LA QUÍMICA ANTIGUA DEL NUEVO MUNDO Y EL INUSITADO INTERÉS OCCIDENTAL POR EL CONOCIMIENTO DE LOS CURANDEROS INDÍGENAS


Limitaré a Suramérica y Mesoamérica mi debate sobre química antigua en el Nuevo Mundo. Mientras el Viejo Mundo se centraba en la alquimia, el Nuevo Mundo lo hacía en la farmacología, la psicofarmacología y lo que podría llamarse farmacología tóxica. Aunque todos los amerindios trabajaron en estas áreas, los descubrimientos más notables se lograron en Suramérica y Mesoamérica.

Los conocimientos químicos relacionados con la medicina impregnan todas las culturas antiguas e indígenas. Las curas de hierbas que hacían los chinos y han quedado documentadas comenzaron alrededor del año 300 a.C.; los asirios recopilaron unas mil plantas medicinales durante los mil quinientos años que duró su civilización; los hindúes, los egipcios y posteriormente los griegos dejaron al mundo un enorme legado de técnicas de herboristería y curas con hierbas medicinales.

Gran parte de estos conocimientos ha constituido el fundamento de la medicina occidental. Por ejemplo, el uso de la corteza de sauce, cuyo contenido de ácido salicílico la hace ser analgésica y antipirética, está documentado en un antiguo papiro egipcio, el papiro de Ebers, como un medio para combatir la fiebre. El ácido salicílico combinado con anhídrido acético se conoce actualmente como aspirina (ácido acetilsalicílico).

Papiro Ebers

Los pueblos nativos del Amazonas -a los que la mayoría de occidentales considera primitivos y supersticiosos- habitan una de las zonas de la Tierra más ricas ecológicamente y destacan por lo completos que son sus conocimientos farmacológicos.

La cuenca del Amazonas abarca más de 7.000.000 de kilómetros cuadrados de terreno dotado de la vida vegetal más diversa que hay en el mundo, con más de ochenta mil especies de plantas superiores, lo que constituye casi un 15 por ciento de la vida vegetal total del planeta.

Cuenca del Amazonas

Se extiende por gran parte de Brasil y zonas de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. La población humana que habita en la cuenca del Amazonas es también variada, con pueblos nativos que hablan más de quinientas lenguas. Estos pueblos desarrollaron unos inmensos conocimientos, demostrados a lo largo del tiempo, en relación con los poderes curativos de las plantas locales.  Se han identificado unas mil seiscientas especies utilizadas por la población amazónica.

En un estudio pionero, Richard Evans Schultes y Robert F. Raffauf recopilaron un compendio exhaustivo de 1.516 plantas venenosas y medicinales de la cuenca del Amazonas. Algo menos de la mitad de estas plantas  ha atraído ahora en Occidente el interés de científicos, investigadores y empresas farmacéuticas que quieren utilizarlas con fines farmacológicos y comerciales.

La cafeína, con sus aplicaciones tanto comerciales como medicinales, se ha encontrado en la corteza del yoco, una planta trepadora de las selvas tropicales a partir de la cual los indios hacen una bebida estimulante, y en la Ilex guayusa, utilizada por algunas tribus ecuatorianas como estimulante y como vomitivo. (A propósito, el café no es originario de Suramérica, sino que parece proceder de algún lugar de Etiopía.)

Sin embargo, el más fuerte de todos estos estimulantes tiene su origen en Perú. Se trata de la cocaína, procedente de la coca, Erythoxylon coca, originaria probablemente de la Amazonía, pero muy arraigada en las zonas montañosas en que vivían los incas en tiempos de Pizarro.

