EL ORGANISMO HUMANO ES UN SISTEMA INTELIGENTE

Sin comentarios.

La drapetomanía (drapetes era el esclavo que huía) es una enfermedad que se propagó entre los esclavos negros del sur de los Estados Unidos en el siglo pasado. El Síntoma principal era un deseo irrefrenable de huir, una conducta que en la época era juzgada completamente irracional: “cuando el hombre blanco le obliga por la fuerza a ir al trabajo, el negro realiza su tarea de manera desganada y distraída, aplasta con los pies o arranca con la hoz las plantas que debería cultivar, rompe las herramientas de trabajo y arruina todo lo que puede arruinar”.

PETR SKRABANEK Y JAMES MAcCORMICK

Toda nuestra educación, todo nuestro sistema moral e incluso la medicina clásica reflejan la idea de que el guía (o en otras palabras, el que coordina lo que ocurre dentro de nuestro organismo) está loco, por lo que debe ser controlado con preceptos morales, voluntad y ejercicio y llevado por el camino correcto con castigos, antibióticos, vacunas, vitaminas, operaciones o represiones, según los casos, para evitar que su naturaleza ilógica e incontrolable nos lleve hacia la autodestrucción.

Es más, si no lo hacemos así, puede suceder de todo. Este concepto no sólo invade, sino que claramente contiene buena parte de la medicina y de la psicoterapia generadas en este siglo. De ahí surge la noción de que una dosis de sentido común suministrada desde el exterior puede reencaminar el organismo (en el campo médico), el inconsciente (en el campo psicoterapéutico) y nuestra voluntad (en el campo educativo y escolar).

Aprendiendo a "controlar" la "bestia" interior

La suposición es que la transmisión forzada de valores al estudiante o al paciente es indispensable, como si la persona por sí misma no estuviese animada por una organización sana que quiere sólo lo mejor.

Como ocurre en cualquier otro ecosistema, es fácil pensar que también el organismo humano se rige por una forma intrínseca de autogestión, capaz de coordinar todas sus necesidades fisiológicas y psicológicas. Una coordinación de este tipo sólo puede presuponer un instrumento que vaya más allá de la conciencia.

Si la conciencia se forma en relación con la breve historia de un individuo, por su naturaleza sólo puede ser contingente, influenciable y, por lo tanto, poco confiable con el objetivo de mantener un equilibrio tan complejo y sofisticado que se ha formado a lo largo de millones de años.

Por todos estos motivos y por cómo ha sido nuestra experiencia, somos más propensos a creer que en cuestión de coordinación existe un nivel posterior capaz de girar alrededor de los fanatismos del momento, los condicionamientos morales y educativos, culturales, ideológicos, religiosos, históricos, familiares y todos los factores contingentes por los cuales uno está influenciado en un momento concreto.

Pero si no se trata de la conciencia, es igualmente difícil creer que esta organización inteligente esté representada por alguna otra estructura psíquica concreta, o como hemos mencionado paradójicamente al principio, por un guía. En un ecosistema, como lo es el organismo humano, no tiene ningún sentido conjeturar una jerarquía, desde la premisa de que no existe un centro y que, si existe, se encuentra en todas partes.

Empecemos entonces a movernos en la óptica de que existe una forma de gestión y de que no está loca, sino oculta, como el sistema operativo de un ordenador, capaz de administrar una cantidad de información mucho más grande de la que vemos en pantalla.

E inconsciente, como es necesario que sea para lograr administrar en el tiempo más breve posible la formidable cantidad de información que surge de la experiencia, las sensaciones, las percepciones y probablemente también de una serie de dimensiones desconocidas para nosotros. No sólo presente en cada parte del sistema, sino como el ADN que se encuentra en cada célula individual del organismo.

Pensamos en una organización inteligente instrínseca al sistema en su conjunto, que, precisamente porque no está loca, frente a información nueva, tiene la capacidad de autocorregirse continuamente, de realizar nuevas elecciones, de reorientarse. Con estas presuposiciones, el criterio con el que nos plantamos ante cualquier problema físico, psicológico o moral sólo puede ser modificado radicalmente.

Puesto que, a esta altura, el objetivo ya no es sustituir dicha gestión interna con la presunción de saber mejor cómo actuar, sino colaborar y sumistrar la información que puede ser útil para decidir mejor.

