El Agua, ¿Derecho humano o un producto más del mercado? (Cinco paradigmas)


Esta descripción en 5 paradigmas (modelos) recoge la enorme riqueza y diversidad de enfoques e intereses que hay detrás del agua, si bien no puede reducir una realidad compleja y viva a departamentos estancos sin relación, ni filtraciones, mezclas, áreas grises o infinitas combinaciones de factores posibles según quién y cuándo las defiendan…. La descripción tiene necesariamente que ser simplificada, pero espero que no simplista y menos aún maniquea.

El paradigma liberal entiende, en términos de derecho romano, el agua como res in commercium, como un bien económico susceptible de ser objeto de propiedad y, más importante, de tráfico económico y comercial.

El paradigma busca el mejor servicio al mejor precio, maximizando utilidades: el mercado y la competencia conseguirán la mayor eficiencia. Este paradigma se relaciona con el Consenso de Washington, cuyas políticas se centran en “minimizar el papel del Estado, mientras se enfatizan la privatización (venta de empresas públicas al sector privado), la liberalización del comercio y del mercado de capitales y la desregulación (eliminando las normas de conducta en los negocios)”.

La persona es vista como consumidor y como cliente. La mejor protección a los derechos e intereses del consumidor/cliente será el libre mercado y los mecanismos de derecho privado que protegen los contratos o, a lo sumo, los propios de defensa del consumidor.

El negocio del agua

El paradigma legalista debe mucho al pensamiento racionalista de la Ilustración y a la tradición jurídica que, procedente del derecho romano, llega hasta la Declaración Universal de Derechos Humanos, los Pactos y las instituciones del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Tiene como elementos central la defensa del derecho de todas las personas al acceso al agua potable suficiente para vivir con unas mínimas condiciones de dignidad. Sigue leyendo

El amor pervertido o la entrega irracional


Fuente: LOS LÍMITES DEL AMOR  (Walter Riso)

La entrega irracional se rige por un culto a la personalidad y la idealización extrema del ser amado: “Mi pareja lo merece todo: consagración y esfuerzo sin límites de mi parte”. Aunque la abnegación compulsiva puede llegar a ser altamente dañina para quien la ejerce, es vivida por el donante como un forma de sacrificio “placentero“. Lo que rige la conducta del sacrificio irracional no es la pulsión de vida sino la pulsión de muerte una forma de involución que hace que el derecho a la felicidad real y completa sea sólo para el adorado o el elegido. Tal como decía Rousseau: “Desgarrar su corazón para cumplir su deber”. Por eso, no debe extrañarnos que de tanto sufrir los rigores de una entrega que aprisiona el yo y de tanto consagrarse a misión de subalterna o subalterno, la costumbre vaya calando y gustando. Sigue leyendo