Planta de la Coca

John Mann, autor del libro Murder, Magic, and Medicine, publicado en 1991, escribe lo siguiente:

Los incas creían que los dioses habían regalado la coca a los seres humanos para satisfacer el hambre de éstos, para proporcionarle un nuevo vigor y ayudarles a olvidar sus miserias… Estaba íntimamente unida a sus ceremonias religiosas y a los diversos ritos de iniciación, los chamanes la utilizaban para inducir un estado similar al trance con el fin de comunicarse con los espíritus. Este producto era demasiado importante para que lo usaran los indios de cualquier nivel social, por lo que el acceso a la coca estaba muy limitado antes de la invasión de Pizarro y sus conquistadores.

Sólo después de que los españoles destruyeran la civilización incaica llegó a ser común el abuso de la cocaína. Posteriormente los occidentales descubrieron los efectos narcóticos de la cocaína y la utilizaron como anestésico. En los tiempos modernos ha sido sustituída por los anestésicos sintéticos, de los cuales el más conocido es probablemente la novocaína.

Esto no quiere decir que las drogas empleadas por placer estuvieran mal vistas. La planta utilizada para la bebida alucinógena que preparaban los pueblos de todo el Amazonas y de América Central recibe nombres diferentes: ayshuasca (“enredadera del alma”), caapi, natema, pinde y yajé, siendo su nombre latino Banisteriopsis caapi.

Entre los efectos de esta planta dioica trepadora que crece en la selva cabe citar las alucinaciones con depresión leve, que pueden potenciarse añadiendo numerosos aditivos tóxicos. En particular, las hojas de la Psychotria viridis y de la Diplopterys cabrerana se utilizan para ampliar temporalmente el efecto y para intensificar el color y las imágenes que aparecen en las visiones.

Psychotria Viridis

Ambas contienen un alcaloide tóxico y altamente alucinógeno llamado dimetiltriptamina (DMT), que no tiene efecto alguno si se bebe sin un inhibidor de la monoamina oxidasa (MAO). Sin embargo, la Banisteriopsis caapi contiene sustancias (B-carbolinas) que efectivamente inhiben la enzima monoamina oxidasa.

Richard Schultes comenta: “Uno se maravilla de cómo unos pueblos que viven en sociedades primitivas, sin conocimientos de química o fisiología, consiguieron en un momento dado encontrar una solución para la activación de un alcaloide mediante un inhibidor de la monoamina oxidasa. ¿Fue pura experimentación? Tal vez no”.

¿Cómo supieron los nativos qué era lo que podía producir este efecto entre el enorme número de plantas que tenían a su disposición? ¿Por qué probarían en principio esta bebida?

Banisteriopsis Caapi

Según Schultes y Raffauf, “este bebedizo es extremadamente amargo, a veces nauseabundo, y suelen producirse vomitos la primera vez que se ingiere esta poción. Casi siempre provoca diarrea”. Además, la Psychotria viridis y la Diplopterys cabreana son venenosas en sí mismas, por lo que surge de nuevo la pregunta: ¿qué pudo inducir a los nativos de la Amazonia a intentar utilizarlas?

El veneno para flechas que se usa en la cuenca del Amazonas, el curare, se prepara con plantas del género Strychnos linnaeus, habitualmente a partir de la corteza y las raíces de cualquiera de las veintiocho especies de esta planta trepadora, muchas de las cuales producen frutos comestibles.

Planta del Curare

Cuando entraron en la Amazonía, los españoles tuvieron una experiencia de primera mano en relación con la potencia de este veneno. Francisco de Orellana escribió: “Los indios han matado a otro compañero nuestro… y, en realidad, la flecha no penetró ni medio dedo, pero, como llevaba veneno, este compañero nuestro entregó su alma a Dios”.

En la búsqueda de curas para el cáncer y el sida, las empresas farmacéuticas y los centros de investigación occidentales están intentando explotar los conocimientos de los curanderos indígenas para conocer mejor el aprovechamiento farmacológico de la variada flora existente en las llamadas selvas lluviosas o junglas tropicales.

