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SOM ENERGIA: COOPERATIVA

ESCOLARIZAR EN FAMILIA (EN CASA)

En España hay actualmente más de 1.500 familias que educan a sus hijos en casa. En el resto del mundo, millones. La Constitución Española contempla la libertad de enseñanza y hay jurisprudencia que avala la constitucionalidad de dicha opción educativa. El propio Ministerio de Educación contempla varios casos en los que resulta una necesidad fundamental esta medida, tales como tener un trabajo ambulante o residir en el extranjero (CIDEAD: http://cidead.cnice.mec.es/). Pero la mayoría de estas familias no pertenecen a ninguno de estos supuestos.

Defensores del Derecho a Educar en Casa

Que ventajas o inconvenientes presenta este modelo de enseñanza/aprendizaje? ¿Es la escuela el único medio por el cual se educan y socializan los niños? ¿Qué modelo de sociedad propone la escuela para el futuro de la humanidad?

La educación en familia significa asumir de forma integral y responsable la educación de nuestros hijos, tanto en los aspectos académicos como emocionales y morales, sin delegar ninguna de estas funciones en instituciones educativas presenciales, y con la libertad de contar con la ayuda de profesionales en todos aquellos aspectos y ocasiones que lo requieran. (más…)

UN BUEN CLIMA FAMILIAR FACILITA EL SANO DESARROLLO DE LOS HIJOS

El ambiente familiar es, junto con la escuela y el grupo de amigos, uno de los tres contextos básicos de referencia en la vida de jóvenes y adolescentes. A pesar de la dificultad que suele entrañar, la familia debe hacer todo lo posible por construir una situación de equilibrio entre espontaneidad, afecto, control, sinceridad y respeto hacia cada uno de sus miembros.

En este sentido, y por parte de los padres, es imprescindible que no haya confusión alguna entre la autoridad que le corresponde y el ejercicio del poder indiscriminado, no razonado y, quizás, hasta cierto punto injusto.

"Ambiente familiar"

De entrada, ha de aceptarse que en la propia familia pueda darse la circunstancia de que los hijos sean distintos de lo que esperábamos. Por mucho que hayamos tratado de educarles de una u otra manera, la familia no es el único ámbito de socialización del que reciben información y que conforma su personalidad.

Es posible, por tanto que, en el desarrollo hacia la adultez que experimentan durante la adolescencia, vayan tomando opciones que quizás no hubiesen sido las preferidas por los padres.

Lo importante, sin embargo, es conseguir un clima de confianza que permita la comunicación y el diálogo sobre cualquier cosa, y que los adolescentes perciban la valoración y el respaldo que  se les ofrece desde su familia. Porque no cabe duda de que el ambiente familiar influye considerablemente en el comportamiento de jóvenes y adolescentes.

Los enormes y trascendentes cambios que están atravesando precisan de un contexto estable, de un punto de apoyo que les preste toda su confianza y les brinde seguridad a lo largo del difícil proceso de maduración. Para construir el contexto estable que requieren los cambios de la adolescencia, que dé apoyo y confianza al joven en su camino hacia la madurez, hay que saber combinar la moderación y el dejarse llevar.

Adolescentes

Tanto padres como hijos deberían ser capaces de expresar sus ideas, sentimientos y reflexiones con espontaneidad y sin temores. Ahora bien, no hay que caer en la trampa de confundir esta actitud con la proyección de los problemas y dificultades de cada uno en las personas del entorno inmediato. Ni tampoco de esconderlos.

La estrategia más acertada es abordar cualquier problema de inmediato, en cuanto aparece y a ser posible desde su inicio y de la forma más objetiva y serena.

Fomentar comportamientos de participación e integradores de la unidad familiar al completo (además de los vínculos entre cada dos personas concretas del conjunto) favorece la creación de un clima acogedor y de mutuo reconocimiento, además de ser un punto de partida muy positivo a la hora de resolver algunos asuntos y, sobre todo, para la toma de decisiones ante cuestiones que afecten a todos o a algunos miembros de la familia.

La conducta habitual entre padres e hijos, así como entre hermanos, debería ser el respeto en el trato, independientemente de la gravedad de los problemas que puedan ir surgiendo a lo largo del camino y de las consecuencias y las implicaciones emocionales que comparten.

