LA TEORÍA DEL VALOR EXTREMO


Desde los huracanes hasta  las marcas en salto de altura, con demasiada frecuencia un acontecimiento inesperado distinto a cualquier cosa antes vista puede aparecer cuando menos se espera. ¿Pero hasta qué punto son extravagantes tales acontecimientos? Esta es la cuestión que responde la Teoría del Valor Extremo.

Esta teoría utiliza la información existente -por ejemplo, sobre las peores inundaciones acaecidas en los últimos quinientos años- para predecir la probabilidad de que se produzcan inundaciones incluso peores en el futuro.

Inundación

La Teoría del Valor Extremo, desarrollada por matemáticos en la década de 1920, fue considerada con desconfianza durante mucho tiempo debido a su capacidad aparentemente mágica de predecir incluso acontecimientos sin precedentes.

En la actualidad se confía más en sus capacidades, que se han utilizado en áreas tan diversas como la planificación del riesgo financiero y la seguridad marítima. Se le ha dado un uso significativo en el campo de los seguros, en el que las empresas aplican fórmulas de la Teoría del Valor Extremo para calcular la probabilidad de que se produzcan desastres importantes y para garantizar que existen suficientes fondos para cubrir los costes.

Terremoto de Japón

Estos son tiempos extraños. En solo una semana, en mayo de 2002, una tormenta sin precedentes de trescientos tornados asoló el medio oeste de Estados Unidos, causando daños por valor de más de 1.600 millones de euros. Sigue leyendo

LAS ABUELAS Y LA ECONOMÍA FAMILIAR


“Más de una cuarta parte de los trabajadores con hijos reciben ayuda de otros familiares, además del cónyuge”.

La renta per cápita de los españoles ha crecido mucho en los últimos años, a pesar de que los salarios no lo han hecho paralelamente. Nuestro crecimiento se debe en buena parte al aumento de hogares en que trabajan ambos cónyuges, o los hijos convivientes.

No son muchos los trabajadores, solo uno de cada cinco, que utilizan servicios especializados para atender a sus hijos mientras trabajan, aunque en esta cifra no se incluyen los centros docentes en la edad de escolaridad obligatoria.

Guardería Infantil

Lo más frecuente es que sea el cónyuge quien se responsabiliza de los niños (una media del 35 por 100) o que no se utilice ninguna ayuda especial para ese propósito. Más relevante que este dato, aunque menos interesante para el mercado porque no tiene valor monetario, es el de que más de una cuarta parte de los trabajadores que cuidan  hijos utilizan la ayuda de “otros familiares”.

En “otros familiares” caben las abuelas, las hermanas, las hijas y, en ocasiones, algunos abuelos, hermanos, hijos y un largo etcétera de parentescos menos directos, como tías, sobrinas y primas.

Sin el apoyo de esta red extensa no podría entenderse el funcionamiento del mercado de trabajo español, al que la familia aporta la tranquilidad de un cuidado responsable y muy flexible en horarios y funciones. En las rentas medias y bajas es el único cuidado accesible.

Todavía no se ha escrito la verdadera historia económica de los años del desarrollo español, en los primeros sesenta y en los setenta. En la actualidad hay casi medio millón de personas  mayores de sesenta y cinco años  (437.800) que cuidan diariamente niños, el 6,3 por 100 de las personas de esa edad; pero en los años difíciles del desarrollo y la emigración fueron muchos más.

Personas mayores que cuidan niños

Aunque la encuesta (EPA= Encuesta de Población Activa) no dice que sean sus nietos, puede imaginarse que así es en la mayoría de los casos. Hoy los más frecuente es que les dediquen menos de veinte horas semanales, pero algunos les dedican mucho más tiempo, y el promedio alcanza las veintidós horas semanales.

Si en vacaciones se mantiene igual que el resto del año, resulta una dedicación anual superior a las mil cien horas. Solo lo hacen un 6 por 100 de las personas de edad avanzada, pero probablemente esa ayuda es decisiva en muchos casos para que la generación siguiente sobreviva en el empleo.  O sobreviva, simplemente.

Mujer trabajando en cadena de montaje

Si las abuelas hiciesen huelga de cuidar nietos y enfermos mayores, su efecto sobre la economía nacional sería mucho más decisivo que la huelga de conductores de autobuses o controladores aéreos.

