LA EMPATÍA


La empatía (del vocablo griego antiguo εμπαθεια, formado εν, ‘en el interior de’, y πάθoς, ‘sufrimiento, lo que se sufre’), llamada también inteligencia interpersonal en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.

EMPATÍA

Algunos estudios señalan la existencia de rasgos afines a la empatía en algunos animales no humanos, como por ejemplo los roedores u otros primates. En este sentido, se podría confirmar el argumento de que el origen de la empatía se sitúa en mecanismos neuronales básicos desarrollados a lo largo de la evolución.

Ciertas corrientes de pensamiento psicológico postulan que la mente humana tiene en común sensaciones y sentimientos. La única diferencia entre dos personas es el momento en el que se muestran dichos sentimientos, provocando emociones que motivan a actuar. Que una persona no sienta igual que otra en un momento dado, es por razones educativas, predisposición genética y condicionantes hormonales, que inducirán a encauzar los estímulos de una forma u otra.

Por eso, infieren que la empatía es posible en un individuo capaz de razonar acerca de sí mismo, evaluar sus sentimientos y razonar acerca de otras personas de forma que no tienda a justificar sus propios deseos. El deseo sería la unidad de degeneración del pensamiento objetivo, y el grado de exactitud estaría desvirtuado, en mayor o menor medida, dependiendo la profundidad del conocimiento de uno mismo, o lo que es lo mismo, de su inteligencia emocional.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Incluso expresiones de la psicología popular tales como “nosotros”, “nosotros los nacionales”, “nuestro pueblo”, etcétera, serían imposibles sin tal empatía (es decir, sin la asunción hipotética de la existencia de “personas parecidas a mí”). Parece ser que la capacidad de empatizar no es solamente importante para la observación de una conducta moral o social, sino paralelamente también para experimentar sentimientos como la envidia, el odio, guerras religiosas, etc.

La filósofa Edith Stein ha realizado un estudio profundo sobre el problema de la empatía, de un gran rigor filosófico y científico. Su tesis de doctorado, publicada en español y titulada “Sobre el problema de la empatía”, trata de la esencia de los actos de empatía en general, así como de la noción de persona que se obtiene a través del análisis de estos actos.

Por otra parte, se ha observado que un determinado tipo de neuronas, las neuronas espejo, solamente se activan cuando el mismo acto que realiza un primate lo efectua otro que es observado por el primero. De forma análoga, en los humanos se activa la misma área cerebral, en el curso de una emoción, al observar a otra persona en el mismo estado emocional. Se ha verificado también experimentalmente que la empatía es mayor entre personas de idéntico sexo, raza o edad, y que el grado de empatía es muy variable de una persona a otra. Por tanto, la empatía parece ser un importante factor de cohesión social y es una ventaja evolutiva desarrollada por selección natural.

Además, parece que esta capacidad, al menos en las personas, es susceptible de desarrollo y aumento: se acrecienta más fácilmente en los que no han padecido problemas afectivos, con padres que se han ocupado de ellos, y que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptados y comprendidos, han recibido consuelo cuando lloraban o tenían miedo, y que han visto como se promovía la preocupación por los demás… En definitiva, cuando las necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida.

Así pues, la empatía describe la capacidad intelectiva de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona; posteriormente, eso puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento objetivo cuyo desarrollo requiere un cierto tipo de inteligencia. Sigue leyendo

LA PSICOPATÍA Y LOS PSICÓPATAS


La psicopatía o personalidad psicópatica es un trastorno antisocial de la personalidad.

Los psicópatas no pueden empatizar ni sentir remordimiento, por eso interactúan con las demás personas como si fuesen cualquier otro objeto, las utilizan para conseguir sus objetivos, la satisfacción de sus propios intereses. No necesariamente tienen que causar algún mal. La falta de remordimientos radica en la cosificación que hace el psicópata del otro, es decir que el quitarle al otro los atributos de persona para valorarlo como cosa es uno de los pilares de la estructura psicopática. Los psicópatas tienden a crear códigos propios de comportamiento, por lo cual sólo sienten culpa al infringir sus propios reglamentos y no los códigos comunes.

La falta de remordimientos en el psicópata radica en la cosificación que hace del otro, al que despoja de sus atributos de persona.

Sin embargo, estas personas sí tienen nociones sobre la mayoría de los usos sociales, por lo que su comportamiento es adaptativo y pasa inadvertido para la mayoría de las personas. Además, los psicópatas tienen como característica el tener necesidades especiales y formas atípicas de satisfacerlas, que en general implican cierta ritualización. El acto psicopático hacia el otro se configura mediante la necesidad del psicópata y su código propio, que desde su punto de vista lo exime del displacer interno.

