LA FAMILIA, ¿refugio o infierno?


fuente: LAS SEMILLAS DE LA VIOLENCIA (Luis Rojas Marcos).

La reacción normal ante las atrocidades es exiliarlas de nuestra conciencia. Hay violaciones del contrato social que son demasiado horripilantes como para mencionarlas en alto. Este es precisamente el significado de la palabra inconfesable… Las atrocidades, sin embargo, no se dejan enterrar. (Judith Lewis Herman, Trauma y recuperación. 1992).

La familia constituye el compromiso social más firme de confianza, el pacto más resistente de protección y de apoyo mutuo, el acuerdo más singular de convivencia y de amor que existe entre un grupo de personas. Sin embargo, el hogar familiar es también un ambiente pródigo en contrastes y contradicciones. Nos ofrece refugio donde cobijarnos y socorrernos de las agresiones del mundo circundante y, simultáneamente, nos confronta con las más intensas y violentas pasiones humanas. La casa es el terreno de cultivo donde se desarrollan las relaciones más generosas, seguras y duraderas, y, al mismo tiempo, el escenario donde más vivamente se manifiestan las hostilidades, las rivalidades y los más amargos conflictos entre hombres y mujeres, y entre adultos y pequeños.
La agresión sádica, repetida y prolongada, se produce sobre todo en situaciones de cautiverio. Sucede especialmente cuando la víctima es prisionera o incapaz de escapar de la tiranía de su verdugo y es subyugada por la fuerza física o por imposiciones económicas, legales, sociales o psicológicas. Esta condición se da en las cárceles, en los campos de concentración, en ciertos cultos religiosos, en burdeles y, con mucha frecuencia, en la intimidad familiar. Al contrario de otras circunstancias explotadoras, las cadenas y los muros del hogar no se ven con claridad, son casi siempre invisibles, aunque no menos reales o insuperables.
De hecho, los seres humanos tenemos mayor probabilidad de ser asaltados, maltratados o torturados -física y mentalmente- en nuestro propio hogar, a manos de alguien supuestamente querido, que en ningún otro lugar. Esto no debería extrañarnos, dado que no existe otro animal vertebrado que, impulsado por la pasión de vivenciar el control y el dominio total sobre otro ser, llegue a agredir con mayor indiferencia y crueldad a sus compañeros de vida, a los miembros de su propio clan, e incluso sienta satisfacción al hacerlo.
La violencia familiar suele estar escondida celosamente de la luz pública, rodeada de una coraza protectora de tabú y de silencio. La razón es que, en la mayoría de las culturas, el hogar constituye la esfera más privada y oculta de la existencia humana.
A lo largo de la historia, dentro del seno de la familia, las mujeres y los niños han sido víctimas más frecuentes de la agresión maligna, generalmente por parte de los hombres. En los hogares donde hay mujeres maltratadas también suele haber niños maltratados. Su menor fortaleza física les hace objetos más fáciles y convenientes de explotación y de abuso. Por otra parte, la vejación de mujeres y niños ha sido en gran medida amparada por viejos principios culturales, por costumbres sociales y por normas religiosas que tradicionalmente han promulgado la subyugación casi absoluta de la mujer al hombre y de los pequeños a sus progenitores.
En cuanto a la violencia conyugal, durante siglos, en casi todas las sociedades, la mujer ha soportado indefensa y en silencio los abusos de su compañero. Parece que, en algún momento fatídico de la civilización, el tejido del matriarcado se desintegró coincidiendo con la aparición de las religiones monoteístas que ineludiblemente identificaban a un dios masculino. Estas creencias casi siempre fueron interpretadas bajo formas devaluadoras y discriminatorias hacia la mujer.
