destructivas son por otro lado demasiado patentes- merecen derroche de incienso: los etólogos no se recatan en hablar de culturas también en otras ramas zoológicas, se asegura que ciertos primates son capaces de realizar inventos técnicos y transmitirlos a sus congéneres, así como manejar un lenguaje rudimentariamente simbólico, y concluyen que la llamada “civilización” humana es sólo una variante más desarrollada y especialmente desaprensiva de un proceso evolutivo previo a quienes nos enorgullecemos de poseer “espíritu”.

Foto de la Corporalidad de Fernando Savater. Su "espíritu" no se aprecia en la imagen, pero como a la Iglesia le preocupa lo terrenal, aquello que tiene que ver con lo "humano", esto es, el cuerpo y sus necesidades.

En el campo opuesto al ecologismo radical, los ingenieros genéticos tampoco parecen sentir demasiado respeto por quienes, a su juicio, sacralizan o “naturalizan” exageradamente la vida humana. Si se consideró en su día todo un logro emancipador descargar la compleja delicia de la sexualidad humana de sus obligaciones meramente procreadoras ¿no podremos hoy ir aún más allá en la lucha contra los prejuicios, separando con clínica eficacia la función reproductora de sus chapuceros vínculos con pasiones eróticas e incertidumbres biológicas?

A fin de cuentas, de lo que se trata es de que un óvulo sea fecundado por un espermatozoide en las condiciones que nos parezcan más convenientes, y ese proceso puede realizarse con mayores garantías en un laboratorio y bajo supervisión especializada que dejándolo al azar o a la improvisación de espontáneos tan arrebatados como quizá incompetentes.

Procurar las mejores condiciones para hacer posible la vida humana es una preocupación y ocupación de cualquiera que estime en lo que vale al ser humano.

Tanto el espermatozoide como el óvulo necesitan “donantes”, pero no estrictamente un “padre” y una “madre” en el sentido clásico, tradicional y socialmente embarazoso del término. El útero en el que se lleve a cabo la gestación, por ejemplo, bien puede ser de alquiler y ello implica probablemente un avance: ¿acaso no sabemos, en el terreno inmobiliario, que empeñarse en la propiedad de la vivienda frente a alojamientos alquilados eventualmente (incluso prefabricados y desechables allá donde la modernidad se hace notar con mayor gloria) es un signo de mentalidad arcaica? También la clonación humana, que hoy despierta recelos supersticiosos, puede ser dentro de poco un medio perfectamente adecuado a satisfacer la pulsión de autoafirmación narcisista que implica sin duda el deseo de engendrar progenie.

El cariño materno, el calor, el contacto físico, que todo ser necesita desde que nace para no convertirse luego en un monstruo, no es monopolio de la madre biológica, también cabe en la madre adptiva.

Peter Sloterdijk (en sus Normas para el parque humano) escandalizó a humanistas anticuados refiriéndose -con cierto punto irónico, eso sí- a una “futura antropotécnica orientada a la planificación explícita de las características; o si se podrá realizar y extender por todo el género humano el paso del fatalismo natal al nacimiento opcional a la selección prenatal”. A fin de cuentas, ¿por qué no encargar a la eugenesia la tarea de realizar con eficacia lo que la educación intenta hoy de manera tan dudosamente satisfactoria? ¿Hasta cuándo el concepto de humanidad seguirá siendo una vaca sagrada que no nos atreveremos a apartar del camino del progreso evolutivo? Vamos…

La primera objeción contra el concepto de humanidad es que resulta poco inteligible pero está lleno de sobreentendidos. Se presta más a ser invocado como refuerzo teórico que a ser utilizado como argumento de precisión. Algunos de sus críticos tienen la impresión de que existe la tendencia conservadora a considerar característicamente “humano” a lo que fue humano antes, o sea, algún tipo de tradición cultural.

Humano desarrollando la actividad cultural del deporte

En su Antinaturaleza, Clément Rosset señaló convincentemente que para muchos autores -empezando por Plinio- lo “natural” es lo antiguo, lo que responde al método tradicional, es decir: aquello cuyo artificio nos resulta demasiado familiar para imaginarlo elección nuestra. Quizá lo que denominamos “humano” responda en muchos casos a un prejuicio semejante. Si así fuese, la “humanidad” habría ido variando a través de las épocas y de las latitudes, de modo que la esclavitud, la inferioridad de la mujer o incluso la antropofagia habrían sido humanísimas en ciertos momentos y lugares para dejar de serlo luego, al variar la tradición social hegemónica… aunque no cabe excluir del todo que vuelvan a serlo otra vez al dar un giro los tiempos.

