LAVADO DE CEREBRO Y CONTROL MENTAL


El lavado de cerebro, también conocido como reforma del pensamiento, educación o reeducación, consiste en la aplicación de diversas técnicas de persuasión, coercitivas o no, mediante las cuales cambiar, en mayor o menor grado, las creencias, conducta, pensamientos y comportamiento de un individuo o sociedad, con el propósito de ejercer sobre ellos reconducciones o controles políticas, religiosas y cualquier otro.

A lo largo de la historia se ha recurrido a diversas formas de control del pensamiento de los individuos, que hoy en día se aplican como método de curación en psiquiatría, apoyado frecuentemente con el uso de fármacos que inhiben las capacidades cognitivas del paciente.

Otros apoyos empleados secularmente en el lavado de cerebro son el hambre y la privación de proteínas, que producen confusión y credulidad en la capacidad de raciocinio y la privación del sueño, que causa estrés y confusión. En treinta días se consigue un lavado de cerebro, y aunque ninguna programación es irreversible, si el individuo la acepta durante un periodo de tiempo considerable, ya no hay vuelta atrás, como se ve en los adeptos de diversos credos y filosofías.

El lavado mental es un método, más o menos eficaz dependiendo del individuo, cuyo objetivo es hacer admitir unas informaciones cualesquiera a otra persona, con la técnica de la repetición hasta que el objetivo sea alcanzado. En ocasiones se utiliza violencia verbal o física para confirmar o crear una jerarquía definida de superioridad entre el lavador y el lavado.

Se habla también del lavado mental realizado por los medios de información sobre la población, el cual puede efectivamente tener a largo plazo el efecto de imponer el punto de vista de los medios sobre la población. El mejor medio de evitar el control de información es utilizar varias fuentes dentro del posible espectro informativo. No ha de confundirse el lavado mental con la lobotomía, la cual es una operación quirúrgica del cerebro.

Aunque el vocablo “secta” esté relacionado a grupos que posean una misma afinidad, con el paso de los años ha adquirido una connotación más relacionada a grupos radicalizados, generalmente religiosos, tendentes a controlar el pensamiento distinto al suyo, fuera y dentro de su organización. Está presente así, dentro de algunas “sectas“: el lavado mental, el lavado de cerebro, el Control mental, la persecución, la explotación humana y sexual, la esclavitud y diversas formas de abusos.

Desde el punto de vista sociológico, es un grupo de personas con afinidades comunes (culturales, religiosas, políticas, etc). Habitualmente es un término peyorativo, frente al que ha surgido, el de nuevos movimientos religiosos.

El término lavado de cerebro se aplica a veces, en algunas sociedades, cuando el gobierno mantiene un control social firme de los medios de comunicación de masas y el sistema de educación, y usa este control para diseminar la propaganda en una escala particularmente intensiva, con efecto global que puede lavar el cerebro a secciones grandes de la población.

Denominada Propaganda, busca influir en el sistema de valores del ciudadano y en su conducta. Se articula a partir de un discurso persuasivo que busca la adhesión del otro a sus intereses. Es de carácter monológico y requiere el recurso al anuncio. Su planteamiento consiste en utilizar una información presentada y difundida masivamente con la intención de apoyar una determinada opinión ideológica o política.

Aunque el mensaje contenga información verdadera, es posible que sea incompleta, no contrastada y partidista (desinformación), de forma que no presente un cuadro equilibrado de la opinión en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional. Su uso primario proviene del contexto político, refiriéndose generalmente a los esfuerzos patrocinados por gobiernos o partidos para convencer a las masas; secundariamente se alude a ella como publicidad de empresas privadas.

La reforma del pensamiento o persuasión coercitiva , como en ocasiones es conocido, es un sinónimo atenuado del lavado de cerebro, se entiende mejor como un sistema coordinado gradual de influencia coercitiva y de control de conducta diseñada para que artificiosamente y encubiertamente manipule e influya en los individuos, usualmente en una escena preparada por el grupo, con el propósito que los creadores del programa de alguna manera se beneficien, atrayendo adeptos a su causa para el provecho financiero o político.

