Los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6

Fuente:  CURACIÓN EMOCIONAL  (David Servan-Schreiber)

Según varios investigadores, para comprender el misterioso efecto de los ácidos grasos sobre el cerebro y el humor, hay que remontarse a los orígenes de la humanidad.

Existen dos tipos de ácidos grasos esenciales: los omega-3 –que aparecen contenidos en las algas, el plancton y algunas plantas terrestres, como la hierba- y los omega-6 que se encuentran en casi todos los aceites vegetales y en la carne, sobre todo en la carne de animales alimentados con grano o con harinas animales. Aunque importantes para el organismo, los omega-6 no cuentan con las mismas y beneficiosas propiedades para el cerebro y favorecen las reacciones de inflamación. En el momento en que el cerebro del Homo sapiens se desarrolló, es decir, cuando accedió a la conciencia de sí mismo, la humanidad vivía alrededor de los grandes lagos del Este africano. El acceso a un ecosistema único y muy rico en pescados y crustáceos podría haber sido el desencadenante de un desarrollo prodigioso del cerebro. Continue reading “Los ácidos grasos Omega 3 y Omega 6”

DOMINAR MEDIANTE LOS “REFORZADORES POSITIVOS” (PREMIOS Y RECOMPENSAS)

Dedicado a Rosa Isla.

El sentimiento de libertad se convierte en guía inseguro para la acción tan pronto como los posibles controladores recurren a medidas no-aversivas, como es casi seguro que hagan para evitar los problemas surgidos cuando el controlado escapa o ataca.

Las medidas no-aversivas resultan menos notorias que las aversivas, y normalmente se recurre a ellas con más parsimonia, pero tienen ventajas obvias que aconsejan su uso.  El trabajo productivo, por ejemplo, fue durante algún tiempo el resultado del castigo: el esclavo trabajaba para evitar las consecuencias desagradables que se hubieran seguido de su holgazanería.

Los salarios, en cambio, ejemplifican bien un principio distinto: a una persona se le paga cuando se comporta de una manera determinada, para que siga comportándose de la misma forma. Aunque hace ya mucho tiempo que se ha descubierto la eficaz utilidad de las recompensas, sin embargo los sistemas de salarios han evolucionado muy lentamente.

En el siglo XIX se pensaba que una sociedad industrial requería masa trabajadora hambrienta; los salarios solamente serían eficaces en la medida en que el trabajador pudiera cambiarlos por alimentos.

Al convertirse el trabajo en algo menos aversivo –por ejemplo, reduciendo la jornada o mejorando las condiciones materiales de ese trabajo– ha sido posible encontrar hombres que trabajaran para obtener recompensas menores.

Hasta muy recientemente la enseñanza era algo casi por completo aversivo: el estudiante estudiaba para evitar las consecuencias desagradables que se le seguirían si no estudiaba, pero se han ido descubriendo técnicas pedagógicas no-aversivas, gradualmente aplicadas.

El padre hábil comprende que es mejor premiar al niño por su buena conducta que castigarle cuando se porta mal. Las organizaciones religiosas van abandonando las antiguas amenazas al fuego del infierno para enfatizar más el amor a Dios. Y los gobiernos abandonan castigos aversivos sustituyéndolos por diversas clases de estímulos.

Lo que el profano llama un premio es, en realidad, un “reforzador positivo” cuyos efectos han sido estudiados de manera exhaustiva en el análisis experimental de la conducta operante.

No es posible reconocer sus efectos con la misma facilidad con que se reconocen los producidos por contigencias aversivas porque aquéllos quedan diferidos, es decir, se presentan sólo más tarde, y sus aplicaciones son consecuentemente retrasadas. Pero, en realidad, se dispone actualmente de técnicas tan poderosas como pudieran serlo las antiguas técnicas aversivas.

El defensor de la libertad se encuentra con un problema que le sale al paso cuando la conducta originada por el reforzamiento positivo tiene consecuencias aversivas diferidas. Lo que se denominan reforzadores positivos condicionados pueden tener con frecuencia resultados aversivos diferidos.

El dinero es un ejemplo. Sólo refuerza cuando ha sido cambiado por cosas que refuerzan -y no es juego de palabras-. Pero de hecho puede ser usado como reforzador aun cuando el intercambio no sea posible.

Un billete falso, un cheque sin fondos, un cheque detenido, o una promesa incumplida, son reforzadores condicionados, aunque sus consecuencias aversivas se descubran con frecuencia muy rápidamente.

El modelo arquetipo en este caso es un ladrillo dorado con apariencia de lingote de oro. El contracontrol se produce rápidamente: escapamos de quienes abusan de reforzadores condicionados de esta manera, o bien les atacamos. Pero este abuso, por parte de muchos de estos reforzadores sociales, pasa desapercibido con frecuencia.

