GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: CUANDO EL DINERO DEJÓ DE VALER (SEGUNDA PARTE)


Segunda entrega.

El legislador de Burgos aparenta no preocuparse todavía del aspecto más voluminoso y más serio de una economía monetaria, que estriba en el dinero que hay en las cuentas de los Bancos y Cajas de Ahorros. De él no se dice una palabra.

Toda la ofensiva se concentra sobre los billeltes: las emisiones de radio dependientes del gobierno de Burgos, sus periódicos y buena parte de los del extranjero difunden una lista de billetes del Banco de España “que valdrán” en razón de su tipo y numeración, y anuncian que todos los restantes “no valdrán”.

Con esta acción propagandística se consigue el triple propósito de confundir y desasosegar a la población de la zona enemiga, desprestigiar a la moneda de la misma en el extranjero y acelerar la velocidad de circulación del dinero en la España republicana, donde todo el mundo tiende a sacarse e encima los billetes como si quemaran.

Dejando de lado el surgimiento de una economía de trueque, sobreviene en aquella zona la avidez de compra de lo poco que hay para vender, y así se recuerdan los casos tragicómicos de que un campesino instale dos pianos en su alquería, y similares.

Esta actitud psicológica redunda en fomentar la inflación, con las obvias consecuencias de encarecimiento de precios y de distorsión mortal de todos los mecanismos económicos.

Mientras van creciendo la histeria y el aturrullamiento, las fuentes de información franquistas se callan como muertas acerca del futuro que espera a las cuentas en Cajas de Ahorros y Bancos, porque su guerra principal va contra el billete, y es éste el que les interesa destruir.

El dinero en cuenta está ya siempre más remansado y controlado y no embiste tan vigorosamente contra los precios como el billete en mano. Incluso llega a articularse entre la gente cierta vaga creencia en que, aunque el dinero de papel deje de valer, “siempre valdrán” los saldos bancarios y los ahorros, porque “responde” de ellos el Banco o la Caja en cuestión.

No es cosa de aburrir al lector con un discurso acerca de las disposiciones que van dictándose sobre estas cuestiones desde Burgos. La reacción republicana ante ellas es pobre y contraproducente: castigar a quien atesora billetes “de los que valdrán”, o quien difunde las numeraciones correspondientes. La amenaza de ir a la cárcel, ¿puede ayudar a sentir confianza en el dinero?

Cuando la guerra viene ya de bajada a partir del otoño de 1938, empieza el gobierno de Burgos a expresar su interés por el movimiento registrado por las cuentas durante la guerra, y establece como criterio de bloqueo la fecha divisoria del 18 de julio de 1936, de suerte que todo saldo posterior a tal fecha queda inmovilizado.

La vuelta a la “normalidad” se regula, el 7 de diciembre de 1939, marcando una tabla de seis períodos dentro de la guerra civil y una estimación entre el 90 por ciento y el 5 por ciento de los activos existentes en las cuentas, según su fecha y ningún otro criterio del mundo.

De este modo si un señor falleció en Barcelona durante la guerra dejando a su hijo una cartilla de ahorro con un millón, de fecha anterior al 18 de julio, y el pobre hijo se hizo cargo de la herencia, pagó el entierro, liquidó impuestos y abrió otra cartilla de ahorro a su nombre por 950.000 pesetas el día antes de la entrada de las  tropas de  Franco, este dinero se le convirtió en 47.500 pesetas en cuenta, y si lo hubiera sacado de ella en billetes republicanos, no lo habría valido nada.

¿Qué duda cabe de que en el territorio republicano se había registrado una inflación que pesaba sobre el futuro del país? Bien está. Obsérvese, empero, que en la “zona nacional” había habido también su propia inflación, de suerte que aquella peseta perdió la cuarta parte de su valor entre 1936 y 1939. Poco es en relación con la peseta republicana, que perdió las nueve décimas partes del mismo durante la guerra. Con todo, el grado de inflación de Burgos es ya bastante para desautorizar su pretensión de tener una moneda sana que toma precauciones contra una moneda enferma.

Sólo dos líneas para aludir a una página de la legislación de bloqueo y desbloqueo que resulta difícil de entender con argumentos de pura técnica hacendística. Se trata de la inmovilización de los créditos de los llamados “improtegibles”.  Bajo esta peregrina denominación se entendía, por de pronto, al erario republicano y luegos los sindicatos, partidos políticos, organismos y personas caracterizadas de su bando, así como -bastante asombrosamente por lo específico- “los aprovisionadores del enemigo, de armamento, sustancias explosivas o importadores de automóviles y camiones”, como si sólo estos capítulos fuesen de interés en el vasto catálogo de los suministros de guerra.