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EL AFECTO GENERA EN EL ORGANISMO HUMANO UNA LIBERACIÓN INTERNA DE OPIÁCEOS


Los jugos de la planta Papaver somniferum  en flor poseen una cualidad excepcional: alivian el dolor. Si se rascan y secan las exudaciones de la amapola, obtenemos opio, una mezcla de compuestos homólogos de la dinastía de opiáceos, una gran familia química con nombres tan famosos como la morfina, la heroína y el láudano. El extracto de Papaver  elimina el dolor porque los propios opiáceos son componentes vitales del sistema analgésico del cerebro.

Papaver Somniferum

Este rápido alivio del tormento físico fue un avance milagroso para los primeros médicos que lo recetaron. Thomas Sydenham dijo en 1680:  “Entre los remedios que a Dios Todopoderoso le ha complacido dar al hombre para aliviar su sufrimiento, ninguno tan universal y eficaz como el opio”.

Sydenham estaba contando sólo la mitad de la historia. Los opiáceos no sólo extinguen el dolor que procede de las heridas físicas sino que también borran el terror emocional que procede de la ruptura de una relación. El cerebro límbico tiene más receptores opiáceos que ninguna otra área del cerebro, quizá con este propósito.

Los estudios de la separación dan fe de la rápida eficacia de los opiáceos como anestésicos ante una pérdida. Si apartas a una madre de sus crías, la angustia de éstas aparece. Si les das una diminuta dosis de opiáceos (demasiado reducida para resultar sedante), los cachorros dejan de protestar.

Crías separadas de su madre

Los poetas y otras especies de mala fama conocen este poder desde hace miles de años. El cuarto libro de la Odisea  de Homero contiene una descripción médicamente precisa de una fiesta  en la que la conversación ha adoptado un giro lúgubre para hablar de los compañeros perdidos:

Entonces Helena, hija de Zeus, ordenó otra cosa. Echó en el vino que estaban bebiendo una droga contra el llanto y la cólera, que hacía olvidar todos los males. Quien la tomare, después de mezclarla en la crátera, no logrará que en todo el día le caiga una sola lágrima en las mejillas, aunque con sus propios ojos vea morir a su madre y a su padre o degollar con el bronce a su hermano o a su mismo hijo. Sigue leyendo

LA POBREZA SOCIAL O SOCIOLOGÍA DE LA POBREZA


El texto dedicado por Georg Simmel a la sociología de la pobreza  fue publicado en 1907 y reeditado en el monumental volumen que el autor consagró a su  Sociología en 1908. Presenta distintos puntos de interés. En primer lugar, aclara los problemas de la definición de la pobreza y permite comprender los modos de constitución de la categoría de pobres y los vínculos que la unen a la sociedad entendida como un todo.

Este texto tuvo mucha influencia en la sociología americana. Inspiró trabajos sobre marginación como los de Robert Park. El concepto teórico de “el hombre marginal”, retomado a continuación por Stonequist, está efectivamente muy cerca del marco analítico  propuesto por Simmel para estudiar, más allá de la cuestión de la pobreza, fenómenos a primera vista sin relación directa con ella como la criminalidad, la condición de extranjero o a prostitución.

El texto de Simmel es, ante todo, teórico:

El hecho de que alguien se pobre no significa todavía que pertenezca a la categoría de los “pobres”. Puede ser un pobre comerciante, un pobre artista o un pobre empleado, pero sigue estando en una categoría definida por una actividad específica o un cargo.

Y añade:

Es a partir del momento en que reciben asistencia, incluso cuando su situación pudiera normalmente dar derecho a la asistencia, aunque no se haya otorgado aún, cuando se vuelven parte del grupo caracterizado por la pobreza. Este grupo no permanece unido por la interacción entre sus miembros, sino por la actitud colectiva que la sociedad como totalidad adopta frente a él.

Haciendo cola para acceder a un comedor social

De forma aún más explícita, subraya:

En términos sociológicos, la pobreza no aparece en primer lugar, seguida de la asistencia -éste es más bien el destino en su forma personal-, sino que es pobre el que recibe asistencia o el que debiera recibirla en determinada situación sociológica. La afirmación sociodemocrática según la cual el proletario moderno es definitivamente pobre, pero no un hombre pobre, coincide con esta interpretación.

Los pobres, como categoría social, no son los que sufren carencias y privaciones específicas, sino los que reciben auxilio o deberían recibirlo según las normas sociales. En consecuencia, la pobreza no puede, en este sentido, definirse como un estado cuantitativo en sí mismo, sino en relación con la reacción social que resulta de una situación específica.

