El precio del estrés


Cuando nos hallamos ante una serie de acontecimientos que provocan estrés, mantenemos un alto nivel de excitación sin descanso. Esto puede continuar durante largos períodos hasta el punto de llegar al agotamiento, que fuerza el reposo.

Una situación de estrés crónico causa una irregularidad o un desequilibrio en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, de modo que tiene lugar un alto nivel de activación con muy poco estímulo.

Estrés Crónico

Las células del sistema nervioso autónomo se vuelven hiperactivas y responden a la menor provocación. Se empiezan a observar patrones de irregularidad en la tensión muscular y desequilibrios en los patrones de flujo sanguíneo.

Esto puede contribuir al desarrollo de enfermedades como el asma, ciertos tipos de dolores de cabeza y el síndrome de colon irritable, donde hay dolor y diarrea sin que haya infección.

El Asma

Las distintas clases de estrés provocan estos cambios. Se han realizado muchas investigaciones sobre lo que se denomina el estrés de los cambios de vida.

Se descubrió que la gente que había tenido muchos cambios significativos en su vida durante un corto período -pérdidas por muertes, inicio o ruptura de una nueva relación, tener o perder de pronto mucho dinero, problemas legales, la compra de una casa- tenían una mayor probabilidad de enfermar al año siguiente o en un tiempo similar. Sigue leyendo

¿Cómo actuar?: La suerte moral


Una tarde de abril de 2004 se extendió el rumor por el pueblo inglés de Wooler de que un cajero automático entregaba el doble del dinero que cada cliente pedía. Los bares se vaciaron y las puertas de entrada se quedaron balanceándose sobre las bisagras cuando los lugareños se apresuraron a sacar tanto dinero como les permitían sus tarjetas.

Wooler

En una hora, la cola frente a la oficina del Barclays se extendía por toda la calle principial y una comunidad, por lo demás respetuosa con las leyes, se había convertido en una panda de ladrones. Se supo que sólo una de las personas beneficiadas devolvió sus ganancias al día siguiente.

En vez de demandar a tantos individuos, el banco decidió cancelar la pérdida, y todavía algunos recuerdan con orgullo el acontecimiento como el miércoles dorado. Dada la cantidad de culpables, la condena moral escapará  de la condena de la ley. Sin embargo, estaba mal hecho, y muchos pensarán que los que se rindieron a la tentación rebajaron su integridad a medida que engordaban sus carteras.

Al mismo tiempo, los que exprimieron el cajero automático no habían planeado que su banco de ahorros local empezaría a dispensar dinero gratis. Su buena fortuna pecuniaria fue compensada con una idéntica dosis de mala suerte en la esfera de la moral. Si no se les hubiera presentado tal oportunidad, sin duda habrían seguido con sus vidas relativamente libres de culpa. Sigue leyendo

LAS ABUELAS Y LA ECONOMÍA FAMILIAR


“Más de una cuarta parte de los trabajadores con hijos reciben ayuda de otros familiares, además del cónyuge”.

La renta per cápita de los españoles ha crecido mucho en los últimos años, a pesar de que los salarios no lo han hecho paralelamente. Nuestro crecimiento se debe en buena parte al aumento de hogares en que trabajan ambos cónyuges, o los hijos convivientes.

No son muchos los trabajadores, solo uno de cada cinco, que utilizan servicios especializados para atender a sus hijos mientras trabajan, aunque en esta cifra no se incluyen los centros docentes en la edad de escolaridad obligatoria.

Guardería Infantil

Lo más frecuente es que sea el cónyuge quien se responsabiliza de los niños (una media del 35 por 100) o que no se utilice ninguna ayuda especial para ese propósito. Más relevante que este dato, aunque menos interesante para el mercado porque no tiene valor monetario, es el de que más de una cuarta parte de los trabajadores que cuidan  hijos utilizan la ayuda de “otros familiares”.

En “otros familiares” caben las abuelas, las hermanas, las hijas y, en ocasiones, algunos abuelos, hermanos, hijos y un largo etcétera de parentescos menos directos, como tías, sobrinas y primas.

Sin el apoyo de esta red extensa no podría entenderse el funcionamiento del mercado de trabajo español, al que la familia aporta la tranquilidad de un cuidado responsable y muy flexible en horarios y funciones. En las rentas medias y bajas es el único cuidado accesible.

Todavía no se ha escrito la verdadera historia económica de los años del desarrollo español, en los primeros sesenta y en los setenta. En la actualidad hay casi medio millón de personas  mayores de sesenta y cinco años  (437.800) que cuidan diariamente niños, el 6,3 por 100 de las personas de esa edad; pero en los años difíciles del desarrollo y la emigración fueron muchos más.