Un artículo del National Cancer Institute (NCI) habla de que las plantas consideradas “potentes” por los chamanes nativos -es decir, aquellas que poseen múltiples aplicaciones medicinales en las farmacopeas nativas- producían una mayor efectividad medicinal contra el virus del sida (25 por 100) que las plantas seleccionadas aleatoriamente (6 por 100).

National Cancer Institute

Sin embargo, este porcentaje se redujo cuando el CNI siguió los procedimientos farmacéuticos rutinarios de “eliminación de réplicas” (dereplication) o selección de extractos vegetales; es decir, la separación de esos extractos a partir de sustancias de la planta natural, tales como taninos y polisacáridos, con el fin de aislar los que el NCI consideraba que eran los ingredientes activos.

Después de aplicar este procedimiento, la efectividad de las plantas caía hasta casi el mismo porcentaje que daban las plantas seleccionadas de forma aleatoria. Tras reconocer que esta eliminación de réplicas “suprime compuestos de los que se sabe que ejercen una acción inmunoestimulatoria” y que los agentes antivirales pueden encontrarse en los taninos, Michael Balick, del Institute of Economic Botany de los Jardines Botánicos de Nueva York, afirmó: “Así…la recogida etnobotánica general no parece aportar ventajas en el desarrollo de iniciativas para el tratamiento del sida”.

Jardín Botánico de Nueva York

M:M. Iwu, del Departamento de Farmacognosis de la Universidad de Nigeria, dice que compuestos tales como los polisacáridos y los taninos “son lixiviados durante algún tiempo en el sistema circulatorio y son expulsados gradualmente de las proteínas o macromoléculas… La eliminación de réplicas puede ser inicialmente un método adecuado dado nuestro nivel actual de conocimiento, pero, una vez que hemos comprendido como funcionan estos compuestos, puede que este método de valoración ya no sea apropiado…”

Walter Lewis y Memory Elvin-Lewis del Departamento de Biología de la Universidad de Washington llegaron a la misma conclusión y citaron varios ejemplos de plantas que eran “realmente” activas desde un punto de vista médico entre las utilizadas por los indios jíbaros de Suramérica.

Estos investigadores escribieron: “Vale la pena examinar unos pocos ejemplos de plantas seleccionadas individualmente entre las utilizadas por los jíbaros con fines medicinales y cuya utilidad específica se ha verificado por métodos científicos”.

Lewis y Elvin-Lewis citan la planta sagrada que lleva por nombre Ilex guayusa y que utilizan los jíbaros como estimulante, debido a que tiene una alta concentración de cafeína, junto con algún rastro de teobromina y teofilina, conocidas ambas sustancias como inhibidoras del apetito (que son útiles si no sabemos con seguridad de dónde procede nuestra próxima comida).

Ilex Guayusa

También mencionan las plantas llamadas Cyperus articulatus y C. prolixus, utilizadas por los indios para hacer una infusión que favorece las contracciones y disminuye la hemorragia durante el parto.

Los conocimientos farmacéuticos de los indígenas están enraizados en la experiencia empírica.

Cyperus Articulatus

Después de pasar un año viviendo con los achaninca en la Amazonia peruana el antropólogo Narby contó cómo llegó a confiar en sus planteamientos empíricos para desarrollar nuevos fármacos:

Los nativos de Quirishari enseñaban mediante ejemplos, en vez de con explicaciones. Cuando una idea parecía realmente desafortunada, decían despreciativamente : “Es pura teoría”. Las dos palabras clave que surgían una y otra vez en sus conversaciones eran “practica” y “táctica”, sin lugar a dudas porque ambas cosas son necesarias para vivir en la selva lluviosa…

Después de pasar alrededor de un año en Quirishari, llegué a constatar que el sentido práctico de mis anfitriones resultaba mucho más fiable en su entorno que mis conocimientos de la realidad adquiridos a través de una formación académica. Sus conocimientos empíricos eran innegables.

FUENTE: LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS PERDIDOS (DICK TERESI)