Algunos subrayan efectivamente que esta pobreza institucional es sólo una dimensión de la pobreza porque no tiene en cuenta la miseria no declarada, la que se vive en silencio lejos de los organismos asistenciales, con frecuencia por miedo al deshonor social pero también por desconocimiento de los derechos a los que pueden aspirar los más desfavorecidos.

Pobre “invisible”

Ya en el siglo anterior Eugène Buret subrayaba que el enfoque de la pobreza por asistencia le parecía imperfecto:

En cada nación civilizada hay una miseria oficial, la que pretende aliviar la caridad pública y que no será fácil conocer. Podemos saber cuántas personas más o menos han reclamado auxiliio, cuántas lo han obtenido, cuántos desgraciados han admitido los hospitales y los hospicios. Estas cifras seguramente no nos harán conocer ni mucho menos el grado y la extensión de la verdadera indigencia, pero nos podrán servir como termómetro para medir la miseria real y latente en cada país. Sigue leyendo

HABLEMOS DE DELINCUENCIA


“La pobreza es la madre del delito”  (Marco Aurelio, emperador romano siglo II)

“El delito no es más que energía mal encauzada. En tanto todas las instituciones actuales, sean económicas, políticas, sociales o morales, se confabulen para encauzar la energía humana por los canales equivocados; en tanto la mayoría de las personas se sientan fuera de lugar haciendo cosas que aborrecen, viviendo una vida que odian, el delito será inevitable, y todas las leyes de los códigos legales sólo pueden aumentar el delito, nunca acabar con él”. (Emma Goldman, anarquista estadounidense).

Estas palabras, escritas por Emma Goldman en 1917, expresan una opinión que parece tan pertinente hoy como lo era hace casi un siglo. Ella se hace eco de un comentario realizado 12 años antes por el escritor inglés H.G.Wells, quien señaló que el delito es:  “la medida de fracaso de un Estado, pues todo delito es, al final, el delito de la comunidad”.

Desde cualquier perspectiva, una de las funciones principales del Estado es establecer instituciones que mantengan cierto orden social, lo cual requiere la obedicencia a las leyes aceptadas por la sociedad como un todo. El delito, perpetrado cuando se viola esas leyes, representa una alteración del orden social y es un desafío explícito a la autoridad del Estado. Una sociedad no funciona correctamente en la medida en que es incapaz de eliminar el delito; en gran parte, la razón de la existencia de un Estado es imponer la legalidad -su legitimidad depende de su capacidad para hacerlo-, de forma que un Estado caracterizado por la delincuencia carece, literalmente, de sentido.

Mapa Mundial de delitos violentos

Un delito es, por definición, una infracción que sobrepasa los confines de las relaciones privadas y pasa al dominio público. Definido y prescrito en algún tipo de código penal, un acto delictivo es aquel cuya comisión se considera ofensiva o perjudicial para la sociedad y punible según la ley. Los mecanismos para abordar la actividad delictiva son establecidos y manejados por el Estado, y suelen implicar a funcionarios autorizados a actuar en su nombre (una fuerza policial) y un sistema judicial que es responsable de perseguir y castigar a los malhechores.

La integridad de la sociedad depende del respeto a la ley, que no sólo debe ser obedecida sino que debe hacerse obedecer. “Si el que infringe la ley no es castigado -afirmó el psiquiatra estadounidense Thomas Szasz en 1974-, el que la obedece es engañado. Por esa razón, y sólo por esa, los infractores deben ser castigados: para verificar como bueno y estimular como útil el comportamiento decente”. Sigue leyendo

EL CONFLICTO ENTRE PADRES E HIJOS COMIENZA EN EL ÚTERO MATERNO


La concepción es una experiencia mágica y maravillosa para la mayoría de los padres. Nueve meses después, esa experiencia se transforma en otra: el nacimiento de un niño. Ahora bien, sin que la mayoría de los padres lo sepan, tiene lugar un pequeño hecho desagradable: en el curso de su desarrollo, el feto maniobra para tomar todos los recursos que una madre puede dar y más. Sí, el feto humano es codicioso. Sí, el feto humano no juega limpio. Y sí, la madre paga por ello.

La Biblia proporciona una explicación, coloreada de moralismo:  “A la mujer le dijo: Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos…”. La teoría evolucionista da una explicación diferente, descriptivamente poderosa pero sin color prescriptivo alguno.