Personas mayores que cuidan niños

Aunque la encuesta (EPA= Encuesta de Población Activa) no dice que sean sus nietos, puede imaginarse que así es en la mayoría de los casos. Hoy los más frecuente es que les dediquen menos de veinte horas semanales, pero algunos les dedican mucho más tiempo, y el promedio alcanza las veintidós horas semanales.

Si en vacaciones se mantiene igual que el resto del año, resulta una dedicación anual superior a las mil cien horas. Solo lo hacen un 6 por 100 de las personas de edad avanzada, pero probablemente esa ayuda es decisiva en muchos casos para que la generación siguiente sobreviva en el empleo.  O sobreviva, simplemente.

Mujer trabajando en cadena de montaje

Si las abuelas hiciesen huelga de cuidar nietos y enfermos mayores, su efecto sobre la economía nacional sería mucho más decisivo que la huelga de conductores de autobuses o controladores aéreos.

Mucho se ha publicado sobre el papel de las exportaciones, las reformas agrarias, los polígonos industriales y las remesas de la emigración. Pero nadie ha dicho todavía una palabra (o al menos yo no la conozco) sobre la aportación de las abuelas al mantenimiento de las redes familiares y el patrimonio rústico.

Abuela con su familia

Sobre  cómo acogieron nietos e hijos desafortunados para que los sanos y fuertes pudieran hacerse un hueco fuera de su lugar de origen: en Francia, en Alemania, en el País Vasco y en Cataluña, en Madrid y en todas las capitales de provincia que recibían a los exiliados de la agricultura.

La historia económica es olvidadiza e ingrata. Sirvan estas letras para rendir un homenaje a las abuelas españolas y a todas las que en este momento, en muchos paises, se ocupan de nietos, hijos desafortunados y enfermos mayores, para permitirles a los hijos e hijas sanos buscarse un hueco en sus lugares de origen o fuera.

Fuente: EL VALOR DEL TIEMPO  ¿Cuántas horas te faltan al día?   (María Ángeles Durán)

LA CONFIANZA O LA DESCONFIANZA EN LAS RELACIONES HUMANAS (PÚBLICAS Y PRIVADAS) CONFIGURAN LA CALIDAD Y SALUD DE LA CONVIVENCIA


Confiar o desconfiar, ese es el dilema, esa es la gracia, ahí está el meollo del arte de saber relacionarse con los otros o fracasar en el intento.

El principio “no hay confianzatiene dos consecuencias inmediatas: una, la de su inversa: “no hay desconfianza”; otra, la de la necesidad de los pactos, fundamental en la construcción del contexto de interacción.

El pacto de la desconfianza o no confianza

El pacto implícito en toda interacción, imprescindible tanto por  la existencia de grados de confianza cuanto de desconfianza, es el pacto de fidelidad o sinceridad, que puede enunciarse así:

“Puesto que de ti no puedo obtener toda la información que preciso, he de fiarme y exijo que no me engañes”.

Esta apuesta por la confianza es una opción al fin, puesto que puede no darse y no se da, en efecto, en el desconfiado, en el suspicaz, en el que tiene (fundada  o menos fundada) sospecha. Si se da, el pacto de sinceridad o fidelidad es, asimismo, pacto de cooperación, y, por decirlo así, de fianza recíproca. Cada uno de los componentes de la interacción labora, entonces, para que la apuesta se vea coronada por el éxito.

Confianza recíproca

Cuando, por el contrario, optamos por la desconfianza, la interacción no es cooperativa. El primer punto de las implicaturas de Grice se transgrede: cuento con que el otro no me va a decir la verdad, no será sincero; que, a las priemeras de cambio, me engañará si puede. De resultas de todo ello surge la reserva, que, como su propio nombre indica, consiste en no aportar, a conciencia, la información que el otro precisa.

En contra de lo que se ha dicho, las relaciones interpersonales transcurren incumpliendo las implicaturas conversacionales de Grice, de forma que la teoría de la comunicación interpersonal no debe hacerse a tenor de lo que sería la buena comunicación, de hecho excepcional, sino la mala -mala en mayor o menor grado- comunicación.

Como ocurre con la conversación, lo que hay que explicar no es el hecho de que las personas se entiendan cuando hablan correctamente, sino que nos entendemos a pesar de los errores sintácticos, semánticos, anacolutos, etcétera, que cometemos en la conversación ordinaria, es decir, en la “mala” conversación.