Abundan los proverbios que reflejan agudamente esta distorsión cultural de la figura femenina. Por ejemplo, una frase atribuida a Buda atestiguaba que “el cuerpo de la mujer es sucio y no puede ser depositario de la ley“. Una oración hebrea reza: “Adorado seas, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, que no me has hecho mujer.” Santo Tomás de Aquino escribió: “El hombre está por encima de la mujer, como Cristo está sobre el hombre.” Y, de acuerdo con un dicho oriental, “el cielo de la mujer está a los pies del hombre.” La brutalidad contra la mujer dentro del ámbito del hogar se manifiesta más crudamente quizá en la siguiente adivinanza popular española. “¿En qué se parecen las mulas a las mujeres? En que las dos funcionan mejor después de haber recibido una buena paliza.”
Según un reciente informe de Naciones Unidas, tanto en los países industrializados como en aquellos que se encuentran en proceso de desarrollo, para la mayoría de las mujeres la violencia empieza en el hogar, a manos de los padres, de los hermanos o de la pareja. Al contrario de lo que sucede con los hombres, más de las dos terceras partes de los actos violentos pepetrados contra mujeres son cometidos por alguien cercano a ellas. De hecho, los daños físicos que sufren estas mujeres son mucho más graves cuando el agresor es un miembro del hogar familiar que cuando se trata de un extraño. Igualmente, las mujeres tienen más probabilidades de ser violadas por alguien conocido que por un desconocido. Sin embargo, cuando son víctimas de un crimen violento y el autor es un miembro de la familia, tienden a no denunciarlo a la policía por miedo a las represalias.
Cuando el agresor utiliza el terror, unido a recompensas manipuladoras intermitentes y a la dependencia forzada, a menudo logra la sumisión y obediencia de su pareja. Pero, por lo general, el último objetivo en el control psicológico de la víctima se logra cuando se la obliga a quebrantar sus propios principios y a traicionar sus relaciones humanas más básicas. En el momento en que la persona maltratada participa a la fuerza en el sacrificio de otros se puede decir que su voluntad está verdaderamente rota.
En situaciones de agresión conyugal continuada, muchas mujeres se ven forzadas a transgredir sus valores y a acceder a prácticas sexuales que consideran repugnantes, humillantes o inmorales. Otras tienen que mentir a la fuerza o tienen que ocultar actividades ilegales del cónyuge. La más penosa traición, sin embargo, ocurre cuando la coacción llega al extremo de sacrificar a los hijos. Hay mujeres que a pesar de no atreverse a defenderse a sí mismas, protegen a toda costa a los criaturas. Pero hay otras que están tan atemorizadas o amedrentadas que no osan intervenir, ni siquiera cuando son testigos presenciales de actos brutales contra sus hijos. Llegado este momento se puede considerar que la desmoralización de la mujer maltratada es total.
Sobre el maltrato de los niños en la intimidad del hogar, no debemos olvidar que, desde principios de la civilización, los menores han sido objeto de abandono, de abuso y de violencia indiscriminada por parte de sus mayores y especialmente de sus progenitores. En la actualidad, el abuso de las criaturas es una de esas formas de violencia que la sociedad llama “increíbles”, quizá porque todavía no está equipada para afrontar decidida y directamente este trágico problema. En particular, las personas que son padres se resisten a creer que alguien pueda tratar con crueldad y ensañamiento a sus propios hijos. Mientras que quienes se identifican con los pequeños, se preguntan conmovidos cómo un ser humano conscientemente puede hacer sufrir a una criatura. La suposición inmediata es que se debe de tratar exclusivamente de personas anormales, psicóticas, retrasadas mentales, obnubiladas por las drogas, o abrumadas por el estrés, la ignorancia y la pobreza.
La realidad, sin embargo, es que la explotación de los niños no tiene fronteras de estados mentales ni de clases sociales. Lo que sucede es que los casos registrados en hogares pobres o a manos de enfermos mentales suelen salir a la luz pública más frecuentemente. Los malos tratos a niños de familias “normales”, de clase media o alta, tienden a pasar más desapercibidos, acontecen a puerta cerrada, a escondidas, y a menudo no se descubren durante largos períodos de tiempo.

