LAS IDEOLOGÍAS

Una ideología es el conjunto de ideas sobre la realidad,  sistema general o  sistemas existentes en una práctica de la sociedad (económico, social, político, cultural, moral, religioso), y que pretenden su conservación (ideologías conservadoras), su transformación (que puede ser radical, súbita, revolucionaria o paulatina y pacífica –ideologías reformistas–) o la restauración de un sistema previamente existente (ideologías reaccionarias).

¿Económico,social,político,cultural,moral o religioso?¿conservador,reformista,reaccionario o revolucionario?

Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La primera proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad, vista desde un determinado ángulo, creencias, preconceptos o bases intelectuales, a partir del cual se analiza y enjuicia (crítica), habitualmente comparándolo con un sistema alternativo, real o ideal. El segundo tiene como objetivo acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido.

Las ideologías caracterizan a diversos grupos, sean un grupo social, una institución, o un movimiento político, social, religioso o cultural.

¿Ideologizados o indignados y cabreados con la superectructura o sistema y sus ideologías y medios de dominación y conservación?

El concepto de ideología es semejante, pero se diferencia del de cosmovisión (Weltanschauung) en que éste se proyecta a una civilización o cultura entera (cosa que también puede decirse del concepto de ideología dominante) o se restringe a un individuo (limitación que difícilmente podría aplicarse a los raramente usados conceptos de ideología particular o individual).

El término ideología fue formulado por Destutt de Tracy (Mémoire sur la faculté de penser, 1796), y originalmente denominaba la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos que las expresan.

Medio siglo más tarde, el concepto se dota de un contenido epistemológico por Karl Marx, para quien la ideología es el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales.

Producción

La relación con la realidad es tan importante como mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se da alguna clase de explotación, evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión. En su célebre prologo a su libro Contribución a la crítica de la economía política Marx dice:

[…]El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

Para Marx no es un problema de Verdad o un problema moral, sino un problema práctico.

Engels, cercano a Marx, en cambio escribió:  La ideología es un proceso realizado conscientemente por el así llamado pensador, en efecto, pero con una conciencia falsa.

Falsa Conciencia

Tal como el materialismo histórico define el concepto, la ideología forma parte de la superestructura, junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico. Según la interpretación clásica, está determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción o estructura económica y social y el reflejo que produce es denominado “falsa conciencia”.

El papel de la ideología, según esa concepción marxista de la historia, es actuar de lubricante para mantener fluidas las relaciones sociales, proporcionando el mínimo consenso social necesario mediante la justificación del predominio de las clases dominantes y del poder político.

Hablamos de ideología cuando una idea determinada es un falso pensamiento y es ampliamente compartida conscientemente por un grupo social en una sociedad. Suele ser un rasgo fuertemente identitario, de forma similar a la religión, la nación, la clase social, el sexo, partido político, club social, incluyendo grupos pequeños y cerrados como las sectas o grupos mayores y abiertos como ser partidario de un equipo de fútbol…

Neoliberalismo

Exteriormente se ha asociado con mayor fuerza a la política, donde el clientelismo de los partidos impone unos intereses estrechos y cerrados. En su desarrollo lleva a que el comportamiento humano derive en una continuada falsa creencia, en un falso pensamiento y de ahí a una falsa práctica social.

Además, interiormente, los miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta tendenciosamente o no ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

La ideología interviene y justifica dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve. Pretende explicar la realidad de una forma asumible y tranquilizadora, pero sin criticismo, funcionando sólo por consignas y lemas.

MAFO y su lema-consigna-mantra de la moderación salarial, ahora transmutado en reducción, rebaja, como idea central de su ideología.

Ahora bien lo que ocasiona es insinceridad en tanto y cuanto se basa en falsas creencias y así mantiene la interpretación o justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de la circunstancia real.

Por tanto se da una separación drástica entre la práctica y la falsedad de esta, difícilmente asumible. Del estudio de la ideología se encarga la Sociología del conocimiento, cuyo presupuesto básico es la tendencia a falsear la realidad.

Sigue el interés propio en las maneras de ver el mundo en el grupo social al que se pertenece; maneras que varían socialmente de un grupo humano a otro y dentro de sectores diferentes de la misma sociedad.

Interviene sobre el interés personal y cohesiona el grupo donde se asienta, porque construye una identidad fictícea como forma de vivir y valorar una realidad construida al margen de ella misma. De ahí que en la mayoría de los casos lleve a una superposición de discursos según el grado de realidad y, por consiguiente, a utopías y a enfermedades morales.

En el terreno político y en casos extremos, acarrea la mentira repetida, la mendacidad. En general se observa que fácilmente se pasa por un interés desmedido, centrado en la falsa conciencia, hacia la imagen o forma de la idea, en definitiva, a la ideología.