Se les bloquearon 3.638 millones y tras ser respetados y liquidados los derechos legítimos de los acreedores de esos proscritos, quedaron 723.052.865 pesetas a favor de los confiscadores.

Fuente: HISTORIA INAUDITA DE ESPAÑA  (PEDRO VOLTES)

¿LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN ES ECONOMÍA DE MERCADO?


Si se quiere ordenar la economía del bien común en una de las cuatro categorías principales de los sistemas económicos:

1.-) Economía de subsistencia. 2.-) Economía del regalo. 3.-) Economía de mercado.  y  4.-) Economía planificada.

Lo más seguro es que se tratara de una forma de economía de mercado; en cualquier caso, no una economía capitalista como el modelo actual, sino una “economía cooperativa de mercado”. De hecho, hay empresas privadas y mercados “libres” en los cuales se fijan los precios, y el dinero existe para permitir el intercambio: una economía de mercado.

Sin embargo, el “mercado” no está definido por una ley natural: es un lugar de encuentro entre las personas en el que establecen relaciones de negocios. Cómo se comportan y según qué normas éticas y legales se organizan estas relaciones es tan libre como el espíritu humano y por lo tanto se dejan a la creatividad democrática y la autodeterminación.

La economía del bien común pone patas arriba algunos de los fundamentos en los que se basa actualmente la economía de mercado. O mejor, pone las cosas bocabajo. El objetivo no es maximizar el interés propio, sino la maximización del bien común; la prioridad de la confrontación da paso a la prioridad de la cooperación.

En segundo lugar, la economía del bien común se consigue con los bienes comunales  (bienes comunales o “commons”) tales como empresas de suministro de energía, escuelas, redes ferroviarias, servicios de correos o bancos. Éstos no siguen la lógica del mercado, son bienes públicos, pero no dirigidos por el Estado, sino directamente por la población. Es por eso que se llaman “bienes comunales democráticos”.

En tercer lugar, se promueve la subsistencia, por la reducción a largo plazo de la jornada regular de trabajo en el orden de 30 a 33 horas semanales, por la apreciación relativa de otras prioridades en la vida y otras áreas del trabajo, como por ejemplo la jardinería o la artesanía, y por un “año sabático” por cada diez años trabajados. Por esto, la economía del bien común no es una economía de subsistencia, pero elementos de subsistencia completan las condiciones del mercado.

Del mismo modo, se promueve el regalo general. En primer lugar, mediante la formación de valores: la generosidad y el compartir se convierten en parámetros de conducta sociales. Si más gente produce para sí y elabora bienes de primera necesidad, también se los intercambiarán como regalo entre sí. Por otro lado, a través de incentivos para las empresas conformes con el mercado: si se comportan generosamente y regalan a la sociedad o a otras empresas recursos de todo tipo -desde tecnología y mano de obra hasta dinero-, serán recompensadas. Sigue leyendo

LOS EMPRESARIOS DE ESPAÑA: UNA MIRADA A NUESTRO MÁS INMEDIATO PASADO (SEGUNDA PARTE)


Segunda entrega del capítulo  Chimeneas del Nervión, (que yo he titulado Los empresarios de España: una mirada a nuestro más inmediato pasado), en el que el historiador Fernando García de Cortázar se refiere a la desigual actitud de las burguesías españolas, que al fin y a la postre han configurado la realidad de las regiones de España y son fuente de tensiones en la nación fallida.

Muy diferente es el itinerario del País Vasco, aun cuando su economía también pareciera depender a finales del siglo de la exportación de materias primas mineras. Aquí, el acaparamiento de las explotaciones en muy pocas manos y las dificultades impuestas por el fuero a las concesiones a extranjeros hicieron posible que la oligarquía vizcaína acumulase los medios suficientes para acometer la inversión industrial.

Santa Ana de Bolueta

Desde el término de la segunda guerra carlista, la burguesía minera toma el relevo de la vieja clase comercial y continúa su labor de creación de siderurgias destinadas a sustituir las obsoletas ferrerías con la apertura de Santa Ana de Bolueta en 1841 como episodio notable. Primera sociedad anónima del País Vasco, reunió un equipo de comerciantes bilbaínos y técnicos franceses para levantar los primeros altos hornos vizcaínos, alimentados todavía con carbón vegetal.

Al igual que la siderometalurgia vizcaína, Guipuzcoa se adelanta ese mismo año  en el sector papelero, al fundar el capital donostiarra en Tolosa la compañía La Esperanza para rentabilizar al  momento la unificación de mercados y la prohibición de compra de papel europeo. En 1902 dos tercios de papel español procedían de los valles guipuzcoanos, a costa de contaminar irremediablemente los ríos de la provincia.