La atención personal, el elogio y el afecto, son normalmente reforzantes sólo en el caso de que ya hayan tenido alguna relación con reforzadores efectivos ya utilizados, pero se pueden también usar cuando falta la relación.

El elogio estimulante y las muestras de afecto con los que a padres y maestros se recomienda que solucionen los problemas de conducta, puede ser algo engañoso. Porque “ganar amigos” puede hacerse igualmente con el recurso a muchas triquiñuelas, palmaditas en la espalda, por ejemplo, o dando coba.

Los reforzadores genuinos pueden ser usados de modo que tengan consecuencias aversivas. Un gobierno puede evitar la emigración haciendo la vida algo más interesante: proporcionando dosis masivas de pan y circo, fomentando los espectáculos deportivos, el juego, la bebida y otros estimulantes, diversos géneros de conducta sexual, cuyo efecto es mantener a la gente dentro del ámbito en que aquel gobierno puede aplicar sanciones aversivas.

Los hermanos Goncourt comprobaron el aumento creciente de la pornografía en la Francia de su tiempo: “La literatura pornográfica” -escribieron- “es servidora de un sub-Imperio… Se puede domar a un hombre como se doma a un león, por medio de la masturbación”.

Fuente:  MÁS ALLÁ DE LA LIBERTAD Y LA DIGNIDAD  (B.F. SKINNER)

Somos extraordinarios pero accidentales; fruto del azar y, probablemente, de un meteorito

FUENTE: EL CEREBRO DEL REY (NOLASC ACARÍN).

El físico Hawkins, en una interesante serie televisiva confirmaba que el universo seguía en evolución, siendo previsible su fusión y extinción total para dentro de algunos miles de millones de años, si bien, añadía, mejor no divulgarlo pues podría provocar el pánico en la Bolsa.

Lo cierto es que el meteorito que colisionó con la Tierra hace 60 millones de años pudiera haber sido más grande, en lugar de unos diez kilómetros de diámetro pudo ser una masa como los Pirineos. La destrucción hubiera sido absoluta y total. Jostein Gaarder, en su libro Maya, inicia su “manifiesto” con esta reflexión: Existe un mundo. En términos de probabilidad, esto es algo que roza el límite de lo imposible. Habría sido mucho más fidedigno si casualmente no hubiera habido nada. En este caso nadie se habría puesto a preguntar por qué no había nada”.

El cerebro humano ha sido un buen instrumento para producir cultura y conocimiento a partir de la transmisión de experiencias mediante el aprendizaje y un buen uso de la imaginación. Lo cual nos ha llevado a generar una civilización peculiar, con grandes conquistas pero también con defectos, entre ellos el de considerar que el universo, el planeta y la vida tienen razón de ser a partir de nuestra existencia. De ahí las concepciones antropocentristas que tanto daño han hecho en la búsqueda de las leyes de la naturaleza, en la investigación científica, en la convivencia entre los humanos y en la preservación de las otras especies y formas de vida que configuran nuestro entorno.  Deberíamos controlar mejor nuestra tendencia a devastar el medio.

Es interesante observar que las concepciones antropocéntricas aparecen ya en los mitos antiguos cuando interpretan el origen de la vida y del mundo. Así se desarrollaron los religiones surgidas a partir del neolítico y la cultura agraria, como en el Génesis y en la Biblia, donde se sitúa al hombre como eje y rey de la creación. En cambio, en las leyendas de las culturas paleolíticas, de recolectorres-cazadores, se expresa una actitud mucho más respetuosa hacia la naturaleza.  En el siglo XIX, el jefe indio Seattle explicaba: “La Tierra no la hemos heredado de nuestros padres, tan sólo nos la han prestado nuestros hijos y debemos devolvérsela mejor. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría por la gran soledad de su espíritu. Aquello que sucede a los animales, luego sucede a los hombres. Aquello que sucede a la Tierra, también sucede a los hijos de la Tierra”. Las concepciones mágicas acerca de la naturaleza están influidas por el tipo de vida, de economía, de los pueblos que las desarrollan. Las relaciones de dependencia entre los humanos y la naturaleza determinan las actitudes filosóficas de los individuos respecto al universo.  Continue reading “Somos extraordinarios pero accidentales; fruto del azar y, probablemente, de un meteorito”

Soberbia y prejuicios de la ciencia y cultura occidentales

FUENTE: LOS GRANDES DESCUBRIMIENTOS PERDIDOS (DICK TERESI).

