DOMINAR MEDIANTE LOS “REFORZADORES POSITIVOS” (PREMIOS Y RECOMPENSAS)

Dedicado a Rosa Isla.

El sentimiento de libertad se convierte en guía inseguro para la acción tan pronto como los posibles controladores recurren a medidas no-aversivas, como es casi seguro que hagan para evitar los problemas surgidos cuando el controlado escapa o ataca.

Las medidas no-aversivas resultan menos notorias que las aversivas, y normalmente se recurre a ellas con más parsimonia, pero tienen ventajas obvias que aconsejan su uso.  El trabajo productivo, por ejemplo, fue durante algún tiempo el resultado del castigo: el esclavo trabajaba para evitar las consecuencias desagradables que se hubieran seguido de su holgazanería.

Los salarios, en cambio, ejemplifican bien un principio distinto: a una persona se le paga cuando se comporta de una manera determinada, para que siga comportándose de la misma forma. Aunque hace ya mucho tiempo que se ha descubierto la eficaz utilidad de las recompensas, sin embargo los sistemas de salarios han evolucionado muy lentamente.

En el siglo XIX se pensaba que una sociedad industrial requería masa trabajadora hambrienta; los salarios solamente serían eficaces en la medida en que el trabajador pudiera cambiarlos por alimentos.

Al convertirse el trabajo en algo menos aversivo -por ejemplo, reduciendo la jornada o mejorando las condiciones materiales de ese trabajo- ha sido posible encontrar hombres que trabajaran para obtener recompensas menores.

Hasta muy recientemente la enseñanza era algo casi por completo aversivo: el estudiante estudiaba para evitar las consecuencias desagradables que se le seguirían si no estudiaba, pero se han ido descubriendo técnicas pedagógicas no-aversivas, gradualmente aplicadas.

El padre hábil comprende que es mejor premiar al niño por su buena conducta que castigarle cuando se porta mal. Las organizaciones religiosas van abandonando las antiguas amenazas al fuego del infierno para enfatizar más el amor a Dios. Y los gobiernos abandonan castigos aversivos sustituyéndolos por diversas clases de estímulos.

Lo que el profano llama un premio es, en realidad, un “reforzador positivo” cuyos efectos han sido estudiados de manera exhaustiva en el análisis experimental de la conducta operante.

No es posible reconocer sus efectos con la misma facilidad con que se reconocen los producidos por contigencias aversivas porque aquéllos quedan diferidos, es decir, se presentan sólo más tarde, y sus aplicaciones son consecuentemente retrasadas. Pero, en realidad, se dispone actualmente de técnicas tan poderosas como pudieran serlo las antiguas técnicas aversivas.

El defensor de la libertad se encuentra con un problema que le sale al paso cuando la conducta originada por el reforzamiento positivo tiene consecuencias aversivas diferidas. Lo que se denominan reforzadores positivos condicionados pueden tener con frecuencia resultados aversivos diferidos.

El dinero es un ejemplo. Sólo refuerza cuando ha sido cambiado por cosas que refuerzan -y no es juego de palabras-. Pero de hecho puede ser usado como reforzador aun cuando el intercambio no sea posible.

Un billete falso, un cheque sin fondos, un cheque detenido, o una promesa incumplida, son reforzadores condicionados, aunque sus consecuencias aversivas se descubran con frecuencia muy rápidamente.

El modelo arquetipo en este caso es un ladrillo dorado con apariencia de lingote de oro. El contracontrol se produce rápidamente: escapamos de quienes abusan de reforzadores condicionados de esta manera, o bien les atacamos. Pero este abuso, por parte de muchos de estos reforzadores sociales, pasa desapercibido con frecuencia.

La atención personal, el elogio y el afecto, son normalmente reforzantes sólo en el caso de que ya hayan tenido alguna relación con reforzadores efectivos ya utilizados, pero se pueden también usar cuando falta la relación.

El elogio estimulante y las muestras de afecto con los que a padres y maestros se recomienda que solucionen los problemas de conducta, puede ser algo engañoso. Porque “ganar amigos” puede hacerse igualmente con el recurso a muchas triquiñuelas, palmaditas en la espalda, por ejemplo, o dando coba.

Los reforzadores genuinos pueden ser usados de modo que tengan consecuencias aversivas. Un gobierno puede evitar la emigración haciendo la vida algo más interesante: proporcionando dosis masivas de pan y circo, fomentando los espectáculos deportivos, el juego, la bebida y otros estimulantes, diversos géneros de conducta sexual, cuyo efecto es mantener a la gente dentro del ámbito en que aquel gobierno puede aplicar sanciones aversivas.

Los hermanos Goncourt comprobaron el aumento creciente de la pornografía en la Francia de su tiempo: “La literatura pornográfica” -escribieron- “es servidora de un sub-Imperio… Se puede domar a un hombre como se doma a un león, por medio de la masturbación”.

Fuente:  MÁS ALLÁ DE LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD  (B.F. SKINNER)

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