El problema de las necesidades de los psicópatas es que al no ser compartidas por el grupo, no pueden ser comprendidas ni generar empatía, por situarse fuera de las leyes de la costumbre y del bien común, aunque estas necesidades son sentidas con fuerza e impelen a la acción para el psicópata. Además los psicópatas tienen un marcado egocentrismo, una característica que pueden tener personas sanas pero que es intrínseca a este desorden. Esto implica que el psicópata trabaja siempre para sí mismo por lo que cuando da, es que está manipulando o esperando recuperar esa inversión en el futuro.

Psicópata

Otra nota común es la sobrevaloración de su persona, lo que los lleva a una cierta megalomanía y a una hipervaloración de su capacidad de conseguir ciertas cosas y la empatía utilitaria, que consiste en una habilidad para captar la necesidad del otro y utilizar esta información para su propio beneficio, lo que constituye una mirada en el interior del otro para saber sus debilidades y obrar sobre ellas para manipular.

Ciertos autores de la corriente psicoanalítica suponen que la razón por la cual una persona psicópata es una persona perversa es porque se trata de sujetos cuya personalidad depende en gran medida de mantener el principio de realidad, pero careciendo de superyo. Esto hace que la persona psicópata pueda cometer acciones criminales u otros actos cuestionables con total falta de escrúpulos, sin sentir culpa.

Una personalidad psicopática no se restringe al asesino en serie, tal y como sugiere el estereotipo más extendido en nuestra sociedad acerca del psicópata. Un psicópata puede ser una persona simpática y de expresiones sensatas que, sin embargo, no duda en cometer un delito cuando le conviene y, como se ha explicado, lo hace sin sentir remordimientos por ello. La mayor parte de los psicópatas no cometen delitos, pero no dudan en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos, sin sentir por ello remordimiento alguno.

Sin remordimientos

A efectos penales, hace mucho que se planteó el dilema sobre si una personalidad divergente de este tipo es imputable, especialmente cuando se trata de una estructura psicótica. Debido a que el concepto de enfermedad mental quedó en desuso (ya sea personas sádicas, violadoras, estafadores, o cualquier otra actividad reprobable que desarrolle el psicópata), se tiende a sostener que le corresponde punición, dado que la persona mantiene conciencia de sus actos y puede evitar cometerlos. También influye el derecho colectivo de la sociedad a protegerse de sus acciones. En España también se considera imputable a todos los efectos, sin que la psicopatía oficie de atenuante de delito ante el tribunal. Esto quiere decir que tienen responsabilidad y plena culpa. Sigue leyendo

SEKEN : AGRICULTURA BIODINÁMICA EN EL DESIERTO (EGIPTO)


Sekem es una cooperativa egipcia de comercio justo localizada a 60 kilómetros al sur de El Cairo. Fundada en 1977, en la actualidad se compone de siete empresas y 1.850 empleados. Sekem hizo florecer el desierto con agricultura biodinámica y produce, junto a alimentos ecológicos, productos para la salud y textiles mediante modelos de producción ecológicos. Sekem significa “vitalidad del sol”.

Ibrahim Abouleishel fundador de Sekem, fue galardonado en 2003 con el Premio Nobel Alternativo por un “modelo de negocio del siglo XXI en el que están integrados el éxito empresarial y el desarrollo social y cultural de la sociedad a través de una economía de afecto”.

Entre las siete empresas se encuentra la fitofarmacéutica Atosque produce medicamentos naturales contra el cáncer, problemas de la circulación, enfermedades dermatológicas y reúma, entre otras; la productora de alimentos ecológicos Isis, que elabora cereales, arroz, verduras, pasta, miel, mermelada, dátiles, especias, hierbas aromáticas, tés y zumos de frutas; la empresa de cultivo biodinámico Libra, que ha extendido por todo Egiptoa través de cooperativas, los procedimientos agrícolas biodinámicos para el cultivo de algodón, plantas oleaginosas y cereales; Lotus, que seca hierbas aromáticas; Hator, que comercializa fruta fresca; Mizanque reproduce semillas para cultivas verduras; y Conytex-Naturetex, que fabrica ropa y textiles ecológicos. La investigación para todas las empresas se realiza en la Academia Sekem de artes y ciencias aplicadas.