En su número del 14 de enero de 2000, con ocasión del comienzo del tercer milenio, la revista Science, conjuntamente con la American Association for the Advancement of Sciencie (AAAS), publicó una cronología, titulada “Pathways of Discovery”, que especificaba noventa y seis de los logros científicos más importantes que están registrados en la historia de la ciencia. La cronología que publicaba Science incluía algunas opciones sofisticadas que muchos educadores habrían omitido: la obra realizada por William Ferrell en 1856 sobre los vientos y las corrientes oceánicas, la teoría celular que Matthias Schleiden y Theodor Schwann habían formulado en 1838-1839 y la teoría formulada por William Gilbert en 1600, donde decía que la Tierra se comporta como un gigantesco imán.

De estos noventa y seis logros científicos, sólo eran dos los que se atribuían a científicos que no fueran de raza blanca ni occidentales: la invención del cero en la India en los primeros siglos de nuestra era y las observaciones astronómicas de los mayas y los hindúes hacia el año 1.000 d.C. Incluso estos dos logros habían sido ignorados por los editores de Science. A los indios orientales sólo se les reconoció la creación del “símbolo cero”, y no el concepto en sí mismo. Los “observadores celestes” (la palabra “astrónomo” no se utilizaba) mayas e hindúes realizaron sus observaciones, según esta publicación, sólo con “propósitos agrícolas y religiosos“.

Lo más interesante es la primera línea que aparece en la mencionada cronología:“Con anterioridad al año 600 a.C. tiene lugar la era precientífica”. Science afirmaba que durante aquella época, anterior a los filósofos presocráticos del siglo VI a. C., los fenómenos se explicaban en contextos de magia, religión y experiencia”. De esta manera, Science ignoraba más de dos milenios de historia, durante los cuales los babilonios habián inventado el ábaco y el álgebra, los sumerios habían registrado las fases de Venus, los hindúes habían propuesto una teoría atómica, los chinos habían inventado el análisis químico cuantitativo y los egipcios habían construido pirámides. Además, Science reconocía a Johannes Gutenberg el mérito de haber inventado la prensa de imprimir en 1454, aunque había sido inventada al menos dos siglos antes por los chinos y los coreanos. Un precursor esencial para la prensa de imprimir es el papel, que se inventó en China y no llegó a Europa hasta la primera década del siglo XIV. Continue reading “Soberbia y prejuicios de la ciencia y cultura occidentales”

LA QUÍMICA ANTIGUA DEL NUEVO MUNDO Y LOS CURANDEROS INDÍGENAS

Limitaré a Suramérica y Mesoamérica mi debate sobre química antigua en el Nuevo Mundo. Mientras el Viejo Mundo se centraba en la alquimia, el Nuevo Mundo lo hacía en la farmacología, la psicofarmacología y lo que podría llamarse farmacología tóxica. Aunque todos los amerindios trabajaron en estas áreas, los descubrimientos más notables se lograron en Suramérica y Mesoamérica.

Los conocimientos químicos relacionados con la medicina impregnan todas las culturas antiguas e indígenas. Las curas de hierbas que hacían los chinos y han quedado documentadas comenzaron alrededor del año 300 a.C.; los asirios recopilaron unas mil plantas medicinales durante los mil quinientos años que duró su civilización; los hindúes, los egipcios y posteriormente los griegos dejaron al mundo un enorme legado de técnicas de herboristería y curas con hierbas medicinales.

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El “Che” Guevara: las cenizas del héroe

FUENTE: “CHE” GUEVARA (HORACIO DANIEL RODRIGUEZ).

Así, pues, el “condottiero” ha muerto. Pero en el mismo momento el mito ocupa su lugar. O se pretenderá hacerlo. Castro se ocupara de que no ocurra. En ello le va, en parte, la continuidad de su poder.

La última aventura de Guevara concluye con la muerte. Algunos han creído ver en su migración al monte boliviano un deseo particular de hallar la muerte. Es una interpretación posible. Pero sobre los resortes psicológicos de los muertos es difícil opinar. Lo cierto es que muere en su ley, en el mismo ambiente natural en el cual formó sus ambiciones y forjó sus fantasías de niño, púber y adolescente.

Y, más precisamente, en esa otra ley que acunó en el cénit de su vida: la ley del nuevo poder de los guerrilleros. Irónicamente, la guerrilla boliviana, cuyos móviles nacionales o meramente estratégicos no aparecen claramente determinados, de la que no se sabe exactamente si responde a un intento de “liberar” al campesino boliviano o de servirse de una cuña circunstancial; ambas condiciones más bien deportivas, aunque de un deporte que compromete íntimamente muchos aspectos del individuo, hasta su misma vida. La moral y la personalidad de Guevara no aparecen forjadas hasta el momento en que se convierte en un soldado de la guerrilla. En ella, por consecuencia, parece concluir su vida errabunda. La fuerza de los acontecimientos que encarna junto con sus iguales, lo detienen momentáneamente en su camino.