La idea de que los padres y sus hijos libran una batalla no es nueva. Cada padre y cada madre lo sabe: regaña a un adolescente y tendrás un conflicto. Pero lo que la mayoría de los padres no saben es por qué existe esta batalla. Su ignorancia es en parte debida a las pilas de libros sobre educación de los hijos que describen de manera simple y clara a los terribles dasañeros y luego dan una receta para combatir lo que es, desde el punto de vista del desarrollo, un hecho consumado.

Conflicto Madre-Hija adolescente

Trivers aportó hace treinta años nuevas ideas acerca de este problema al mostrar cómo un conocimiento de la genética de la relación entre padres e hijos permite ver lo inevitable del conflicto en el que un lado siente la tentación de tomar más de lo que le tocaría en un reparto equitativo, mientras el otro se ve tentado a dar menos.  Los padres biológicos están genéticamente relacionados con sus hijos exactamente al 50%. Pero cada niño está genéticamente relacionado consigo mismo exactamente al cien por cien. En consecuencia, mientras el niño quiere tomar de los padres todo lo que pueda, los padres tienen que distribuir su riqueza de tal manera que no priven de oportunidades a su futura descendencia.

Esta sencilla diferencia genética lleva al conflicto, presente en todas las especies de reproducción sexual, como la nuestra. El resultado de este conflicto es, cabe esperar, un proceso cuidadosamente pautado de toma y daca. Los hijos toman lo que necesitan para desarrollarse como individuos sanos y productivos. Los padres dan lo que pueden sin comprometer sus posibilidades de tener otros hijos igualmente sanos y productivos. En algún nivel, pues, unos hijos egoístas y unos padres egoístas deben cooperar en beneficio mutuo. Después de todo, tanto unos como otros quieren, en algún nivel, la misma cosa: la inmortalidad genética. Sigue leyendo

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL “INADAPTADO”


 

El primer mandamiento es no levantarse, vencer a la luz con la voluntad de tinieblas, pero nunca lo logra, nunca lo ha logrado. Si le hubieran dicho que no se tenía que levantar más, se habría instalado en la oscuridad sin inmutarse. Si al menos le hubieran dicho levántate, habría resistido, tal vez lo habría logrado. Eso sí que le importa. Que le den órdenes, que le digan ahora, que le digan haz esto. Pero a nadie le importa que se levante o no se levante.

Mide el mundo por las rendijas de la persiana. Es áspero y frio. Es un lugar ajeno y siente que algún día no lo fue, que ese mundo era un territorio conocido y hasta placentero, pero que eso tal vez fue antes de nacer, en un tiempo en el que no había divisiones, día y noche, noche y día. No cuenta los golpes, no cuenta las noches sin dormir, ni tampoco las cicatrices. Huele a agrio en el piso y se respira un aire muchas veces respirado, agotado y ya inservible, y ese no es el aire del mundo que entonces habitaba y que no era ajeno y frío ni desconocido.

Se levanta por fin. No porque deba, sino porque quiere escapar. Siempre lo hace con el pie izquierdo al tiempo que se santigua con la mano derecha, pero hoy pone despacio los dos pies en el suelo y se agarra con las dos manos al borde del somier. No pasa nada. Sale del cuarto, el grifo de la cocina gargajea y de vez en cuando suelta aire, pero no agua. Està cortada. La luz no, esta vez no.

En el espejo del cuarto de baño hay un extraño y el extraño está en el espejo, que el cuerpecito lo tengo moraíto como un lirio, y si Dios me diera la muerte acabarían mis martirios. Son unos tientos, pero él no lo sabe porque no sabe nada de música, ni mucho menos que los cantaba Camarón.

Lo oyó una vez en la radio del patio y se le quedó dando vueltas para siempre en la cabeza porque entonces era él el que tenía el cuerpecito como un lirio, sí, y porque también él quería mejor estar muerto que castañeteando los dientes de miedo, porque sí, de esa forma acabarían sus martirios. Que el mío cogeré, que el mío, cogeré, sigue tú por tu camino, que yo el mío cogeré.

