DESEMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL


Los primeros planes de previsión que existieron en muchos países aseguraban a los trabajadores contra la pérdida de ingresos por sucesos temporales: accidentes laborales en primer lugar, maternidad, enfermedad y desempleo. Estas eventualidades, siendo necesariamente temporales y de corta duración (menos la incapacidad total, que se asemeja a una jubilación prematura, y se trata económicamente como tal), el principio del seguro parece funcionar mucho mejor y de hecho así ha funcionado por medio de mutualidades y cajas laborales que atendían a estas eventualidades.

Mutuas

El seguro privado ha dejado de funcionar en el caso del desempleo industrial moderno, que desde los tiempos de la Gran Depresión se convirtió en un riesgo muy grande de la vida laboral (por lo frecuente, porque afectaba a muchas personas y por su larga duración). Hoy en día ninguna empresa de seguros aseguraría a un trabajador normal contra el desempleo, a no ser por una prima astronómica, que no sería viable para el trabajador.

Este fallo del mercado hace una vez más que intervenga el Estado con un seguro de desempleo obligatorio, que pone en común los riesgos de todos los miembros de la población económicamente activa, pero que está diseñado de hecho para una situación de casi pleno empleo, cuando había pocas personas sin trabajo y el desempleo era de una duración limitada, como sucedía en los países industrializados en los años cincuenta y sesenta (¡cuando se generalizó este seguro en España, la economía estaba cerca del pleno empleo!).

Seguro Estatal de Desempleo

Los problemas para este seguro estatal han venido de que el desempleo afecte a muchas personas, muchas lo cobran que no debieran, y el desempleo dura mucho tiempo. Así el sistema se ha ido transformado de un seguro, estrictamente hablando -en un sentido actuarial, como el seguro del coche-, en un sistema de protección a los necesitados por medio de subvenciones y subsidios a personas sin trabajo e incluso a personas que nunca han trabajado.
Eso ya no es un seguro, sino un sistema de transferencias propio del estado del bienestar.

En nombre de la solidaridad, que busca el bien más común y general, la sociedad debe plantearse el cambio que de hecho se ha dado en las condiciones laborales de la gente y, por consecuencia, en la estructura del subsidio de desempleo -y cómo la gente lo percibe y lo usa- y examinar los supuestos argumentos que habría ahora para seguir manteniendo en la forma actual la institución del seguro de desempleo.

Habría que ver, por ejemplo, si no sería mejor transformarlo, para los que no han entrado todavía en el mercado de trabajo y los que ya no tienen esperanza de volver a entrar, en un “salario ciudadano”, como mínimo económico para vivir al nivel que se considera decente en el país, al que todos los ciudadanos, por el mero hecho de serlo, tienen derecho, y que está en función de las disponibilidades reales del país.

Con el salario ciudadano, aunque nunca se podría evitar el problema de los polizones, se podría controlar mejor quién tiene derecho a él, y se limpiaría la institución del seguro de desempleo de adherencias y parásitos que lo ponen en peligro de hundirse.

Las políticas sociales practicadas en nuestros países, que dan al Estado moderno la característica de estado del bienestar, están en crisis, en parte porque los tiempos han cambiado y con ellos los supuestos económicos objetivos que las hicieron posibles en su día (composición demográfica de la población, ritmo de crecimiento, situación del empleo, innovaciones tecnológicas, etc.), en parte porque las actitudes de los ciudadanos hacia el sistema han ido cambiando también, tratando de maximizar las ventajas, legales e ilegales, que pueden sacar de él, en parte finalmente por los vicios y corruptelas de funcionamiento en una estructura que se ha ido haciendo grande, pesada y compleja, al aumentar las necesidades, la cantidad y calidad de las prestaciones sociales.

Hace falta un gran esfuerzo de la solidaridad política que se objetiva en instituciones y la individual que determina comportamientos solidarios de las personas. La sobrevivencia del estado del bienestar en una forma sustancialmente semejante a la que conocemos será una piedra de toque del nivel de solidaridad de un país.

En resumen, los principios de solidaridad para la reforma de la Seguridad Social y del estado del bienestar serían:

1. El estado del bienestar y el sistema de Seguridad Social que contiene es una conquista larga y dolorosa, y por lo tanto irrenunciable, de los ciudadanos que viven en una democracia como la española. Los gobernantes tienen la obligación de esforzarse al máximo en encontrar fórmulas para mantenerlos operantes, a pesar de los problemas de financiamiento a largo plazo que se han presentado.

2. Hay que hacer conciencia urgentemente entre los beneficiarios de que los abusos los pueden matar: que buena parte de los costes actuales de la Seguridad Social se derivan o bien de pagos fraudulentos a personas que no tienen derecho a ellos, o bien de los abusos en el sistema de previsión por parte de las personas que trabajan en él. Estos costes indebidos e injustos son cada vez mayores y si continúan creciendo van a hacer más difícil la solución a los problemas reales que existen.

Los ciudadanos valoran en lo que vale el Estado del Bienestar y pretenden conservarlo.

3. Hay que explicar a los ciudadanos con argumentos verdaderos que, si la estiman en lo que vale, ellos también deben hacer algún sacrificio para preservarla. La permanencia de la Seguridad Social es una cuestión de la solidaridad de todos los ciudadanos entre sí y con las instituciones del Estado que funcionan con dinero de los contribuyentes.

4. Es urgente buscar formas de organización de los diversos subsistemas y unidades que componen la seguridad social que sean realmente eficientes. En lo cual se debe dar la debida atención a la relación entre incentivos y resultados, para que los usuarios queden satisfechos con la atención que reciben y los que trabajan en el sistema se sientan justamente recompensados.

5. Cualesquiera que sean las reformas que se adopten, se debe organizar la institución de tal manera que también los que nada tienen que ofrecer a cambio de las prestaciones, los que no tienen recursos ni poder social, es decir, los más pobres, reciban una protección efectiva, como los demás ciudadanos que contribuyen al sistema. En otras palabras, que se haga efectiva la cobertura universal, lo cual siempre se podrá hacer con un pequeño coste adicional.

FUENTE: LA SOLIDARIDAD “Guardián de mi hermano” (Luis de Sebastián).

 

Un comentario en “DESEMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL

  1. solo kiero ke pongan en la pagina datos mas exactos sobre el desempleo en el peru y sus tasas de desempleo

    y ke politicas toma el estado para esta situacion
    gracias

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