El origen de la mayoría de las ideologías se encuentra en una corriente filosófica cuando asume una versión muy simplificada y distorsionada, por falsa creencia, de la filosofía original. En este sentido se produce, de forma general, un carácter insincero, cuando un pensamiento original se convierte en «….ismo» (Platón, platonismo; Marx, marxismo; pensamiento capitalista, capitalismo; etc.).

Su origen se situa en el interés personal, de acuerdo con las necesidades que sustentan socialmente un determinado pensamiento. Se separa y disocia de la realidad, porque la manipula en forma de propio interés.

Los primeros filósofos que estudiaron la «ideología», los psicologistas franceses (Condillac, Cabanis, Destutt de Tracy), situaron esa necesidad en el «yo interior», interpretado de diversas formas (psicologismo y psicofisiologismo). Este se opone al exterior, quien se da como suceso, puesto que requiere la reflexión individual.

Estos filósofos franceses pretendían estructurar una teoría sobre el materialismo primitivo de las sensaciones y de ahí su derivación en emociones, pasiones y sentimientos. De manera que del acto, del suceso o del acontecimiento exteriores se pasa psicológicamente a la manera interior de captar las cosas y apreciar estas categorías de la psicología personal.

Más tarde el compromiso político de filósofos sociales (socialistas utópicos, Saint Simon, Fourier, Proudhon) situó esas necesidades en la vida social. El vuelco que protagonizó al extenderse al ámbito de la sociedad fue considerable. Del individuo se pasó al grupo. Esto provocó que se acuñase el calificativo de «doctrinarios» para referirse a los «ideólogos» en su enfrentamiento con el poder, lo que confirió a la palabra un sentido peyorativo que a día de hoy no ha perdido.

Después del psicologismo de los franceses, se pasó, primeramente, a las formas filosóficas propias y, posteriormente, a las relaciones económicas. El sentido más elaborado de ideología, en el primer sentido, es el de Hegel y, en el segundo, de Marx. Este consideró la ideología como una «escisión de la conciencia», que produce la alienación, bien sea ésta considerada como como meramente dialéctica del pensamiento, idealismo (Hegel) o dialéctica material materialismo (Marx).

En el siglo XX, la ideología es considerada como problema de comunicación social. Para los frankfurtianos, de manera especial para Habermas, la ideología expresa la violencia de la dominación que distorsiona la comunicación.

Este habla de la relación entre el conocimiento y el interés. Esto produce una distorsión que es consecuencia de una razón instrumental, como conocimiento interesado, y que es la responsable de la ciencia y la tecnología falsas como ejes de la dominación social.

Es pues necesaria una hermenéutica de la emancipación y liberación. De la misma forma, Marcuse subraya este hecho en el seno de las clases sociales, en particular políticamente dentro de los partidos y sindicatos.

Karl Mannheim y Max Scheler enmarcan la ideología en el marco de la sociología del saber. El saber enmarcado dentro de la dominación política genera tal cúmulo de intereses que configura la cosmovisión de los grupos sociales. No hay posiblidad de escapar a una ideología bien construida. Todo gira a su alrededor. Mannheim distingue entre ideología parcial, de tipo psicológico, e ideología total, de tipo social.

Sartre, por su parte, introduce una idea de «ideología» completamente diferente. Para Sartre la ideología es fruto de un pensador «creador», capaz de generar un modo de ver la realidad.  Por otro lado, Willard van Orman Quine trata la relación entre los objetos exteriores, de ahí fuera, y los sujetos interiores, de ahí dentro. En otros términos, liga la ideología a un modo razonado de considerar la ontología.

A finales del siglo pasado, sin embargo, se entra en una época de infravaloración de lo ideológico, de la mano de las ideologías conservadoras, de forma que algunos han proclamado el ocaso de los ídolos, como “El fin de las ideologías”,  o proclamado el triunfo del pensamiento único y el “Fin de la Historia” o el “Choque de civilizaciones.

La ideología como falsa creencia debe estudiarse en términos de su lógica degradada, más que en la filosofía de la que se deriva. Sin embargo, es difícil comprender cuando y en qué términos una filosofía pasa a ser ideología.

Max Weber afirma que las filosofías se seleccionan primero para ser ideologías después, pero no explica, cuándo, cómo y por qué. Lo que sí podemos asegurar es que existe una relación dialéctica, es decir de discurso, entre ideas y necesidades sociales, y que ambas son indispensables para configurar una ideología.

Así nace el interés y las necesidades sentidas por el cuerpo social (o un grupo de éste); no obstante pueden fracasar por no tener ideas claras que lo sustenten. Al igual que hay ideas que pueden pasar inadvertidas por no ser relevantes para las necesidades sociales, se requiere una falsa creencia aparentemente útil para que sea ideología.