Lo natural en el humano es comer, tener sexo, dormir, reir, jugar...

En este sentido, sería siempre “humano” lo que ha solido serlo al menos hasta hace poco y aún cuenta con leyendas legitimadoras a favor. La humanidad estaría formada por la acumulación sucesiva de las pieles normativas que el ofidio humano ha ido acumulando a lo largo de los siglos y a través de las sociedades. Al espíritu posmoderno, cosmopolita y diacrónico, esos residuos deleznables y venerados le inspirarán más ironía que auténtico respeto.

Sirven para trazar el inventario de nuestras opciones pasadas, pero fracasan al intentar orientar las futuras. Ya el famoso dictum de Terencio -”soy humano y nada humano me es ajeno”- se revelaba poco útil a la hora de juzgar lo preferible. Aún menos lo será su versión posmoderna, que podríamos formular así: “Soy humano y por tanto asumo la inhumanidad como mi más íntimo parentesco”.

FUENTE: EL VALOR DE ELEGIR (Fernando Savater).

Educación cívica para transformar la sociedad


El individuo educado es aquel que reconoce la legitimidad de toda ley que le impone un comportamiento admisible y aceptable por todos, es decir un comportamiento racional y razonable.

Pero es también el individuo que captaría la ilegalidad de toda ley que le impusiera no respetar a la persona de otro como a sí mismo, que le obligase por ejemplo a considerar tal o tal otra categoría de seres humanos como a simples cosas. (PATRICE CANIVEZ).

Que el mundo está desordenado por la injusticia y la violencia, es una constatación inapelable de cualquier conciencia sana; y que por lo visto debemos ser nosotros los nacidos para remediarlo resulta una mala pasada del destino, como señaló oportunamente Hamlet.

Ahora bien, la pregunta es: ¿qué podemos hacer? O, por plantearla de otro modo: ¿cómo ser eficazmente revolucionarios? Sigue leyendo

EL HUMANO ESTÁ CONDENADO A ELEGIR


El problema de la elección, el problema de la vida entera. (Georges Perec, Je suis né)

Todos estamos determinados por el hecho de que hemos nacido humanos y, en consecuencia, por la tarea interminable de tener que elegir constantemente, tenemos que elegir los medios juntamente con los fines. No debemos confiar en que nadie nos salve, sino conocer bien el hecho de que las elecciones erróneas nos hacen incapaces de salvarnos. (ERICH FROMM, El corazón del hombre).

A continuación voy a transcribir un “fragmento” del capítulo primero (El principio del hombre) del libro EL VALOR DE ELEGIR, de FERNANDO SAVATER:

A la pregunta sobre el origen del hombre se dan dos respuestas: “La primera hace que el hombre provenga de Dios, la otra del animal. La primera no es científica y la segunda es equívoca, precisamente desde el punto de vista científico. Por otra parte, es curioso que ambos puntos de vista tengan un presupuesto común, a saber: que el hombre no puede ser comprendido desde sí mismo; que sólo puede describirse o interpretarse con categorías extrahumanas”. O bien el hombre es una criatura fabricada por Dios a su imagen y semejanza, es decir, un pariente divino aunque caído y por tanto menesteroso, un sub-dios… o bien es un mono que ha evolucionado hasta alcanzar un éxito abrumador sobre el resto de sus congéneres, un super-animal. Sigue leyendo

AMÉRICA: DESCUBRIMIENTO, REDESCUBRIMIENTO, LOS REYES CATÓLICOS, COLÓN Y VESPUCIO


Pese a todos los pesares, errores y abusos, la gesta del descubrimiento está ahí. Quizás, como se dice en el artículo, Cristóbal Colón, muy terco él, no tuvo conciencia de haber descubierto UN NUEVO MUNDO y se fue a la tumba en el error….

En el verano de 1476 partió de Génova una flota comercial destinada a vender en Francia, Portugal e Inglaterra la goma de lentisco de Quío. De ella formaba parte Colón, quizá como triste marino.