En el campo psiquiátrico, los delirios de los enfermos son considerados gratuitos y sin sentido. En geriatría la forma de hablar incoherente de los enfermos de Alzheimer se considera igual, que no tiene una justificación distinta de la del chirrido producido por un aparato que no funciona.

Delirio

Hace tiempo, los sueños de las personas y los dibujos de los niños gozaban de la misma consideración. Ahora, en varios campos, empieza a emeger otra orientación y muchos investigadores ofrecen una valoración distinta de lo que el organismo produce espontáneamente, viendo en el síntoma un intento del organismo por reorganizarse de una manera más sana y de curarse.

A partir de esta iniciativa innovadora, se empiezan a tomar en serio las alucinaciones de los enfermos mentales, como también se hizo con los sueños en el siglo pasado. Si antes de Freud eran juzgados los delirios sin sentido, hoy, gracias al psicoanálisis y a todas sus variadas ramificaciones, son ampliamente reconocidos y utilizados como herramientas de crecimiento personal, sea por sus mensajes simbólicos o como formas de arte espontáneo.

De igual manera, si para los enfermos de Alzheimer hoy existe la terapia de validación, que revaloriza la función y el sentido de lo que ellos generan, dicen o hacen, no hay que excluir la posibilidad de que algún día, si seguimos con esta lógica, se llegue a descubrir que hay un criterio que subyace en la aparición de una enfermedad invalidante como la esclerosis múltiple (o detrás de una simple gripe).

De hecho, a partir de la experiencia clínica de numerosos profesionales, a menudo ha quedado en evidencia que precisamente las personas que desarrollan esclerosis múltiple son, paradójicamente, personas que en una fase anterior se hicieron cargo de otras personas durante mucho tiempo (personalmente o como enfermeras, profesionalmente).

Por lo tanto, no se puede excluir que con la enfermedad se encuentren en un estado exasperado de dependencia justamente por una lógica compensación. Así, si nos ponemos a examinar la historia concreta de distintas personas afectadas por el síndrome de cansancio crónico, a menudo se verifica una hiperactividad, una vida densa de compromisos profesionales o humanos que durante muchos años han saturado cada trocito de tiempo y de energía.

Si observamos estas conexiones, resulta creíble que la enfermedad responda a un diseño concreto o, mejor dicho, a un principio imprescindible de autorregulación que, si en un nivel macroscópico compensa la estructura psicológica del individuo, a nivel microscópico puede reflejarse sobre las reacciones bioquímicas y orgánicas.

Pero, ¿cuál es el principio en el que se inspira un organismo cuando compensa la vida de un individuo de una manera tan prepotente y radical? El gran riesgo que se corre al intervenir terapéuticamente desde fuera sobre el proceso psicofísico de una persona es el de interrumpir el equilibrio.

El organismo humano naturalmente tiende al mantenimiento de una condición de estabilidad (denominado por la ciencia homeostasis, pero que podría se definido mejor como homeodinámica para clarificar el nexo entre el continuo trabajo de adaptación y la estabilidad que dicho trabajo ofrece para mantener).

Gracias a este mecanismo, tenemos 37ºC de temperatura tanto en verano como en invierno o no engordamos cinco kilos si comemos cinco kilos de zanahorias, ni adelgazamos cinco kilos si nos pasamos cinco días sin comer o si perdemos cinco litros de líquidos si corremos bajo el sol. ¿Qué ocurre entonces cuando se interviene en la homeostasis?

FUENTE: PENSAR CON EL CUERPO (Jader Tolja, Francesca Speciani).

5 pensamientos en “EL ORGANISMO HUMANO ES UN SISTEMA INTELIGENTE

  1. Q INTEREZANTE ESTA, NOTA SOVRE EL ORGANISMO HUMANO Y ME ENCANTO MUCHISIMO Q PUSO EL AUTOR SOVRE NUESTRO ORGANISMO, Q NOSOTROS POSEAMOS CON MUCHO ENTUSIAMO YA Q TENEMOS; Q PENSAR MUCHO CON NUESTRO HORGANISMO Q REQUIERE UNA TOTAL CRIATIVIDAD EN EL ORGANISMO Y Q TENEMOS Q CUIDARLO MUCHO

    LUCAS

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s