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SOM ENERGIA: COOPERATIVA

¿Cómo actuar?: La suerte moral

Una tarde de abril de 2004 se extendió el rumor por el pueblo inglés de Wooler de que un cajero automático entregaba el doble del dinero que cada cliente pedía. Los bares se vaciaron y las puertas de entrada se quedaron balanceándose sobre las bisagras cuando los lugareños se apresuraron a sacar tanto dinero como les permitían sus tarjetas.

Wooler

En una hora, la cola frente a la oficina del Barclays se extendía por toda la calle principial y una comunidad, por lo demás respetuosa con las leyes, se había convertido en una panda de ladrones. Se supo que sólo una de las personas beneficiadas devolvió sus ganancias al día siguiente.

En vez de demandar a tantos individuos, el banco decidió cancelar la pérdida, y todavía algunos recuerdan con orgullo el acontecimiento como el miércoles dorado. Dada la cantidad de culpables, la condena moral escapará  de la condena de la ley. Sin embargo, estaba mal hecho, y muchos pensarán que los que se rindieron a la tentación rebajaron su integridad a medida que engordaban sus carteras.

Al mismo tiempo, los que exprimieron el cajero automático no habían planeado que su banco de ahorros local empezaría a dispensar dinero gratis. Su buena fortuna pecuniaria fue compensada con una idéntica dosis de mala suerte en la esfera de la moral. Si no se les hubiera presentado tal oportunidad, sin duda habrían seguido con sus vidas relativamente libres de culpa. (más…)

LA CONFIANZA O LA DESCONFIANZA EN LAS RELACIONES HUMANAS (PÚBLICAS Y PRIVADAS) CONFIGURAN LA CALIDAD Y SALUD DE LA CONVIVENCIA

Confiar o desconfiar, ese es el dilema, esa es la gracia, ahí está el meollo del arte de saber relacionarse con los otros o fracasar en el intento.

El principio “no hay confianzatiene dos consecuencias inmediatas: una, la de su inversa: “no hay desconfianza”; otra, la de la necesidad de los pactos, fundamental en la construcción del contexto de interacción.

El pacto de la desconfianza o no confianza

El pacto implícito en toda interacción, imprescindible tanto por  la existencia de grados de confianza cuanto de desconfianza, es el pacto de fidelidad o sinceridad, que puede enunciarse así:

“Puesto que de ti no puedo obtener toda la información que preciso, he de fiarme y exijo que no me engañes”.

Esta apuesta por la confianza es una opción al fin, puesto que puede no darse y no se da, en efecto, en el desconfiado, en el suspicaz, en el que tiene (fundada  o menos fundada) sospecha. Si se da, el pacto de sinceridad o fidelidad es, asimismo, pacto de cooperación, y, por decirlo así, de fianza recíproca. Cada uno de los componentes de la interacción labora, entonces, para que la apuesta se vea coronada por el éxito.

Confianza recíproca

Cuando, por el contrario, optamos por la desconfianza, la interacción no es cooperativa. El primer punto de las implicaturas de Grice se transgrede: cuento con que el otro no me va a decir la verdad, no será sincero; que, a las priemeras de cambio, me engañará si puede. De resultas de todo ello surge la reserva, que, como su propio nombre indica, consiste en no aportar, a conciencia, la información que el otro precisa.

En contra de lo que se ha dicho, las relaciones interpersonales transcurren incumpliendo las implicaturas conversacionales de Grice, de forma que la teoría de la comunicación interpersonal no debe hacerse a tenor de lo que sería la buena comunicación, de hecho excepcional, sino la mala -mala en mayor o menor grado- comunicación.

Como ocurre con la conversación, lo que hay que explicar no es el hecho de que las personas se entiendan cuando hablan correctamente, sino que nos entendemos a pesar de los errores sintácticos, semánticos, anacolutos, etcétera, que cometemos en la conversación ordinaria, es decir, en la “mala” conversación.

Hay tal diferencia entre una u otra opción -confianza versus desconfianza- en lo que respecta a la productividad de las interacciones, que el acierto en una u otra es decisivo. Una apuesta desacertada por la confianza supone darnos al otro y ser traicionado; en el orden opuesto, el desacierto en la opción por la desconfianza supone privarse de relaciones que podrían ser fundamentales para el sujeto (de amistad, amorosas), merced a la reserva que se adopta.

Amistad y Confianza

Tanto la confianza cuanto su opuesta, la desconfianza, son actitudes básicas. Es decir, posturas constantes o casi constantes del sujeto. Así, es improbable que quien es “de natural” confiado desconfíe o desconfíe al máximo, y, como sabemos, a veces resulta imposible convencerle de que adopte una actitud más precavida  ante alguien de quien intuimos que las probabilidades de engañarle son altas; y a la inversa, quien es de suyo desconfiado, lo que suele hacer es no confiarse, sino desconfiar en mayor o menor grado.

Tales actitudes, pues, preceden a la actuación, incluso a toda actuación. Por eso, no es lo mismo, en lo que respecta a la productividad de una interacción, una actitud confiada o desconfiada. La estrategia inteligente consiste en dar con el grado justo de la confiaza que se precisa para determinada interacción.

Fuente: TEORÍA DE LOS SENTIMIENTOS  (Carlos Castilla del Pino)

 

La sabiduría de Huckleberry Finn

Establecer reglas nos proporciona un poderoso mecanismo para cambiar lo que hacemos y adaptarlo a las nuevas circunstancias, pero nuestras asunciones empáticas básicas sobre el bien y el daño gobiernan esos cambios y nos protegen del relativismo moral.

Del mismo modo, las asunciones básicas del aprendizaje nos permiten realizar cambios radicales en nuestras teorías del mundo, pero nos protegen del relativismo del conocimiento. Elegimos teorías que conducen a buenas predicciones, o reglas que conducen a buenos resultados. Eso nos permite  elaborar clases de teorías y reglas radicalmente nuevas sin decir que todo vale.

En ambos casos, por supuesto, hay un amplio espacio para el debate. Calcular qué es un buen resultado no es más fácil que calcular qué es una buena predicción. El daño y la ayuda no son sencillos.

Las personas pueden desear cosas que son malas para ellas a largo plazo, o pueden parecer felices porque no se dan cuenta de que una vida mejor es posible. Pero, en el fondo, confiamos en los principios generales que ya están incluso en los bebés muy pequeños. (más…)

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