En agosto, cuando se encontraban estas naves ante el cabo de San Vicente fueron atacadas por el célebre corsario Casenove Coullon. Trabóse el combate: al caer la noche se habían hundido tres barcos genoveses y cuatro del enemigo y cientos de hombres se habian ahogado.

Cabo San Vicente

Entre ellos, fue al agua Colón, gran nadador, el cual, tomando un remo que le ofreció la suerte, pudo llegar a tierra. Tal es el modo como Colón vino a pisar la Península; él mismo lo calificó de milagroso.

Después de haber sido socorrido por las gentes de la costa, pasó a Lisboa, donde residía una numerosa y activa colonia genovesa, y recibió allí hospitalidad y cuidado de sus compatriotas. En este momento de euforia, Colón conoció a la señora con quien acabaría casándose.

Llamábase doña Felipa Moniz de Perestrello y era de familia noble y renombrada. Durante estos años, Colón se dedicó con intensidad al comercio. Parece seguro que colaboró con su hermano Bartolomé en un negocio de mapas que éste había abierto.

Andrés Bernáldez lo describe como “mercader de libros de estampas”, cuando lo conoció en España, profundamente familiarizado con la ciencia cartográfica de la época, y dice que dibujaba con notable perfección.

El 20 de enero de 1486, Colón fue recibido por los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. “Les hizo una relación de su imaginación -dice Bernáldez-,  a la cual tampoco daban mucho crédito, y él les platicó y dijo ser cierto lo que les decía, y les enseñó el mapa mundi, de manera que los puso en deseo de saber de aquellas tierras”.

Al tiempo que Colón empezaba a insinuarse en la voluntad de los soberanos, la influencia de fray Pérez le ganaría la adhesión del contador mayor, Alonso de Quintanilla; por mediación de este último conocería Colón al cardenal Mendoza, quien le concedió audiencia y estimación.

Según algún historiador, fray Juan Pérez puso también al descubridor en contacto con fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel. El fraile consideró con más reservas, si no con hostilidad, las ideas de Colón.

Quizá partió de fray Hernando, que presidió la junta consultiva que se reunió en Córdoba, la decisión adversa al proyecto. En su descargo puede muy bien creerse que influyeron en su negativa la guerra de Granada y la necesidad de dedicar todos los medios hábiles a terminar la campaña, así como la repugnancia a las desmesuradas peticiones de Colón, que a veces se ponía inaguantable.

Capitulación de Granada

Las sesiones de la junta se fueron celebrando de tarde en tarde y, durante su curso, Colón gozaba de auxilio económico de los reyes. La opinión de los más de ellos, oída la plática de Colón, fue que decía verdad”, dice Bernáldez.

Altolaguirre afirma que los consultados poseían un concepto de las dimensiones del Globo y la repartición de tierras y agua más aproximado a la realidad que el de Colón.
Éste se disponía ya a salir del campamento de Santa Fe y dirigirse a Francia para ofrecer su idea, cuando la reina Isabel decidió aceptar sus condiciones.

El 17 de abril de 1492 quedaron concertadas entre Colón y los reyes las llamadas capitulaciones de Santa Fe, donde se plasman las altivas y rígidas exigencias del descubridor.

Capitulaciones de Santa Fe

Otra gran figura favorable a Colón en la corte de Fernando e Isabel fue el digamos contador de Aragón, Luis de Santángel, de origen hebreo.
Es muy verosímil que partiese de él, según afirma Las Casas, la suprema instancia a la reina Isabel, que acabó de decidirla a aceptar las proposiciones de Colón.

Con esta resolución tiene contacto la conocida historia de que la reina ofreció empeñar sus joyas para pagar los gastos de la expedición. Santángel se opuso a ello, alegando que semejante rasgo no era necesario. La credibilidad de este pasaje padece mucho por el hecho de que la reina las tenía ya empeñadas con anterioridad para rescatar la ciudad de Baza.

Por lo demás, esto de que el monarca empeñase la ropa ocurría cada dos por tres. Ya lo hemos visto atribuído a Enrique III, y el propio Carlos I vendió unos zapatos de su mujer cuando enviudó.

Maravedí

¿Cuánto costó descubrir América? Según Caddeo, dos “cuentos”, o sea, dos millones de maravedís, que vienen a ser unos cincuenta millones de pesetas de 1992, sea dicho con absoluta inexactitud.