Mucho se ha publicado sobre el papel de las exportaciones, las reformas agrarias, los polígonos industriales y las remesas de la emigración. Pero nadie ha dicho todavía una palabra (o al menos yo no la conozco) sobre la aportación de las abuelas al mantenimiento de las redes familiares y el patrimonio rústico.

Abuela con su familia

Sobre  cómo acogieron nietos e hijos desafortunados para que los sanos y fuertes pudieran hacerse un hueco fuera de su lugar de origen: en Francia, en Alemania, en el País Vasco y en Cataluña, en Madrid y en todas las capitales de provincia que recibían a los exiliados de la agricultura.

La historia económica es olvidadiza e ingrata. Sirvan estas letras para rendir un homenaje a las abuelas españolas y a todas las que en este momento, en muchos paises, se ocupan de nietos, hijos desafortunados y enfermos mayores, para permitirles a los hijos e hijas sanos buscarse un hueco en sus lugares de origen o fuera.

Fuente: EL VALOR DEL TIEMPO  ¿Cuántas horas te faltan al día?   (María Ángeles Durán)

EL TOYOTISMO


El toyotismo corresponde a una relación en el entorno de la producción industrial que fue pilar importante en el sistema de procedimiento industrial japonés y coreano, y que después de la crisis del petróleo de 1973 comenzó a desplazar al fordismo como modelo referencial en la producción en cadena.

Se destaca de su antecesor básicamente en su idea de trabajo flexible, aumento de la productividad a través de la gestión y organización (just in time) y el trabajo combinado que supera a la mecanización e individualización del trabajador, elemento característico del proceso de la cadena fordista.

Cuando el sistema económico keynesiano y el sistema productivo fordista dan cuenta de un agotamiento estructural en los años 73-74, las miradas en la producción industrial comienzan a girar al modelo japonés; modelo que permitió llevar a la industria japonesa del subdesarrollo a la categoría de potencia mundial en sólo décadas. Los ejes centrales del modelo lograban revertir las  crisis que se presentaban  en la producción en cadena fordista.

Estos puntos serían:

  • Estímulos sociales a través del fomento del trabajo en equipo y la identificación transclase entre jefe-subalterno.
  • Sistema just in time; que revaloriza la relación entre el tiempo de producción y la circulación de la mercancía a través de la lógica de menor control del obrero en la cadena productiva y un aceleramiento de la demanda que acerca al “stock 0″ y permite prescindir de la bodega y sus altos costos por concepto de almacenaje.

Sistema Just in Time

  • Reducción de costos de planta permite traspasar esa baja al consumidor y aumentar progresivamente el consumo en las distintas clases sociales.

La manera en que se manifiesta idealmente esa nueva concepción vinculación/ejecución tiene que ver con una economía que tenga un crecimiento aceptable y un control amplio de mercados externos. A pesar de que sólo un pequeño grupo de países cumplen con ese escenario, el toyotismo también ha manifestado formas híbridas en otros países con el objetivo de perseguir la reducción de costos y el estímulo social a los trabajadores.

Mercados Externos

EL TOYOTISMO COMO EJE INDUSTRIAL DEL NEOLIBERALISMO

Desaceleramiento en la innovación tecnológica en términos de creatividad y reconfiguración permanente de la cosmovisión (idea de los “grandes inventos”). En ese escenario, el crecimiento se da en el plano de la nanotecnología (reducción progresiva del tamaño de los chips para mayor confortabilidad y ahorro) y la biotecnología, que al estar en manos privadas no se sabe si su uso será mayoritariamente para el beneficio científico o para un programa dual de redireccionamiento bélico (armamento biológico) y prestación utilitarista de mercado.

La Biotecnología

La caída generalizada de salarios, desprotección creciente del Estado de bienestar, potencialización del individualismo y el desempleo estructural (entre otros factores) minan la contención ideológica del trabajador de la época toyotista bajando la productividad esperada. Sigue leyendo

EL FORDISMO, LA PRODUCCIÓN EN CADENA Y LA CULTURA DE MASAS


El término fordismo se refiere al modo de producción en cadena que llevó a la práctica Henry Ford; fabricante de automóviles de Estados Unidos. Este sistema comenzó con la producción del Ford Modelo T, -a partir de 1908- con una combinación y organización general del trabajo altamente especializada y reglamentada a través de cadenas de montaje, maquinaria especializada, salarios más altos y un número elevado de trabajadores en plantilla y fue utilizado posteriormente en forma extensiva en la industria de numerosos países, hasta la década de los 70 del siglo XX (cuando fue reemplazada por el Toyotismo).