La Esperanza

El polo vizcaíno, reforzado por la apertura de nuevas empresas en la ría del Nervión, dio el tiro de gracia al núcleo asturiano que parecía destinado a ser la cabeza de la siderurgia española por sus abundantes reservas de carbón y la pujanza de sus fábricas en los años cincuenta. Falló, sin embargo, al no poder atraerse la demanda ferroviaria y no disponer de capitales propios, debiendo soportar así mismo la dura competencia del hierro vizcaíno. El parón de la siderurgia astur sólo se vería compensado por el éxito de la metalurgia de zinc, donde la Compañía Asturiana se impondría como primer productor europeo.

A pleno rendimiento desde 1885, las empresas del Nervión, volcadas en el lingote para la exportación, conquistan en pocos años  el mercado nacional, sobre todo desde que la Liga Vizcaína de Productores logra del gobierno un arancel proteccionista completamente favorable a sus intereses. Sigue leyendo

EL DERECHO A OKUPAR UN ESPACIO HABITABLE: MUJERES URBANISTAS


La naturaleza espacial del ser humano requiere vincularse a sitios concretos y libremente elegidos en los que transcurre la existencia. Significados por la volutad y vinculados al ser de las cosas, estos lugares instilan su calidez a las relaciones sociales que en ellos acontece. Sin embargo, y aunque resulte absurdo, las sociedades de la presente hora nos han despojado de algo tan intrínsecamente humano como es el derecho a habitar.

El entorno se convierte, de hecho, en un impedimento para la realización personal cuando los residentes carecen de toda implicación en el diseño de sus barriadas y en la construcción de sus viviendas.

Desde la perspectiva del pensamiento libertario, los vecinos deberían apropiarse los inmuebles: sería una forma de institucionalizar un caos saludable. Que los vecinos diseñen el edificio que ocupan implica invertir la jerarquización de la construcción, es decir, que esta se gestione desde abajo.

KROPOTKIN

Pero hay otros dos problemas importantes que, bajo su aparente modernidad, fueron ya discutidos por el viejo Kropotkin: el aislamiento de la familia nuclear, enclaustrada en la vivienda unifamiliar como trasunto de la prisión, y la exclusión de la mujer en todo lo relacionado con el alojamiento, ahogada, como estaba y continúa, en las faenas domésticas. Estas inquietudes están muy presentes en el discurso comunitario y participativo del movimiento okupa, a través  del que fluyen continuamente acciones que van desde el barrio y hacia el barrio en su reivindicación del espacio público de la vida cotidiana.

Una muestra de todo ello fue ofrecida en el taller “Las mujeres y el barrio de Lavapiés“, que organizaron el Colectivo de Mujeres Urbanistas, la Eskalera karakola y la Red de Lavapiés en el madrileño CSA “El Laboratorio”.  Confluyen, asimismo, en un espacio de contrainformación telemática llamado Nodo50, un servidor de Internet que apronta una asamblea independiente con una oferta de servicios informáticos y comunicativos a grupos de izquierda, desencantados, inconformistas y disidentes.

El acervo del que se nutre el Colectivo de Mujeres Urbanistas no es ajeno a la veterana aportación de un grupo de teóricas que, sin abandonar el fenimismo, incidieron en la prioridad de las transformaciones espaciales y económicas frente a las netamente políticas.

Con el objeto de socializar la faena doméstica y barrenar la separación que existía entre el hogar y el trabajo, estas activistas diseñaron casas en las que no existía la tradicional división de los espacios por sexos. Son varias las experiencias que a lo largo de la historia han subvertido los valores patriarcales prevalentes en el urbanismo.

Generalmente, estos experimentos han sido el fruto de la colaboración entre el socialismo y el feminismo, muy fructífera hasta que el socialismo científico, basado en la división de clases como categoría central, desplazó al radicalismo por la igualdad de sexos que había caracterizado al socialismo utópico inglés.

A finales del siglo XIX, Melusina Fay Pierce propuso la creación de bloques de casas con servicio común de cocina, lavandería y guardería, apoyadas en cooperativas de trabajo doméstico. Y en tiempos más recientes, desde que acabó la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los años setenta, numerosas mujeres de la zona costera de Brighton se organizaron en redes que, desafiando a la Administración local, ofrecieron una respuesta adecuada a sus cambiantes necesidades durante la posguerra, tanto en lo relativo a la maternidad y al cuidado  de los hijos como al mantenimiento del puesto de trabajo.

Dolores Hayden

En Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña también se han construido, auspiciados por el embate del feminismo en los años sesenta, hogares de acogida para mujeres, albergues y centros culturales. Con el mismo prurito, cubrir las necesidades de las mujeres, la vanguardista arquitecta Dolores Hayden ha diseñado no hace mucho un espacio mixto en el que las madres solteras de la ciudad de Los Ángeles pueden combinar el hogar con el puesto de trabajo.