¿Quién los proporcionó? El converso citado Luis de Santángel adelantó 1.400.000 maravedís en compañía del genovés Francisco Pinelo. Colón puso medio millón según Las Casas, o “la meytad del gasto” según dice su memorial de agravios posterior; difícil es concretarlo.

¿De dónde los sacó? Aun siendo imposible discernir exactamente quién le prestó el dinero y en qué cantidad, pudo provenir éste de sus relaciones comerciales con casas genovesas, de su amiga doña Beatriz Enríquez de Arana y de los Pinzón, y lo más fácil es que en diversa cuantía entrasen todos en la suma.

En este punto conviene situar brevemente en su justo lugar la intervención del rey Fernando el Católico en la preparación de la empresa y, de rechazo, toda la actuación aragonesa en ella.

Retrato del rey Fernando el Católico

Ha sido un tópico frecuente el de poner en contraste en general el presunto idealismo de Isabel con la reserva fría de su esposo; al aplicar esta falsilla a la gestación del descubrimiento, ha venido a resultar que la soberana fuese protectora decidida de Colón, y don Fernando remolonease mirando solamente el gasto, la dificultad o el cariz fantástico de la iniciativa.

No hay tesis más inverosímil que ésta, porque lo cierto es que si el Rey Católico se hubiese mostrado adverso al proyecto, éste o no habría cobrado existencia en absoluto o la habría hecho tras dificultades mayores.

Con el mismo afán de frases hechas o tópicos, se ha pretendido dejar en la sombra -o en lugar muy secundario- la intervención catalanoaragonesa en el descubrimiento. Ésta no es insignificante.

La elaboración jurídica, administrativa y económica de la gesta colombina estuvo casi por entero en manos de súbditos de la Corona aragonesa, y es muy posible que la reina, harto enterada de las geniales cualidades de su esposo para tales asuntos, le confiase por entero el planteamiento de la empresa.

Recuérdese la utilización en América de una institución característica de la Corona de Aragón como es el virreinato.

Aprovechando la ocasión, adelantaré que no es verdad que los súbditos de la misma fuesen excluidos del comercio con América. Lo que sí es cierto es que ésta fue anexionada a la Corona de Castilla y también que Sevilla fue el único puerto autorizado para el comercio americano, cosa que perjudicó tanto a los catalanes como a los asturianos o a los malagueños.

Pintura o Cuadro del Puerto de Sevilla en el siglo XVI

Volvamos a nuestro asunto.

Observemos la impropiedad que existe en hablar de las tres carabelas de Colón, defecto al que cedemos en aras de la sencillez. Sólo eran carabelas dos de ellas, la Pinta y la Niña; la Santa María era una nao. Las dos primeras fueron proporcionadas por los hermanos Pinzón, y la última era propiedad de Juan de la Cosa.

La Niña, la Pinta y la Santa María -afirma el almirante Eliot Morison- estaban bien equipadas, bien construidas, bien aparejadas y bien manejadas; eran “muy aptas para semejante fecho”, como el mismo Colón escribió en el prólogo de su Diario.

De este modo, debemos desechar la creencia de que éste se hizo a la mar en “cáscaras de nuez”, en “bañeras” o en absurdos barquichuelos. El viernes, 3 de agosto de 1492, a las ocho de la mañana, las tres naves de Colón partieron del puerto de Palos.

Muelle de las Carabelas

Es triste el caso de esos renombres que nacen por comparación, como si las gentes no se dieran por satisfechas con la noticia de que Fulano es mejor astrónomo, y Zutano, el mejor acuarelista, y apetecieran enfrentarlo con otro colega, y nivelarlo con él, a guisa de reparto y regateo.

Arriban de este modo a la fama por vía injusta y morbosa personas que podían haberla ganado a solas, por sí. Vespucio no tenía necesidad alguna de entrar en comparación -siempre son odiosas- con Colón, para que su nombre se perpetuase en la historia de la navegación. Ambos personajes, por lo demás, fueron amigos en vida y harto ajenos al estropicio consolidado años más tarde.

Jean Descola, en Los conquistadores del Imperio español, dice: “No todo está en descubrir. Hay que dar un sentido al descubrimiento. Los increíbles esfuerzos, las lágrimas y el sudor de sangre del Almirante de la mar océana no habrían servido de nada si un sabio sereno no hubiera borrado el nombre “Cipango” para escribir otro: “Mundus Novus”.