El fordismo como modelo de producción resulta rentable siempre que el producto pueda venderse a un precio relativamente bajo en relación a los salarios promedio, generalmente en una economía desarrollada.

El fordismo apareció en el siglo XX promoviendo la especialización, la transformación del esquema industrial y la reducción de costos. La diferencia que tiene con el taylorismo, es que ésta innovación no se logró principalmente a costa del trabajador sino a través de una estrategia de expansión del mercado.

Taylorismo

La razón es que si hay mayor volumen de unidades de un producto cualquiera (debido a la tecnología de ensamblaje) y su costo es reducido (por la razón tiempo/ejecución) habrá un excedente de lo producido que superara numéricamente la capacidad de consumo de la élite, tradicional y única consumidora de tecnologías con anterioridad.

Aparece un obrero especializado con un status mayor al proletariado de la industrialización y también surge la clase media del modelo norteamericano que se transformará en la cara visible del arquetipo del american way. Pero el sistema excluye el control de tiempo de producción por parte de la clase obrera, como solía ocurrir cuando el obrero además de poseer la fuerza de trabajo, poseía los conocimientos necesarios para realizar su trabajo de forma autónoma, de esta manera el capitalista quedaba fuera de los tiempos de producción.

El fordismo (con ayuda anterior del taylorismo) llega para romper con ese monopolio del trabajo, por un trabajo alienante con características que llevan al obrero a perder ese “monopolio” y por ende perder el control de los tiempos de producción. Sigue leyendo

EL FRACASO DE “NUESTRA” CIVILIZACIÓN


En el Epílogo de su magnífico libro La salud que viene, Miguel Jara nos cuenta lo que sigue:

El peor virus es la desinformación y el mejor antivirus contra el miedo inducido es la información rigurosa y de calidad.

Asistimos al fracaso de un modelo económico, de una civilización, la de la producción y consumo, la de la satisfacción de los mercados y  los deseos humanos y no de las necesidades de éstos. La consuvilización, que diría mi amigo el periodista Pedro Cáceres.

Esta civilización necesita para mantenerse a flote comercializar cosas de manera continua, aunque muchas veces no sirvan para nada. Requiere para ello expandir el miedo  y así intentar tener a la ciudadanía distraída y controlada. De lo contrario, los fallos del “proyecto” quedarían tan en evidencia que a alguien, a muchos,  les podría dar por pensar  en cómo superar este estadio y evolucionar hacia otra civilización. Una civilización ecológica, en el más amplio sentido del término.

Una organización social que cuestione los conceptos de desarrollo y crecimiento económico, que no pueden ser infinitos. Y no puede ser sostenible porque es el propio sistema económico el que no es capaz de sostenerse a sí mismo sin crear nuevas enfermadades y sustentarse en el miedo, entre otros desafíos que ha de enfrentar el bienestar humano.

El actual modelo económico capitalista no puede resolver la crisis ecológica, porque hacerlo requiere poner límites a la acumulación, opción inaceptable para un modelo cuya prédica sacraliza el desarrollo por el desarrollo.

Dicho esto, en absoluto pretendo llegar a una conclusión dramática. Es más, creo que asistir al derrumbe de una civilización que ha fracasado nos sitúa en un escenario esperanzador: podemos convertir lo que es un problema  en una oportunidad para evolucionar hacia algo mejor. Sé que puede parecer contradictorio, pero la crisis puede traer un verdadero progreso social. Sigue leyendo

LA TEORÍA ECONÓMICA TRADICIONAL (CAPITALISTA) TOCADA Y HUNDIDA POR EL JUEGO DEL ULTIMÁTUM


Se le ofrecen a un amigo tuyo 10 euros a condición de que comparta esta cantidad contigo. Si aceptase la oferta, ambos recibiríais vuestra parte. Si no, ambos os quedaríais sin nada. Tu colega sugiere compartir la cantidad a partes iguales. ¿Aceptarías?