Hay tal diferencia entre una u otra opción -confianza versus desconfianza- en lo que respecta a la productividad de las interacciones, que el acierto en una u otra es decisivo. Una apuesta desacertada por la confianza supone darnos al otro y ser traicionado; en el orden opuesto, el desacierto en la opción por la desconfianza supone privarse de relaciones que podrían ser fundamentales para el sujeto (de amistad, amorosas), merced a la reserva que se adopta.

Amistad y Confianza

Tanto la confianza cuanto su opuesta, la desconfianza, son actitudes básicas. Es decir, posturas constantes o casi constantes del sujeto. Así, es improbable que quien es “de natural” confiado desconfíe o desconfíe al máximo, y, como sabemos, a veces resulta imposible convencerle de que adopte una actitud más precavida  ante alguien de quien intuimos que las probabilidades de engañarle son altas; y a la inversa, quien es de suyo desconfiado, lo que suele hacer es no confiarse, sino desconfiar en mayor o menor grado.

Tales actitudes, pues, preceden a la actuación, incluso a toda actuación. Por eso, no es lo mismo, en lo que respecta a la productividad de una interacción, una actitud confiada o desconfiada. La estrategia inteligente consiste en dar con el grado justo de la confiaza que se precisa para determinada interacción.

Fuente: TEORÍA DE LOS SENTIMIENTOS  (Carlos Castilla del Pino)

 

Sentimientos normales, anormales y patológicos.


Ni siquiera las teorías vulgares acerca de los sentimientos, las que se aplican en la consideración ingenua y al uso, cuando, por ejemplo, se afirma que “P ama de una manera anormal a Q”, o “Es normal que esté desesperado”, o “Esa dependencia que tú tienes de J es patológica”, pueden evitar el uso de categorías como normal, anormal y patológico, impresindibles en nuestro acervo cultural actual.

¿Nomal o Anormal?

Es disculpable que en estas teorías ingenuas sean imprecisos o incluso no existan los criterios de demarcación de estos tipos de sentimientos; en el contexto del discurso entre dos o más interlocutores, se alcanza, si no un consenso, sí, cuando menos, el entendimiento recíproco.

Sin embargo, no es disculpable que en las teorías psicológicas y psicopatológicas de las emociones los criterios de demarcación se soslayen, o se acuda -como en la psicopatología de aplicación de diagnóstico psiquiátrico- a criterios fenomenológicos escasamente fiables.

Se trata, no obstante, de una cuestión cuya importancia a nadie debe escapar. Las preguntas son las siguientes: ¿Cuándo un sentimiento, con independencia del tipo o cualidad del mismo, es normal? ¿Cuándo es anormal? ¿Cuándo es patológico? Sigue leyendo

La Autoimagen es una construcción condicionada


Los pueblos primitivos contruían sus casas con los materiales disponibles en su entorno. Para algunos, eran las cuevas, para otros, las tiendas hechas con pieles de animales, adobes o el hielo de los iglúes. Al no disponer de ladrillos ni de cemento, era obvio que no podían hacer casas con esos materiales.

IGLÚ

Éste es, exactamente, el mismo proceso que se sigue en la construcción de la “casa de sí mismo”: la autoimagen. El niño en desarrollo utiliza el material que encuentra en el espacio interpersonal de su entorno para edificar el concepto de sí mismo.

Los materiales de construcción son las palabras, el lenguaje corporal y el trato con las personas que tienen importancia para él. Tales materiales son intangibles, por supuesto, pero producen una diferencia claramente tangible.

Desde los primeros momentos, el niño es sensible a su ambiente. Sabe si es acogido con brazos relajados o tensos. Con el tiempo, se percata del lenguaje, nota si los tonos y las miradas son amables y bondadosos o duros y enojados. Las “vibraciones” de su entorno le afectan.

El bebé y su entorno

Y a partir de estos mensajes se forma impresiones generalizadas sobre la seguridad y confianza que ese mundo le brinda. El niño aprende pronto si sus necesidades serán cubiertas con constancia y simpatía razonables.

Una vez que el niño aprende su nombre, comienza a adjudicarse determinadas cualidades a sí mismo. Si recibe un conjunto de mensajes verbales y no verbales que lo tildan de inconveniente, imposible, “que no hace nada a derechas”, ese niño edificará una imagen de sí mismo acorde con tales mensajes. Si las impresiones que recibe son más positivas, contruirá una autoimagen positiva. Sigue leyendo

EL TOYOTISMO


El toyotismo corresponde a una relación en el entorno de la producción industrial que fue pilar importante en el sistema de procedimiento industrial japonés y coreano, y que después de la crisis del petróleo de 1973 comenzó a desplazar al fordismo como modelo referencial en la producción en cadena.