En España, el Colectivo de Mujeres Urbanistas no se propone crear espacios exclusivamente femeninos pero sí atender a los requerimientos específicos de un grupo que, en virtud de las tareas que asume, por ejemplo como cuidadora de niños y personas mayores, utiliza más el viario urbano, por lo que también sufre en mayor medida su diseño inadecuado o su ocupación molesta.

Fuente:  ¿DÓNDE ESTÁN LAS LLAVES? EL MOVIMIENTO OKUPA: PRÁCTICAS Y CONTEXTOS SOCIALES    (COORDS.  RAMÓN ADELL ARGILÉS/ MIGUEL MARTÍNEZ LÓPEZ)

 

LA LLUVIA


La lluvia (del lat. pluvĭa) es un fenómeno atmosférico de tipo acuático que se inicia con la condensación del vapor de agua contenido en las nubes.

Según la definición oficial de la Organización Meteorológica Mundial, la lluvia es la precipitación de partículas líquidas de agua, de diámetro mayor de 0,5 mm o de gotas menores, pero muy dispersas. Si no alcanza la superficie terrestre, no sería lluvia sino virga y si el diámetro es menor sería llovizna.[1]La lluvia se mide en milímetros al año, menos de 200 son insuficientes, entre 200 y 500 son escasas, entre 500 y 1.000 son suficientes, entre 1.000 y 2.000 son abundantes y más de 2.000 son excesivas.

La lluvia depende de tres factores: la presión, la temperatura y, especialmente, la radiación solar

lluvia y vida

El agua puede volver a la tierra, además, en forma de nieve o de granizo. Dependiendo de la superficie contra la que choque, el sonido que producirá será diferente.

Las gotas no tienen forma de lágrima (redondas por abajo y puntiagudas por arriba), como se suele pensar. Las gotas pequeñas son casi esféricas, mientras que las mayores están achatadas. Su tamaño oscila entre los 0,5 y los 6,35 mm, mientras que su velocidad de caída varía entre los 8 y los 32 km/h, dependiendo de su intensidad y volumen.

Gotas de lluvia

La lluvia, en su caída, se distribuye de forma irregular: una parte será aprovechada para las plantas, otra parte hará que los caudales de los ríos se incrementen por medio de los barrancos y escorrentías que, a su vez, aumentarán las reservas de pantanos y de embalses y otra parte se infiltrará a través del suelo. Sigue leyendo

SUSTANCIAS PELIGROSAS: EL ALCOHOL


Proviene de: Es el producto de la fermentación de los carbohidratos complejos y de los azúcares de las frutas, verduras y cereales.

Historia: El primer caso de abuso de alcohol puede leerse en el Génesis (tras el Diluvio, Noé se emborrchó, deshonrándose a sí mismo). Las diversas bebidas alcholólicas se han consumido en todo el mundo durante miles de años, excepto en los países islámicos, ya que su religión prohíbe el consumo.

Neurotransmisores atacados: GABA (Gamma amino butyric acid): Ácido gamma amino butírico.

Lugares del cerebro afectados: La corteza cerebral, el cerebelo y el tronco encefálico, particulamente, el centro de la respiración.

Alteración inicial: Euforia suave, relajación y sedación.

Efectos colaterales agudos: Intoxicación, se disminuye el sentido del oído y el sentido de responsabilidad, resaca.

Efectos colaterales crónicos: Adicción, cirrosis en el hígado, pérdida de memoria, razonamiento poco equilibrado, síndrome de Korsakoff, síndrome fetal alcohólico.

Las estadísticas internacionales indican que el 8% de las personas que beben alcohol desarrollan algún tipo de problema, y que cada una de esas víctimas afectará en alguna medida al menos a otras seis personas. Sigue leyendo

EL CONSUMISMO


El sufijo “ismo” se le añade a consumo con una intención crítica. El nuevo término, consumismo, describe el consumo de masas, la sobreabundancia de bienes a disposición de las personas en las sociedades modernas ricas, y tiene una connotación peyorativa: alude a la manipulación que se puede lograr contentando al oprimido con una satisfacción suficiente y creciente de sus necesidades y aspiraciones materiales, para lograr que no luche contra la opresión a que está sometido; y creándole a la vez  “necesidades superfluas”.

El “sistema”, gracias a su enorme capacidad productiva, puede utilizarel principio de placer para reducir la tensión antagónica entre los subordinados en el proceso productivo y el sistema de poder.

Esencialmente, el consumismo reduce al ser humano a una máquina buscadora y maximizadora de placer y utilidad que actúa de manera individualista en un espacio social en el que concurren múltiples individuos desvinculados unos de otros, que buscan su utilidad individual. Consumismo es inseparable de individualismo.  Nace la cultura consumista cuyo eslogan parafrasea a Jesucristo: el consumo os hará libres.

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