El paraiso no existe o, por lo menos, no está del otro lado.
Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana.
Welcome to Tijuana, con el coyote no hay aduana.
Bienvenida a Tijuana, bienvenida mi suerte.
Bienvenida la muerte por la Panamericana.
LA MÚSICA DE MANU CHAU hacía eco en la memoria. Nos abría la puerta que cierra el sur del norte este francés, hijo de españoles migrantes de la dictadura franquista, que canta a voz en cuello la historia de la tristeza latinoamericana aprendida en sus viajes por las regiones invisibles, y de quien se dice es un aparecido en un continente de desaparecidos. Su “Bienvenida a Tijuana”, invadía el silencio del sueño del que nos despertamos después de treinta horas a través del desierto.

El autobús que nos llevaba desde la Central Camionera de Tijuana hacia el centro, atravesaba lentamente los suburbios de una ciudad gris, desordenada, caótica, sucia, recogiendo pasajeros en los paraderos. En las colinas se descolgaban barrios de casas apeñuscadas unas encima de otras, apuntaladas sobre las llantas desechadas de miles de automóviles. Sigue leyendo