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SOM ENERGIA: COOPERATIVA

EUROPA: UNA FORTALEZA INSOLIDARIA

La Europa actual se asienta sobre el principio de la desigualdad, elevando muros para negar a “los otros”. Hay en las políticas migratorias europeas toda una lucha de clases contemporánea y simbólica.

La voluntad de migrar está en nuestro ADN. Hay en el acto de moverse todo un deseo de superación que ha constituido la base de la resistencia del ser humano, la esencia de su supervivencia como especie. Se migra para escapar de la pobreza, de las guerras, de las hambrunas, de catástrofes naturales, pero también para conocer nuevos mundos, para saber, para vivir, para experimentar, para aprender, para prosperar. Así ha sido siempre y así sigue siendo en la actualidad.

Flujos migratorios

La historia de las personas que viajan a otros países sin nada es la gran odisea contemporánea, protagonizada por Marco Polos a los que las experiencias y el conocimiento acumulados en sus trayectos les cambia la mirada y el alma. A lo largo de sus viajes se van adhiriendo a su piel más vivencias de las que nunca tendrán esos hombres occidentales que, encerrados en sus despachos de perspectiva limitada, llevan la batuta de gobiernos y finanzas.

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GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: CUANDO EL DINERO DEJÓ DE VALER (SEGUNDA PARTE)

Segunda entrega.

El legislador de Burgos aparenta no preocuparse todavía del aspecto más voluminoso y más serio de una economía monetaria, que estriba en el dinero que hay en las cuentas de los Bancos y Cajas de Ahorros. De él no se dice una palabra.

Toda la ofensiva se concentra sobre los billeltes: las emisiones de radio dependientes del gobierno de Burgos, sus periódicos y buena parte de los del extranjero difunden una lista de billetes del Banco de España “que valdrán” en razón de su tipo y numeración, y anuncian que todos los restantes “no valdrán”.

Con esta acción propagandística se consigue el triple propósito de confundir y desasosegar a la población de la zona enemiga, desprestigiar a la moneda de la misma en el extranjero y acelerar la velocidad de circulación del dinero en la España republicana, donde todo el mundo tiende a sacarse e encima los billetes como si quemaran.

Dejando de lado el surgimiento de una economía de trueque, sobreviene en aquella zona la avidez de compra de lo poco que hay para vender, y así se recuerdan los casos tragicómicos de que un campesino instale dos pianos en su alquería, y similares.

Esta actitud psicológica redunda en fomentar la inflación, con las obvias consecuencias de encarecimiento de precios y de distorsión mortal de todos los mecanismos económicos.

Mientras van creciendo la histeria y el aturrullamiento, las fuentes de información franquistas se callan como muertas acerca del futuro que espera a las cuentas en Cajas de Ahorros y Bancos, porque su guerra principal va contra el billete, y es éste el que les interesa destruir.

El dinero en cuenta está ya siempre más remansado y controlado y no embiste tan vigorosamente contra los precios como el billete en mano. Incluso llega a articularse entre la gente cierta vaga creencia en que, aunque el dinero de papel deje de valer, “siempre valdrán” los saldos bancarios y los ahorros, porque “responde” de ellos el Banco o la Caja en cuestión.

No es cosa de aburrir al lector con un discurso acerca de las disposiciones que van dictándose sobre estas cuestiones desde Burgos. La reacción republicana ante ellas es pobre y contraproducente: castigar a quien atesora billetes “de los que valdrán”, o quien difunde las numeraciones correspondientes. La amenaza de ir a la cárcel, ¿puede ayudar a sentir confianza en el dinero?

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GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: CUANDO EL DINERO DEJÓ DE VALER (Primera Parte)

Una de las páginas más dramáticas de la historia de nuestra guerra civil es la anulación, por Franco, de la moneda emitida por el gobierno republicano a partir del 18 de julio de 1936, y con ella la ruina de millares de familias, empresas y entidades que se encontraban en la zona correspondiente. Es curioso que una hecatombe económica semejante no haya merecido desde el primer momento la atención adecuada de los historiadores de nuestra guerra civil, ni más tarde de las publicaciones del Banco de España o de tribunas similares.