Se destaca de su antecesor básicamente en su idea de trabajo flexible, aumento de la productividad a través de la gestión y organización (just in time) y el trabajo combinado que supera a la mecanización e individualización del trabajador, elemento característico del proceso de la cadena fordista.

Cuando el sistema económico keynesiano y el sistema productivo fordista dan cuenta de un agotamiento estructural en los años 73-74, las miradas en la producción industrial comienzan a girar al modelo japonés; modelo que permitió llevar a la industria japonesa del subdesarrollo a la categoría de potencia mundial en sólo décadas. Los ejes centrales del modelo lograban revertir las  crisis que se presentaban  en la producción en cadena fordista.

Estos puntos serían:

  • Estímulos sociales a través del fomento del trabajo en equipo y la identificación transclase entre jefe-subalterno.
  • Sistema just in time; que revaloriza la relación entre el tiempo de producción y la circulación de la mercancía a través de la lógica de menor control del obrero en la cadena productiva y un aceleramiento de la demanda que acerca al “stock 0″ y permite prescindir de la bodega y sus altos costos por concepto de almacenaje.

Sistema Just in Time

  • Reducción de costos de planta permite traspasar esa baja al consumidor y aumentar progresivamente el consumo en las distintas clases sociales.

La manera en que se manifiesta idealmente esa nueva concepción vinculación/ejecución tiene que ver con una economía que tenga un crecimiento aceptable y un control amplio de mercados externos. A pesar de que sólo un pequeño grupo de países cumplen con ese escenario, el toyotismo también ha manifestado formas híbridas en otros países con el objetivo de perseguir la reducción de costos y el estímulo social a los trabajadores.

Mercados Externos

EL TOYOTISMO COMO EJE INDUSTRIAL DEL NEOLIBERALISMO

Desaceleramiento en la innovación tecnológica en términos de creatividad y reconfiguración permanente de la cosmovisión (idea de los “grandes inventos”). En ese escenario, el crecimiento se da en el plano de la nanotecnología (reducción progresiva del tamaño de los chips para mayor confortabilidad y ahorro) y la biotecnología, que al estar en manos privadas no se sabe si su uso será mayoritariamente para el beneficio científico o para un programa dual de redireccionamiento bélico (armamento biológico) y prestación utilitarista de mercado.

La Biotecnología

La caída generalizada de salarios, desprotección creciente del Estado de bienestar, potencialización del individualismo y el desempleo estructural (entre otros factores) minan la contención ideológica del trabajador de la época toyotista bajando la productividad esperada. Sigue leyendo

EL FORDISMO, LA PRODUCCIÓN EN CADENA Y LA CULTURA DE MASAS


El término fordismo se refiere al modo de producción en cadena que llevó a la práctica Henry Ford; fabricante de automóviles de Estados Unidos. Este sistema comenzó con la producción del Ford Modelo T, -a partir de 1908- con una combinación y organización general del trabajo altamente especializada y reglamentada a través de cadenas de montaje, maquinaria especializada, salarios más altos y un número elevado de trabajadores en plantilla y fue utilizado posteriormente en forma extensiva en la industria de numerosos países, hasta la década de los 70 del siglo XX (cuando fue reemplazada por el Toyotismo).

El fordismo como modelo de producción resulta rentable siempre que el producto pueda venderse a un precio relativamente bajo en relación a los salarios promedio, generalmente en una economía desarrollada.

El fordismo apareció en el siglo XX promoviendo la especialización, la transformación del esquema industrial y la reducción de costos. La diferencia que tiene con el taylorismo, es que ésta innovación no se logró principalmente a costa del trabajador sino a través de una estrategia de expansión del mercado.

Taylorismo

La razón es que si hay mayor volumen de unidades de un producto cualquiera (debido a la tecnología de ensamblaje) y su costo es reducido (por la razón tiempo/ejecución) habrá un excedente de lo producido que superara numéricamente la capacidad de consumo de la élite, tradicional y única consumidora de tecnologías con anterioridad.

Aparece un obrero especializado con un status mayor al proletariado de la industrialización y también surge la clase media del modelo norteamericano que se transformará en la cara visible del arquetipo del american way. Pero el sistema excluye el control de tiempo de producción por parte de la clase obrera, como solía ocurrir cuando el obrero además de poseer la fuerza de trabajo, poseía los conocimientos necesarios para realizar su trabajo de forma autónoma, de esta manera el capitalista quedaba fuera de los tiempos de producción.

El fordismo (con ayuda anterior del taylorismo) llega para romper con ese monopolio del trabajo, por un trabajo alienante con características que llevan al obrero a perder ese “monopolio” y por ende perder el control de los tiempos de producción. Sigue leyendo