Su padre ronca y duerme y dormirá roncando con un brazo peludo colgando y un reloj falso brillando como brilla el oro falso, con la correa a medio desabrochar. El brazo que mide la longitud del mundo. El brazo que sostiene la mano, la mano que a veces se cierra. Ya no le da miedo, la suya es igual de grande. Padre duerme, madre no. Madre finge que duerme, o se engaña a sí misma, también para no sentir y para no saber. Sigue leyendo

LA COOPERACIÓN EN UNA SOCIEDAD CONFLICTIVA Y CRIMINAL


 

Los patios de juego de todo el mundo resuenan con gritos de “¡Tramposo, tramposo!”  Así  sucede tanto en los terrenos deportivos como en las torres de marfil de la academia y en los relucientes imperios del mundo de los negocios.

Cuando las reglas se quebrantan, las emociones suben de tono y se busca venganza. Pero sólo parece justo castigar a quienes son conscientes de lo que están haciendo y se muestra condescendencia con quienes infringen las reglas sociales accidentalmente, quizás ignorantes de las normas sociales.

Diversos modelos matemáticos  -que ayudan a revelar la plausibilidad de un fenómeno particular- muestran que la cooperación puede desarrollarse y permanecer estable si los individuos castigan a los defraudadores y a aquellos que dejan de castigarlos. En ausencia de ese castigo, la cooperación se deteriora a medida que los individuos abandonan. Las sociedades humanas han desarrollado claramente esos instrumentos psicológicos.

El castigo es una manera de controlar el fraude. Es una forma de control externo. Pero castigar a otro requiere al menos dos capacidades. La primera es un sentido de cuál es la gama de  comportamientos posibles o tolerables en un determinado contexto. Esto es necesario, pues las acciones punibles son aquellas que se apartan de alguna manera apreciable de un conjunto determinado de conductas o emociones normativas en la población.

En su obra Genesis of Justice, el jurista Alan Dershowitz sostiene que Dios tuvo que encontrar un enfoque equilibrado del castigo. Sus primeras sanciones eran demasiado severas o no lo bastante severas en relación con el delito.

Dios le dice a Adán que morirá si come del árbol del conocimiento. Adán le transmite a Eva el mandato de Dios. Como sabemos, el mandato de Dios es una amenaza vana. Dios no la cumple plenamente. Dios castiga a Eva con los dolores del parto y con la subordinación a Adán. Dios castiga a Adán haciéndole sudar para ganarse  el pan, arruinando sus cosechas y limitando la duración de su vida. Sigue leyendo

ACEPTAR UN MODO DE VIDA ESCLAVO O REBELARSE


El crecimiento en los países del Norte -y a menudo también en los del Sur- propicia el asentamiento de un modo de vida esclavo que hace pensar que cuantas más horas se trabaje, más dinero se gane y, sobre todo, más se consiga consumir, mayor será la felicidad.

Retratemos la condición de ese modo de vida esclavo de la mano de una anécdota omnipresente en la literatura que contesta las virtudes del crecimiento:

En un pequeño pueblo de la costa mexicana un norteamericano se acerca a un pescador que está a punto de echar su siesta y le pregunta: ¿Por qué no dedica usted más tiempo a pescar en el mar? El mexicano responde que su trabajo cotidiano le permite atender de manera suficiente a las necesidades de su familia.

El norteamericano pregunta entonces: ‘¿Qué hace usted el resto del tiempo?’  Me levanto tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, echo la siesta con mi mujer, por la tarde quedo con mis amigos. Bebemos vino y tocamos la guitarra, Tengo una vida plena.

El norteamericano lo interrumpe: ‘Siga mi consejo: dedique más tiempo a la pesca. Con los beneficios, podrá comprar un barco más grande y abrir su propia factoría. Se trasladará a la Ciudad de México, y luego a Nueva York, desde donde dirigirá sus negocios’.

Ciudad de México

¿Y después?, pregunta el mexicano. ‘Después su empresa cotizará en bolsa y usted ganará mucho dinero’. ¿Y después?, replica el pescador. ‘Después podrá jubilarse, vivir en un pequeño pueblo de la costa, levantarse tarde, jugar con sus hijos, pescar un poco, echar la siesta con su mujer y pasar la tarde con los amigos, bebiendo vino y tocando la guitarra’.

Permítasenos agregar que, aunque parece claro qué es lo que retrata la anécdota, deja sin cubrir un flanco importante, en la medida en que no da cuenta del número de horas que trabaja la esposa del mexicano protagonista….. Sigue leyendo