Como en tantos otros ámbitos de la vida, perder los papeles no conduce a nada positivo.  Si acaso, empeora la situación y añade nuevos elementos de tensión a los ya existentes.

Los gritos y las amenazas tienden más bien a producir inhibición, actitudes defensivas y resentimientos que no a generar un marco de colaboración en la búsqueda de soluciones.

La confianza debe ganarse en el seno de la familia e implica la aceptación previa de la persona, independientemente del posible desacuerdo o rechazo de las conductas negativas que pueda generar.

No hay que olvidar que la familia es, también y en esencia, un reducido y selectivo grupo de personas unidas por lazos de sangre o adopción, y que participan de un vínculo común que debe demostrarse con hechos más que con palabras.

La sinceridad, la posibilidad de decir con absoluta libertad lo que se piensa y se siente, sin temor a represalias o malentendidos, es otro elemento clave para que reine un buen ambiente familiar, como lo es la autoridad bien entendida, es decir, la capacidad de saber cortar a tiempo comportamientos o conductas inadecuadas sin generar por ello elementos que distorsionen la convivencia.

En este sentido, y como ya se ha apuntado, es preciso distinguir entre autoridad y poder indiscriminado, ya que éste genera resistencias, silencios y/o ocultaciones. Conocerse más ayuda a comprenderse mejor.

Y para conocerse, hay que partir de adoptar una actitud de aceptación de la persona que se tiene enfrente y del deseo de reconocerle como individuo, con sus propias convicciones y diferencias, a pesar de que sean distintas a las nuestras o a las que nos gustaría que tuviese.

Este ejercicio conlleva otro más: el de tolerar una identidad distinta, siempre que sea respetuosa con los demás. Una familia unida no es una familia uniforme, en la que todos los miembros piensan, hacen y disfrutan de las mismas cosas, sino una unidad que reconoce las diferencias que hay en su seno, más allá de las cuales es capaz de articular una red de ayuda mutua, implicación, afecto y pertenencia.

Cabe señalar, que la mayoría de los jóvenes españoles se declaran satisfechos en su núcleo familiar, al que valoran de manera muy positiva. Las figuras de la madre y del padre siguen siendo las más importantes para ellos, por delante del grupo de amigos y amigas, de los hermanos y de otros familiares.

Es decir, a pesar de la imagen estereotipada y a menudo exacerbada por los medios de comunicación de existencia de conflictos entre padres e hijos y de situaciones de tensión y desequilibrio en las familias durante la adolescencia y la juventud, lo cierto es que en la gran mayoría de los casos se dan convivencias pacíficas, agradables y fructíferas para sus implicados.

Fuente: ¿POR QUÉ BEBEN? Adolescentes y alcohol: claves para comprender a tus hijos   (Dr. Francesc Altarriba / Observatorio de la Adolescencia).

La mujer española en tiempos de Franco

Fuente: MI MAMÁ ME MIMA, Los múltiples avatares y percances varios de la mujer española en tiempos de Franco.  (LUIS OTERO)

Esto, más que un artículo, son pinceladas del “pensamiento nacionalcatólico” españolen relación a la mujer, introducidas por el humor de Luis Otero:

Las abogadas de países extranjeros se pasan la jornada laboral rozándose con rateros, ladrones, asesinos y pobres malolientes y tuberculosos, y por la noche, nada más llegar a casa, les contagian la peste a los niños, y luego, en la cama, te la contagian a ti, por muy rector de la sociedad española en sus múltiples facetas que seas. Ni ocurrírseme.

“¿Abogadas? Algunas lo son en países extranjeros; pero ¿una mujer, una joven, una madre rozándose con rateros, ladrones y asesinos; revolviendo el cieno inmundo en que se revuelcan las almas más embrutecidas de la sociedad, bajando a las cárceles y calabozos para interrogatorios criminales y nauseabundos, acusando a unos para defender a otros y andando siempre entre jueces, fiscales, letrados y jurados? ¡Ah! Mujer, seas doncella, seas madre, ése no es tu puesto; guarda tu toga en lo más hondo de tus baúles y abandona el foro. (Padre Sarabia, redentorista, en su obra ¿Cómo se educan los hijos?)”. (más…)

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