Media España acabó de hundirse en la miseria por efecto de la anulación de los billetes que estaban circulando legalmente en ella. Quien llegara con un fajo de billetes válidos a Madrid, Valencia, Barcelona o Bilbao después de su toma por las tropas franquistas, podía comprar lo que quisiera: a su alcance se hallaban tierras, casas, empresas. Las familias del pueblo y de la base media vieron volatizarse sus ahorros y tuvieron que vender cuatro cosas entrañables que les quedaban en casa para poder comer las siguientes semanas, al tiempo que empezaban a darse a conocer empresarios geniales de nuevo cuño y gestores de negocios dotados de especial eficacia.

Billete “valido” en la zona “nacional”.

Desde los tiempos de Mendizábal, un siglo antes, no se había registrado un trastrueque de patrimonios y caudales de tales proporciones. Y esta contradanza tenía por eje las disposiciones anulatorias del dinero “rojo”, complementadas, claro está, por otras muchas medidas, y por un montaje sociopolítico creado por los listos del momento, de acuerdo con los vencedores.

Semejante cataclismo significó el momento culminante de una ofensiva sistemática que el gobierno de Burgos había desarrollado contra la economía de la zona republicana y que -como otras facetas de la contienda española- representó un refinamiento e intensificación de experiencias bélicas vividas en otros países. No era cosa nueva, ciertamente, el propósito de arruinar al enemigo, al tiempo que se peleaba contra él en el campo de batalla, pero el caso español trajo novedades de bulto respecto de guerras civiles como la carlista, la de secesión norteamericana, la rusa de 1917 en adelante, la mexicana y otras, dentro ya de la época del billete de Banco.

El Banco de España en Burgos.

En nuestro país al Banco de España de Madrid le nació un sosia en Burgos, que operó con su mismo nombre, de modo que hubo dos Bancos de España puestos a hacer billetes y el republicano siguió emitiendo en parte los mismos billetes que antes del 18 de julio, con la honradez y la ingenuidad de darles numeración seguida y ordenada, lo cual hizo posible la ofensiva franquista contra ellos.

Semejante guerra monetaria tuvo por punto de partida el decreto-ley del gobierno de Franco de 12 de noviembre de 1936, por el cual el Banco de España (de su zona, claro está) no reconoció validez a los billetes puestos en circulación después del 18 de julio. La disposición añadía, como quien no quiere la cosa, la obligación de estampillar los billetes válidos, y que los particulares presentasen declaración jurada “de su personal pertenencia y legítima posesión”. Si esta declaración fuese falsa, se calificaría de auxilio a la rebelión, con la consiguiente pena de reclusión temporal y multa.

Sello para estampillar los billetes.

Con estas medidas se introducen en el país dos grandiosas novedades jurídico-políticas: primera, que los billetes ya no son un documento pagadero al portador, sino que además hay que justificar (se supone que a satisfacción de la autoridad) la propiedad de los mismos; y segunda, que comienza en la historia moderna del Derecho español la posibilidad de ir a la cárcel por un delito monetario o fiscal.   Este peligro se perfilaría y confirmaría en varias leyes posteriores que han ido creciendo hasta hoy.

Hay que anotar, sobre la marcha, que el Banco de España de la zona sometida al gobierno de Burgos emitió, apenas pudo, sus propios billetes, diferentes de los de anteguerra, y que en los meses sucesivos éstos ya no fueron estampillados, en ocasiones tales como la ocupación de Santander, Asturias y Bilbao, sino canjeados por los nuevos billetes, siempre con el obligado acompañamiento de la declaración jurada de marras. Las sucursales del Banco de España y, en su defecto, los ayuntamientos tenían facultades para rechazar las declaraciones que no les pareciesen correctas, lo cual equivalía a poner al interesado a pedir limosna.

FUENTE: HISTORIA INAUDITA DE ESPAÑA  (PEDRO VOLTES)

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