Denominar al siglo XX como siglo de las ideologías es una expresión acuñada por el filósofo Jean Pierre Faye en 1998.El término ideología, reservado en el siglo XIX al debate intelectual , se convierte en el siglo XX en el vehículo de grandes movimientos sociales y de pensamiento, sobre el soporte de grandes masas que son adoctrinadas por los nuevos medios de comunicación, la propaganda, la violencia y la represión.

El mundo religioso parece estar ausente de la mayor parte de las nuevas visiones del mundo (en alemán Weltanschauung) hasta el final del siglo XX, cuando André Malraux profetizó poco antes de morir (1976): el siglo XXI será religioso o no será.

Es pronto para confirmarlo, pero desde entonces el cristianismo integrista, tanto católico como protestante y el fundamentalismo islámico se han renovado (personalizados en Juan Pablo II, Ronald Reagan y el Ayatollah Khomeini) y han encontrado acomodo en la justificación ideológica de todo tipo de intereses, tanto en los países desarrollados (donde va más allá del interclasismo de la Democracia cristiana de posguerra) como en los subdesarrollados (donde sustituye al tercermundismo dominante en el periodo de la descolonización o a la teología de la liberación de los años 1970).

Lo mismo ocurre con el nacionalismo hindú. El europeísmo o movimiento europeo ha entrado en una clara crisis ideológica de la que es síntoma la incapacidad de definición de los valores y las fronteras continentales en los debates reformistas que rodean el Tratado de Lisboa dentro de la Unión Europea.

Por otra parte, desde las décadas de 1980 y 1990, el concepto de ideología sufre una devaluación por su inadecuación a nuevos paradigmas intelectuales emergentes, como el deconstructivismo (Jacques Derrida), o lo más genéricamente llamado postmodernidad, que proponen un pensamiento débil (Gianni Vattimo), en cierto modo una ideología flexible y acomodable a las situaciones de cambio desconcertante que ocurren en el periodo de final de siglo y milenio (especialmente la caída del muro de Berlín).

En ese contexto cultural se entiende la formulación del concepto de la tercera vía (Anthony Giddens), una adaptación a la globalización y el liberalismo económico triunfante desde posiciones socialdemócratas (el laborismo británico de Tony Blair o incluso la presidencia de Bill Clinton) que en la práctica es una aproximación a muchas concepciones del conservadurismo.

FUENTE: es.wikipedia.org/wiki/Ideología

2 pensamientos en “LAS IDEOLOGÍAS

  1. A veces ideologia y paranoia se dan la mano.

    Ben Shapiro, conocido columnista y autor de libros como ‘Prime time propaganda’, en el que afirma que Barrio Sésamo es un programa destinado a difundir la ideología de izquierdas, también en otro tweet se mostraba convencido de que Israel tiene todo el derecho para atacar a las personas que van en los barcos: “No tengo ningún problema con que los militares israelíes detengan a todos los miembros de la Flotilla. Son colaboradores e instigadores de terrorismo”.

  2. Joshua Treviño, antiguo colaborador de la administración del expresidente Bush, hijo, y miembro del Tea Party, la rama más ultra del partido republicano estadounidense, anda revolucionado estos días por la salida, desde Estados Unidos, de la segunda Flotilla de la Libertad con ayuda humanitaria hacia Gaza (Palestina). Y se expresa así:

    “”Queridas fuerzas de seguridad israelíes: Si acaban disparando a algún estadounidense de la nueva Flotilla a Gaza — bueno, la mayoría de los estadounidenses está de acuerdo. Yo incluido”.

    El comentario de Treviño en Twitter el pasado sábado y recogido hoy por la cadena Al Yazira, provocó que gente como el periodista Joseph Dana, que cubre la travesía para The Nation, le preguntara si también estaba de acuerdo con que los israelíes mataran a los reporteros que viajan en los barcos. La respuesta de Treviño fue clara y seca: “Como te has alineado claramente con los objetivos de la Flotilla, en realidad no me importa lo que te pase”.

    Treviño no duda en decir que la Flotilla de la Libertad, entre los que hay políticos, artistas, intelectuales, activistas y víctimas del holocausto provenientes de todas partes del mundo, “no es muy diferente de un convoy nazi”. Y afirma que simplemente se merecen ese final por apoyar a Hamás.

    La ideologia, ciertamente, puede causar estragos en la personalidad y en el comportamiento del ser humano. No tiene, necesariamente, un valor negativo en si misma, pero algunas, las que justifican incluso la eliminacion fisica de la persona, del adversario, no pueden crear nada positivo.

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