Otro foco importante junto a la agricultura biodinámica reside en el comercio justo. En sus inicios el principio de comercio justo se limitaba a comercio con países industrializados. Actualmente, Sekem intenta establecer el sistema también en el mercado interior egipcio. Un tercer punto esencial es el bienestar de los 1.850 empleados. Con los beneficios se financian guarderías, centros educativos Waldorf y clínicas. Una universidad pública abrió sus puertas en septiembre de 2009.

Cada mañana, los empleados de todas las empresas se reúnen para honrar todos juntos el día anterior y comenzar el siguiente. Los valores centrales de la dignidad humana, igualdad y democracia, también se promueven en la cooperativa Sekem. La tendencia educativa es incentivar el “pensamiento libre y claro” así como la “expresión artística”. Y los centros de salud trabajan con medicina psicosomática y natural.

La fundación Abouleish gestiona el capital de Sekem y el consejo de la fundación vela por la visión de la cooperativa. En febrero de 2007, el GLS Gemeinschaftsbank de Fráncfort y el Triodos Bank entraron a formar parte del grupo Sekem con casi un 20 por ciento.

FUENTE:  LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

LA POBREZA SOCIAL O SOCIOLOGÍA DE LA POBREZA


El texto dedicado por Georg Simmel a la sociología de la pobreza  fue publicado en 1907 y reeditado en el monumental volumen que el autor consagró a su  Sociología en 1908. Presenta distintos puntos de interés. En primer lugar, aclara los problemas de la definición de la pobreza y permite comprender los modos de constitución de la categoría de pobres y los vínculos que la unen a la sociedad entendida como un todo.

Este texto tuvo mucha influencia en la sociología americana. Inspiró trabajos sobre marginación como los de Robert Park. El concepto teórico de “el hombre marginal”, retomado a continuación por Stonequist, está efectivamente muy cerca del marco analítico  propuesto por Simmel para estudiar, más allá de la cuestión de la pobreza, fenómenos a primera vista sin relación directa con ella como la criminalidad, la condición de extranjero o a prostitución.

El texto de Simmel es, ante todo, teórico:

El hecho de que alguien se pobre no significa todavía que pertenezca a la categoría de los “pobres”. Puede ser un pobre comerciante, un pobre artista o un pobre empleado, pero sigue estando en una categoría definida por una actividad específica o un cargo.

Y añade:

Es a partir del momento en que reciben asistencia, incluso cuando su situación pudiera normalmente dar derecho a la asistencia, aunque no se haya otorgado aún, cuando se vuelven parte del grupo caracterizado por la pobreza. Este grupo no permanece unido por la interacción entre sus miembros, sino por la actitud colectiva que la sociedad como totalidad adopta frente a él.

Haciendo cola para acceder a un comedor social

De forma aún más explícita, subraya:

En términos sociológicos, la pobreza no aparece en primer lugar, seguida de la asistencia -éste es más bien el destino en su forma personal-, sino que es pobre el que recibe asistencia o el que debiera recibirla en determinada situación sociológica. La afirmación sociodemocrática según la cual el proletario moderno es definitivamente pobre, pero no un hombre pobre, coincide con esta interpretación.

Los pobres, como categoría social, no son los que sufren carencias y privaciones específicas, sino los que reciben auxilio o deberían recibirlo según las normas sociales. En consecuencia, la pobreza no puede, en este sentido, definirse como un estado cuantitativo en sí mismo, sino en relación con la reacción social que resulta de una situación específica.

Algunos subrayan efectivamente que esta pobreza institucional es sólo una dimensión de la pobreza porque no tiene en cuenta la miseria no declarada, la que se vive en silencio lejos de los organismos asistenciales, con frecuencia por miedo al deshonor social pero también por desconocimiento de los derechos a los que pueden aspirar los más desfavorecidos.

Pobre “invisible”

Ya en el siglo anterior Eugène Buret subrayaba que el enfoque de la pobreza por asistencia le parecía imperfecto:

En cada nación civilizada hay una miseria oficial, la que pretende aliviar la caridad pública y que no será fácil conocer. Podemos saber cuántas personas más o menos han reclamado auxiliio, cuántas lo han obtenido, cuántos desgraciados han admitido los hospitales y los hospicios. Estas cifras seguramente no nos harán conocer ni mucho menos el grado y la extensión de la verdadera indigencia, pero nos podrán servir como termómetro para medir la miseria real y latente en cada país. Sigue leyendo

¿LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN ES ECONOMÍA DE MERCADO?