Y esa condición de soldado le vincula más estrechamente con el ideólogo que había en él, ideólogo del soldado. Todos sus otros escritos giran en torno a las nociones básicas de “Guerra de guerrillas”. Allí teoriza, si no sobre la revolución, al menos sobre la organización, necesidades y comportamiento de la guerrilla, sobre la administración y conducción del grupo guerrillero y las bases claves para su subsistencia. Difícilmente se hallará un aporte original en cuanto a estrategia guerrillera. Es un grupo humano combatiente lo que interesa en el libro y lo que consume el noventa por ciento de sus cuarenta mil palabras.

Y como soldado, teórico del soldado, Guevara será un exponente del soldado en el poder, del grupo guerrillero que asciende a la responsabilidad de conducción social y política, en virtud de sus armas y del grupo nuevo en demanda de un nuevo status. Ganar una guerra contra el Ejército” no implica tanto hacer revolución, como asegurar el triunfo del grupo guerrillero.

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El perfume: nacimiento del mago-monstruo de los olores

FUENTE: EL PERFUME (PATRICK SÜSKIND)

En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aquí relateremos su historia. Se llamaba Jean-Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint-Just, Fouché, Napoleón, etcétera, ha caído en el olvido, no se debe en modo alguna a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres célebres y tenebrosos en altenería, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al efímero mundo de los olores.

En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y a excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaban la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.

Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimetière des Innocents. Durante ochocientos años se había llevado allí a los muertos del hospital Hôtel-Dieu y de las parroquias vecinas, durante ochocientos años, carretas con docenas de cadáveres habían vaciado su carga día tras día en largas fosas y durante ochocientos años se habían acumulado los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que llegó un día, en vísperas de la Revolución Francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cadáveres se hundieron y el olor pútrido del atestado cementerio incitó a los habitantes no sólo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado  y abandonado después de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmartre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigió un mercado de víveres. Continue reading “El perfume: nacimiento del mago-monstruo de los olores”

Lope de Aguirre: el viaje

FUENTE: LOPE DE AGUIRRE, Principe de la libertad  (MIGUEL OTERO SILVA)

¿Nombre? Lope de aguirre. ¿Edad? Veintidós años. ¿Padres? Esteban de Aguirre y Elvira de Araoz. ¿Barco que tomará? El San Antonio. ¿Puerto de llegada? Cartagena de Indias. ¿Profesión? Labrador.

Hube de decir labrador y no soldado ya que aquella navegación requería labradores y no soldados. El San Antonio zarpó de Sanlúcar de Barrameda el día doce de mayo de mil quinientos treinta y cuatro, los torreones se perdieron de vista al mediodía, castigaba las cabezas un sol indigno de primavera. El San Antonio formaba pareja con el San Francisco, éste se haría a la vela tres horas más tarde. Eran dos curtidos veleros de estirpe veneciana, habían dado tumbos luengos años en aguas mediterráneas, transportando mercaderías cristianas y huyendo de las galeras moras. El contador andaluz Rodrigo Durán los compró en Nápoles a precio de desecho, les mandó dar una mano de pintura gris para volverlos más tristes, los destinó para comerciar con el Nuevo Mundo, podían llegar o no llegar. El San Antonio era una carraca de ciento cincuenta toneladas de carga y más de doscientos seres vivientes a bordo: el propietario don Rodrigo Durán que era el jefe en tierra, el piloto que era el jefe en alta mar, el contramaestre, los marineros, los grumetes, el mayordomo, el cocinero, el carpintero, el tonelero, el barbero que presumía también de médico, el boticario, los escribanos, los soldados, los veedores, los clérigos, las monjas, los labradores con sus correspondientes labradoras, las ovejas, los cerdos, las aves de corral y yo, Lope de Aguirre. En cuanto al fardaje inanimado, estaba compuesto por pellejos de aceite y panzudos barriles de vino, un rimero de cajas de variado contenido no adivinable, amén del bagaje de los pasajeros que incluía desde las camas para dormir en el Nuevo Mundo hasta los jamones y galletas para alimentarse en la travesía. Apenas quedaba sitio donde tenderse a dormir, donde hincarse a rezar el rosario, donde arrinconarse a desahogar las necesidades del cuerpo.

La pesadumbre se agravó cuando comenzó a corcovear el barco y a marearse la gente que en su mayoría no era marinera ni siquiera de río. La primera en vomitar fue una de las labradoras, había comido chorizos, la siguió uno de los clérigos conmovido y contagiado del lastimoso espectáculo, nadie se contuvo de allí adelante, había que caminar por sobre aquellas gelatinas, era forzoso respirar aquellas agrias fetideces, yo no vomité por pura tozudez oñatiarra. Continue reading “Lope de Aguirre: el viaje”