¡Por supuesto que sí! Y tú y tu amigo os iríais a casa tan contentos, con cinco euros cada uno. Tu amigo lo piensa por un momento y se da cuenta de que, dado que es él quien hace la oferta, se podría quedar con 9,50 y darte cincuenta céntimos. ¿Aceptarías? Lo más seguro es que te negaras indignado. “¿Quién se cree que es?” ¡Prefiero quedarme sin medio euro antes de que este tacaño se lleve 9,50 a mi costa!”.

Reparto de dinero por CD

Reacciones como ésta se han producido en experimentos por todo el mundo. Es sorprendentemente grato que contradigan la teoría económica tradicional. Después de todo, rechazar incluso cincuenta céntimos no es racional. Puede que la oferta no sea justa, pero la alternativa de quedarse sin nada, es aún peor. ¿Por qué se comporta la gente que se encuentra en esta situación de forma irracional?

En nairobi tienen menos tiempo para consumir el Big Mac, de ahí que estén más delgados que en Chicago.

Este juego, llamado del ultimátum, ha dado dolores de cabeza a los economistas durante años. Siempre habían asumido que las decisiones económicas estaban basadas en procesos de pensamiento racionales. El que ha de tomar la decisión calcula los costes y beneficios de su acción, sopesa las probabilidades de ciertas situaciones y, por último, toma la decisión óptima. Éste es el axioma fundamental en el que se basa la teoría económica. Sigue leyendo

FÍSICA: CASTILLOS DE ARENA


En verano, muchos bajamos a la playa para dar un paseo por la orilla. Los niños sacan alegremente sus cubos y sus palas, se ponen cerca del agua y hacen pequeñas montañas de arena. Poco a poco, éstas se hacen más grandes hasta que, ¡paf!, una avalancha la deja casi destruida. Inasequibles al desaliento, los niños vuelven a empezar, construyendo más montañas, que también acaban destruidas por avalanchas.

Qué buena oportunidad para que papá se moje las manos y les dé una charla educativa. “Si me prestaran atención -se queja el padre- seguro que los niños conseguirían construir una montaña de arena más grande”. ¿Pero qué sabe él? Por muy cuidadoso que se sea, las avalanchas de arena acaban arrasándola. No sirve de nada dejar que la arena se filtre lentamente a través de los dedos. Increíblemente, las avanlanchas ocurren siempre que el montón ha alcanzado una altura determinada.

Lo que se esconde detrás de estas alegres actividades es, por supuesto, una ley física. Cada partícula de arena tiene una inercia, y las fuerzas que trabajan son la gravedad y la fricción. Pero esto en sí mismo no explica por qué ocurren las avalanchas. El comportamiento de los montones de arena sólo puede entenderse si lo observamos de forma global. Sigue leyendo

Finanzas: luchando por la supervivencia (Teoría de la Evolución)


Cuando el matemático John von Neumann y el economista Oskar Morgenstern escribieron su innovador artículo  (ya un clásico) sobre teoría de juegos en Princeton en los años cuartenta, basaron su trabajo en axiomas que postulaban que los jugadores eran totalmente racionales.

Los dos teóricos asumieron que el llamado Homo economicus (hombre económico) poseía toda la información sobre su entorno, era capaz de resolver los cálculos más complicados en décimas de segundo y no estaba influenciado de ningún modo por preferencias personales ni prejuicios.

Unos años más tarde, el economista francésMaurice Allais, Premio Nobel de Economía en 1988, se dio cuenta de que, cuando respondían a situaciones que implicaban muy bajas probabilidades de ganar sumas de dinero muy altas, los sujetos tendían a tomar “decisiones incorrectas”. Sus precisiones en la vida real contradecían lo que se esperaba de la teoría de utilidad convencional.

Maurice Allais

Unas décadas después, Amos Trevsy, de la Universidad de Stanford, yDaniel Kahneman, de Princeton, descubrieron que los participantes en el mercado, ya fueran hombres de negocio, doctores o simples consumidores, tomaban decisiones que contradecían los axiomas establecidos por los teóricos, tanto en situaciones normales como en situaciones especiales (Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002). Sigue leyendo