Si se quiere ordenar la economía del bien común en una de las cuatro categorías principales de los sistemas económicos:

1.-) Economía de subsistencia. 2.-) Economía del regalo. 3.-) Economía de mercado.  y  4.-) Economía planificada.

Lo más seguro es que se tratara de una forma de economía de mercado; en cualquier caso, no una economía capitalista como el modelo actual, sino una “economía cooperativa de mercado”. De hecho, hay empresas privadas y mercados “libres” en los cuales se fijan los precios, y el dinero existe para permitir el intercambio: una economía de mercado.

Sin embargo, el “mercado” no está definido por una ley natural: es un lugar de encuentro entre las personas en el que establecen relaciones de negocios. Cómo se comportan y según qué normas éticas y legales se organizan estas relaciones es tan libre como el espíritu humano y por lo tanto se dejan a la creatividad democrática y la autodeterminación.

La economía del bien común pone patas arriba algunos de los fundamentos en los que se basa actualmente la economía de mercado. O mejor, pone las cosas bocabajo. El objetivo no es maximizar el interés propio, sino la maximización del bien común; la prioridad de la confrontación da paso a la prioridad de la cooperación.

En segundo lugar, la economía del bien común se consigue con los bienes comunales  (bienes comunales o “commons”) tales como empresas de suministro de energía, escuelas, redes ferroviarias, servicios de correos o bancos. Éstos no siguen la lógica del mercado, son bienes públicos, pero no dirigidos por el Estado, sino directamente por la población. Es por eso que se llaman “bienes comunales democráticos”.

En tercer lugar, se promueve la subsistencia, por la reducción a largo plazo de la jornada regular de trabajo en el orden de 30 a 33 horas semanales, por la apreciación relativa de otras prioridades en la vida y otras áreas del trabajo, como por ejemplo la jardinería o la artesanía, y por un “año sabático” por cada diez años trabajados. Por esto, la economía del bien común no es una economía de subsistencia, pero elementos de subsistencia completan las condiciones del mercado.

Del mismo modo, se promueve el regalo general. En primer lugar, mediante la formación de valores: la generosidad y el compartir se convierten en parámetros de conducta sociales. Si más gente produce para sí y elabora bienes de primera necesidad, también se los intercambiarán como regalo entre sí. Por otro lado, a través de incentivos para las empresas conformes con el mercado: si se comportan generosamente y regalan a la sociedad o a otras empresas recursos de todo tipo -desde tecnología y mano de obra hasta dinero-, serán recompensadas. Sigue leyendo

LA COOPERACIÓN EN UNA SOCIEDAD CONFLICTIVA Y CRIMINAL


 

Los patios de juego de todo el mundo resuenan con gritos de “¡Tramposo, tramposo!”  Así  sucede tanto en los terrenos deportivos como en las torres de marfil de la academia y en los relucientes imperios del mundo de los negocios.

Cuando las reglas se quebrantan, las emociones suben de tono y se busca venganza. Pero sólo parece justo castigar a quienes son conscientes de lo que están haciendo y se muestra condescendencia con quienes infringen las reglas sociales accidentalmente, quizás ignorantes de las normas sociales.

Diversos modelos matemáticos  -que ayudan a revelar la plausibilidad de un fenómeno particular- muestran que la cooperación puede desarrollarse y permanecer estable si los individuos castigan a los defraudadores y a aquellos que dejan de castigarlos. En ausencia de ese castigo, la cooperación se deteriora a medida que los individuos abandonan. Las sociedades humanas han desarrollado claramente esos instrumentos psicológicos.

El castigo es una manera de controlar el fraude. Es una forma de control externo. Pero castigar a otro requiere al menos dos capacidades. La primera es un sentido de cuál es la gama de  comportamientos posibles o tolerables en un determinado contexto. Esto es necesario, pues las acciones punibles son aquellas que se apartan de alguna manera apreciable de un conjunto determinado de conductas o emociones normativas en la población.

En su obra Genesis of Justice, el jurista Alan Dershowitz sostiene que Dios tuvo que encontrar un enfoque equilibrado del castigo. Sus primeras sanciones eran demasiado severas o no lo bastante severas en relación con el delito.

