Llera, Badajoz, España.

El artículo de la Wikipedia es muy escueto. Posiblemente, desde el punto de vista del foráneo (y yo casi lo soy ya, después de llevar fuera más de treinta años), sea más que suficiente lo que allí se cuenta de este municipio español de la provincia de badajoz, España:

Llera es un municipio español, perteneciente a la provincia de Badajoz (comunidad autónoma de Extremadura).

Se enclava en el extremo noroccidental de la comarca de Campiña Sur, ocupando un punto de adscripción concreta difícil de establecer con precisión, correspondiente a un área en la que aquella se solapa con la Tierra de Barros, el Señorío de Feria, La Serena y las sierras de Hornachos. Pertenece al Partido judicial de Llerena.

El terreno es predominantemente seco y descarnado de vegetación, con presencia de algunas encinas, olivares y viñas, y sobre todo, matorral.

En 1594 Llera de Hornachos formaba parte de la provincia León de la Orden de Santiago y contaba con 228 vecinos pecheros. Sigue leyendo

La Autoimagen es una construcción condicionada

Los pueblos primitivos contruían sus casas con los materiales disponibles en su entorno. Para algunos, eran las cuevas, para otros, las tiendas hechas con pieles de animales, adobes o el hielo de los iglúes. Al no disponer de ladrillos ni de cemento, era obvio que no podían hacer casas con esos materiales.

IGLÚ

Éste es, exactamente, el mismo proceso que se sigue en la construcción de la “casa de sí mismo”: la autoimagen. El niño en desarrollo utiliza el material que encuentra en el espacio interpersonal de su entorno para edificar el concepto de sí mismo.

Los materiales de construcción son las palabras, el lenguaje corporal y el trato con las personas que tienen importancia para él. Tales materiales son intangibles, por supuesto, pero producen una diferencia claramente tangible.

Desde los primeros momentos, el niño es sensible a su ambiente. Sabe si es acogido con brazos relajados o tensos. Con el tiempo, se percata del lenguaje, nota si los tonos y las miradas son amables y bondadosos o duros y enojados. Las “vibraciones” de su entorno le afectan.

El bebé y su entorno

Y a partir de estos mensajes se forma impresiones generalizadas sobre la seguridad y confianza que ese mundo le brinda. El niño aprende pronto si sus necesidades serán cubiertas con constancia y simpatía razonables.

Una vez que el niño aprende su nombre, comienza a adjudicarse determinadas cualidades a sí mismo. Si recibe un conjunto de mensajes verbales y no verbales que lo tildan de inconveniente, imposible, “que no hace nada a derechas”, ese niño edificará una imagen de sí mismo acorde con tales mensajes. Si las impresiones que recibe son más positivas, contruirá una autoimagen positiva. Sigue leyendo