Colón atravesó de parte a parte el mar de las tinieblas, forzó una barrera tenida por infranqueable, tocó en orillas maravillosas, sin ver en ellas más que el reflejo de su sueño interior. Aquel vagabundo sublime miró al Nuevo Mundo con unos ojos ciegos.

Américo Vespucio lo miró de verdad y lo reconoció. De todos modos, el genio visionario y el florentino lúcido pueden darse la mano. Cristóbal Colón sigue siendo el descubridor de América, y Américo Vespucio el que la explicó”.

Monumento a Américo Vespucio en Bogotá

Todos estos triunfos resplandecerían sin tacha si Vespucio no hubiera tenido la desgracia de que un cosmógrafo de tercera categoría, Waldseemüller, publicara en 1507 el comentario a una edición de Ptolomeo atribuyendo el nombre de América a las tierras descubiertas, según él malentendió, por Vespucio.

Unos autores copiaron a otros y difundieron el error.

Dice Henri Vignaud que Vespucio “es de todos los navegantes de la época de los descubrimientos el que recorrió mayor zona costera del Nuevo Mundo. En el primer viaje, la comprendida entre el cabo de Honduras y la Florida, o quizá Georgia; en el segundo exploró el perímetro costero comprendido entre el cabo de San Roque y el golfo de Venezuela. En el tercero, la costa de Brasil entre el cabo de San Roque y la Plata. En el cuarto se movió dentro de la zona recorrida en el anterior.

Llegó a tierra firme antes que Colón (ésta es una afirmación, observamos, que otros valoran con más precauciones), y fue el primero en defender con conocimiento de causa la existencia de una gran tierra continental al Sur de la descubierta por Colón en sus últimos viajes. La obra del Almirante y Vespucio son complementarias; la gloria del primero no se merma un ápice con la indiscutible del segundo”.

La suprema proclamación de sus méritos técnicos está contenida en que se crease para Vespucio, mediante real cédula de 22 de marzo de 1508, el cargo importantísimo de piloto mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla; algo así como -para decirlo en lenguaje moderno- director técnico del tráfico por el Atlántico, con las preeminentes derivaciones de cuidar de la enseñanza y el examen de aptitud de los pilotos que iban a Indias, y la preparación de mapas de las áreas descubiertas.

Fuente: Historia Inaudita de España  (Pedro Voltes)

EL CULTIVO DE LA AGRESIÓN.


Ciertamente, se trata de un video de promoción de un movimiento social determinado, que dió origen al Partido Humanista, pero suscribo lo que en él se cuenta.

FUENTE: LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA (Luis Rojas Marcos).

Hoy, muchas naciones europeas, ante la proliferación de las actitudes fanáticas y fundamentalistas y el aumento de los conflictos raciales, se están cuestionando su capacidad para integrar etnias diversas. Se preguntan si las instituciones sociales podrán dar abasto con el torrente de extranjeros que cruzan continuamente las puertas de estas comunidades en busca de una vida mejor. La sociedad española también se ha visto conmocionada por este tipo de conflictividad social y por continuos incidentes de violencia racista que han afectado a diversos grupos de inmigrantes. En definitiva, con la inmigración y la xenofobia, ambas fuera de control, la meta de la diversidad y asimilación multiétnica en nuestras sociedades alberga poca esperanza. De hecho, muchos están convencidos de que estos grupos “diferentes” nunca serán asimilados. Sigue leyendo

ADOLESCENTES.


fuente: ANTE UNA EDAD DIFÍCIL (Joan Corbella Roig; Carmen Valls Llobet).

Los proyectos de futuro o proyectos vitales de los adolescentes se apoyan sobre los ideales que componen un mundo entre mítico y soñado. Un ideal consiste en un concepto relativo hecho afecto, basado en la idealización de la propia vida y, a menudo, con poco arraigo en la realidad.
Los adolescentes suelen querer parecerse a alguna persona a la que admiran, y también es corriente que tengan el ideal de llegar a convertirse en un personaje famoso; por este motivo los medios de comunicación tienen una gran incidencia en la formación de ideales. Su futuro se estructura precisamente a través de los sueños, las fantasías y las conductas ideales que va interiorizando. Sigue leyendo