La privatización de los fondos de pensiones, por medio de la cual las personas que trabajan hacen un depósito obligatorio en una cuenta de capitalización, que o bien ellos mismos controlan y administran, o bien, lo que sería más común, confían a una institución de su confianza para sus administración, la llamada “solución chilena”, tiene serios problemas.

Fondo de Pensiones de las Viudas Escocesas
En primer lugar no está suficientemente probada. En Chile, que es el único lugar del mundo donde se ha establecido y está plenamente funcionando, lleva en acción pocos años, desde 1982, y todavía no ha comenzado a pagar pensiones.
No se sabe lo que pasaría si en una crisis económica se redujera mucho el valor de los activos acumulados, como pasó en 1987 en la caída de las bolsas, que destruyó miles de millones de dólares en valor contable de activos en un par de días.
¿Que pasaría a las personas cuyas contribuciones de toda una vida, colocadas en acciones y bonos, sufrieran una gran depreciación en una mal día del mercado? ¿O simplemente si lo invierten mal o especulan con sus fondos de retiro?
Se quedarían sin los ahorros de toda la vida o el gobierno tendría que salir en su ayuda reponiendo parte de esos fondos que se ha tragado el mercado. Eso obligaría a los gobiernos que adopten el sistema a disponer de amplias reservas para respaldar los ahorros privados de la “seguridad social”.

Sin Pensión. Mujer Pobre, Excluida y Marginada, Carne de Beneficencia
Sería más sencillo que el gobierno garantice que esa destrucción de valor no suceda por los avatares del mercado, estableciendo un fondo común de jubilaciones garantizado por el erario público, que fuera una mejora del sistema público actual.
Los expertos reconocen que los costes de pasar del sistema actual al nuevo sistema podrían ser enormes y acarrear otros costes políticos. Porque durante mucho tiempo tendrían que subsistir los dos sistemas paralelamente, con la dificultad de que a partir de un cierto momento al fondo antiguo no contribuiría nadie, porque los trabajadores y las empresas donde trabajan colocarían ahora las contribuciones en su fondo personal, y el Estado tendría que sacar dinero de otros usos para pagar las pensiones del plan antiguo.
¿De dónde saldría ese dinero? ¿De nuevos impuestos? No sé si estarían dispuestos a pagar ese nuevo impuesto los defensores del sistema. En Chile se pudo hacer porque los asegurados eran pocos, el fondo estatal era pequeño, el país es pequeño y la operación, que ya tuvo sus problemas al comenzar, se realizó bajo la bota militar de la dictadura de Pinochet.

Pinochet, rodeado de los jefes militares golpistas
Otro problema, como sucede siempre con los planes privados, es la suerte de los más pobres, de los que contribuyen poco a su fondo personal, o porque ganan poco, porque tienen períodos de desempleo, o porque tienen gastos familiares muy elevados para su nivel de ingresos. Se podrían encontrar con un fondo tan exiguo que no les diera ni para recibir el salario mínimo por mucho tiempo.
El Estado tendría de nuevo que intervenir para complementar las jubilaciones de los más pobres. Por lo que se ve que el Estado no se va a librar de contribuir sumas sustanciales a este esquema privado para que funcione con eficacia y equidad.
Y por fin está el coste de administración de los fondos privados, que en Chile se ha estimado en cerca del 30% del valor de los activos de las empresas administradoras de fondos. ¡Lo cual es una barbaridad!

FUENTE: LA SOLIDARIDAD “Guardián de mi hermano” (Luis de Sebastián).