Dios le dice a Adán que morirá si come del árbol del conocimiento. Adán le transmite a Eva el mandato de Dios. Como sabemos, el mandato de Dios es una amenaza vana. Dios no la cumple plenamente. Dios castiga a Eva con los dolores del parto y con la subordinación a Adán. Dios castiga a Adán haciéndole sudar para ganarse  el pan, arruinando sus cosechas y limitando la duración de su vida. Sigue leyendo

ACEPTAR UN MODO DE VIDA ESCLAVO O REBELARSE


El crecimiento en los países del Norte -y a menudo también en los del Sur- propicia el asentamiento de un modo de vida esclavo que hace pensar que cuantas más horas se trabaje, más dinero se gane y, sobre todo, más se consiga consumir, mayor será la felicidad.

Retratemos la condición de ese modo de vida esclavo de la mano de una anécdota omnipresente en la literatura que contesta las virtudes del crecimiento:

En un pequeño pueblo de la costa mexicana un norteamericano se acerca a un pescador que está a punto de echar su siesta y le pregunta: ¿Por qué no dedica usted más tiempo a pescar en el mar? El mexicano responde que su trabajo cotidiano le permite atender de manera suficiente a las necesidades de su familia.

El norteamericano pregunta entonces: ‘¿Qué hace usted el resto del tiempo?’  Me levanto tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, echo la siesta con mi mujer, por la tarde quedo con mis amigos. Bebemos vino y tocamos la guitarra, Tengo una vida plena.

El norteamericano lo interrumpe: ‘Siga mi consejo: dedique más tiempo a la pesca. Con los beneficios, podrá comprar un barco más grande y abrir su propia factoría. Se trasladará a la Ciudad de México, y luego a Nueva York, desde donde dirigirá sus negocios’.

Ciudad de México

¿Y después?, pregunta el mexicano. ‘Después su empresa cotizará en bolsa y usted ganará mucho dinero’. ¿Y después?, replica el pescador. ‘Después podrá jubilarse, vivir en un pequeño pueblo de la costa, levantarse tarde, jugar con sus hijos, pescar un poco, echar la siesta con su mujer y pasar la tarde con los amigos, bebiendo vino y tocando la guitarra’.

Permítasenos agregar que, aunque parece claro qué es lo que retrata la anécdota, deja sin cubrir un flanco importante, en la medida en que no da cuenta del número de horas que trabaja la esposa del mexicano protagonista….. Sigue leyendo

ELEGIR ENTRE LO MALO Y LO PEOR: ELECCIÓN DE SOFÍA (CONFLICTO MORAL)


Aunque es un caso de ficción, lo cierto es que dilemas como éste y otros parecidos se plantearon en tiempos de guerra. Mientras ella (Sofía) y sus hijos se hallan cautivos en un campo de concentración nazi, un guardián se acerca a ella y le hace la siguiente proposición: si mata a uno de sus hijos, el otro vivirá; si rehúsa elegir, ambos niños morirán.

Al forzarla a aceptar el hecho de que es peor ver morir a dos hijos que a uno solo, el guardián la sitúa en el dilema de elegir la vida y la muerte de sus hijos, elección que ningún padre quiere ni debería tener que hacer. Visto de esta manera, algunos podrían decir que Sofía no tiene elección: en la fría cuenta matemática de los hijos vivos, está claro que 1>0. Y si no hay opciones en conflicto, no hay dilema moral.

Pero esta visión descarnada del problema de Sofía pasa por alto muchas otras preguntas: ¿estaría mal que rechazara el ofrecimiento del guardián y dejara morir a sus dos hijos? ¿Sería responsable ella de la muerte de sus hijos si decidiera no elegir?

Dado que no es posible recurrir a un principio claro e incontrovertible para responder a estas preguntas, nos quedamos con el dilema moral, un problema que se plantea como conflicto entre dos deberes antagónicos.

Sofía tiene, como madre, la responsabilidad de proteger a sus dos hijos. Aun cuando estuviera siempre peleándose con uno de sus hijos y nunca con el otro, seguiría enfrentándose a un dilema; rasgos de la personalidad como ésos no proporcionan material adecuado para decidir sobre la vida de otro, por más que puedan decantar nuestros sentimientos en un sentido o en otro.

Imaginemos que la ley permitiera que las diferencias de personalidad interfieran con nuestros juicios sobre la justicia y el castigo. Podríamos acabar condenando a un ladronzuelo a cadena perpetua a causa de su sonrisa siniestra y anular la sentencia contra otro ladronzuelo gracias a su sonrisa seductora.

Imagen “dura” de la delincuencia

Sofía elige sacrificar a su hija menor y más débil para salvar a su hijo mayor y más fuerte. Luego pierde la pista de su hijo y años después, corroída por el sentimiento de culpa, se suicida. Sigue leyendo