5 thoughts on “LA FAMILIA, ¿refugio o infierno?

  1. tenho 25 años soy de outro pais me enamorei del que ahora es mi marido y tengo una hija. constantemente sufro maltratos psicologico. ele es una persona completamente egoista, pensa nada mais que en elle.critica mi manera de vestirme siempre dis que soy orteras,critica como limpio la casa,no me permite tener amigos, echa en mi cara asta el plato de comida que como cada dia, no le gusta que me maqueio,my ensulta sempre dis que estoy loca es copletamente egocentrico, frio arrogate, violento, pega puñetasos en la pared quando esta nervioso y dis que es por no pegar en mi…….. Y SABES POR QUE AGUANTO TUDO ISO CALLADA ? POR QUE AMENAZA DE QUITARME EL MAIS LINDO QUE ME A PASADO EN LA VIDA……. MI HIJA tengo 25 años y elle 35años y ahora tiene complexo de inferioridad, aum que quiere ser superior a qualquera cueste lo que cueste

  2. El mal radica en que la persona maltratada ya ha perdido el norte y asume como normal que la traten mal. Ya no tiene perspectiva de una vida digna la ha ido perdiendo progresivamente, este es el drama. Ahí es donde debe actuar la sociedad educando mentes sanas y dignas, reprendiendo conductas violentas. Cuando el trauma es total aportar la recuperación. Por desgracia la violencia psicológica es sutil, pausada muy difícil de demostrar…

  3. Estoy muy de acuerdo contigo, Rosa. La ley debería amparar y dar una salida a todas estas personas que sufren el maltrato familiar. Lo de la asistenta me parece muy “fuerte”, pues lo de no podemos hacer nada me suena a excusa. En el artículo se hace referencia al momento en el que la desmoralización de la mujer maltratada es total: cuando no se ve capaz de defender a sus propios hijos del maltrato de su propio maltratador. En fin, es duro saber que hay familias en las que uno o más miembros de la misma sufre el maltrato de los otros componentes de ese núcleo. Entre otras cosas, porque lo “normal”, lo más habitual y mayoritario es que encontremos calor, comprensión y apoyo dentro de esa célula básica de cualquier sociedad humana.

  4. Por desgracia hay mucha muchisima parte oscura son muchas las personas que al llegar a su casa descargan sus fustraciones, sea porque beben sea porquue se cree con derecho, debido a mi trabajo oigo , me explican y veo situaciones que son de pelicula de terror, a veces creo que es masoquismo porque hoy en dia hay muchas formas de poder actuar y hay muchas ayudas. Lo mas jodido es que hay casos en que aunque una persona no quiera la asistenta social deberia actuar y pasar al juez el parte, tengo una amiga maltratada fisica y psicologicamente, hace muchos años, cuando era mas joven no lo aceptaba y nos mentia ahora esta muy enferma, practicamente invalida con 46 años vejez premetura, pero en su casa lo va haciendo todo cuando recibe una ayuda economica por su total incapacidad 80% el marido lleva en el coche la tarjetita de minusvalia, cuando “nunca ” si no es que le toca ir al medico la saca a la calle, antes de estar tan mal hable con la asistenta y porque empezo a explicar las palizas, la asistenta me explico que la habian llamado y que no queria nada que no iba a tirar 30 años por la borda, “pero ella no esta capacitada para decidir le pega hasta la hija, “ya pero si ella no quiere denuciar” en me dijo la asistenta en mi segunda visita. Hace 2 meses los vecinos(eso que estan acostumbrados y son incapaces de si hace falta llamar cada dia que es lo que yo haria)llamaron a los mossos, se lo llevaron hablaron con ella, ella de denuciar nada durmio en el cuartelillo(o como se llame ahora y al dia siguiente a la calle, san tornemi estamos igual, cuando me explica lo que le ocurre, cuando me explica las vejaciones que sufre, creo que los servicios sociales son una mierda, porque una persona enferma como ella deberia tener unos cuidados que no tiene, eso de entrada y despues si los mossos van a la casa aunque ella no denuncie en su estado, no puede decidir, como esto hay mucha gente, y hablas con los servicios sociales y si no hay denuncia no hay accion, eso es injusto, porque mucha gente por costumbre y otros por miedo no lo hacen, cuando uno es consciente de lo que le ocurre y lo aguanta vale, pero hay personas que no estan capacitadas, y la ley deberia ampararlas, y eso no ocurre,

  5. En el artículo se habla más de infierno que de refugio familiar, lo admito. Lo cual no quiere decir que yo piense que la familia es un infierno. Todo lo contrario. Es más, estoy convencido de que en la mayoría, muy mayoritaria, de los casos, la familia es un refugio, un oasis, un lugar en el que todos y cada uno de sus miembros encuentran lo que cualquier ser humano necesita para sentir que tiene una existencia que vale la pena: apoyo, amor, compañía, equilibrio…. Y dado esto por supuesto, el artículo se centra en la otra cara, cruel y oscura, de la moneda.

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